Miércoles, 08 Enero 2020 00:00

Primero vinieron por… - Por Omar López Mato

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Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, fue un pastor luterano, pero antes de ser predicador fue oficial naval de submarinos durante la Primera Guerra. Finalizada la contienda, después de la experiencia vivida, decidió estudiar teología en Munster.

 

Al principio, como muchos alemanes, adhirió a las políticas de Hitler, pensando que era la solución a los conflictos planeados dentro de la sociedad alemana, pero cuando vio que se quería imponer el párrafo ario que excluía a los creyentes con ancestros judíos, Niemöller junto a Dietrich Bonhoeffer, fundaron el movimiento Iglesia Confesante, un grupo de protestantes opositores a la nazificación de la nación [1].

Por su prédica fue apresado en 1937, y juzgado por llevar adelante tareas contra el Estado. Fue condenado a siete meses de prisión, pero como las autoridades pensaban que la sentencia era muy benigna, pasó siete años en los campos de concentración de Dachau y Sachsenhausen, donde generalmente se alojaban a los opositores políticos.

Después de la guerra fue un duro crítico al papel que habían jugado las Iglesias durante la guerra, ya que ninguna había sido lo suficientemente vehemente para condenar las barbaridades cometidas dentro y fuera de Alemania, especialmente en Rusia.

En 1980, Niemöller se hizo famoso por un poema (que algunos atribuyen erróneamente a Bertolt Brecht).

“¿Qué hubiese dicho Cristo?”

En este verso, uno a uno van cayendo los grupos opositores al régimen, ante la pasividad de la sociedad. Sus palabras son movilizadoras de conciencia, ya que cuando un régimen ataca injustificadamente a un grupo, la sociedad toda es pasible de sufrir la misma suerte… y, sin embargo, “cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que yo no lo era”. Todos somos Nisman, aunque no seamos fiscales.

Todos somos jubilados. Todos somos chacareros, aunque solo tengamos una maceta, y de una forma u otra, aceptamos el atropello a los que se ven afectados por aumentos injustificados de impuestos, que en algún momento podrán alcanzarnos (y en realidad, nos alcanzan a todos con la inflación que nos hostiga desde hace años). Si nos hacemos los distraídos o miramos para otro lado ante el avance del Estado sobre los derechos de algunos, sabemos que en cierta instancia avanzará sobre nosotros, aunque nos hagamos los desentendidos. “Porque cuando vengan por mí, no habrá nadie que pueda protestar”. No solo debemos apelar a principios religiosos, sino también a éticos y cívicos contra la hipocresía de autoridades que en su momento se desgarraron las vestiduras por Nisman y hoy pretenden revisar la causa.

¿También nos haremos los desentendidos con los casos de corrupción y dádivas? El mensaje de Niemöller es que la pasividad alimenta las pretensiones del déspota, y solo la exposición clara y contundente (no es una incitación a la violencia) los puede contener. Reclamar ante la corrupción, la injusticia, la inconstitucionalidad es la única forma de defendernos para no ser nosotros, todos, las nuevas víctimas.

[1] En una reunión que tuvo con Hitler, insiste Niemöller haber escuchado que no había ghettos, ni linchamientos contra judíos. Pronto se dio cuenta que había sido una mentira.

Omar López Mato
Médico y escritor
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