Martín Rodríguez Yebra

Martín Rodríguez Yebra

El desastre del coronavirus radicalizó la discusión nunca sincerada en el Frente de Todos sobre qué Argentina debe emerger al final de la crisis que heredó. El fracaso económico de Mauricio Macri unió a una tribu con objetivos muy diversos bajo un irresistible incentivo táctico: "llegamos y después vemos".

 

Mientras atraviesa el pico de contagios de coronavirus, Alberto Fernández busca acelerar las respuestas económicas

 

El experimento Vicentin expuso al Gobierno tempranamente a los límites de su poder. Heridos, Alberto Fernández y Cristina Kirchner se enfrentan ahora a la reflexión que evitaron dos semanas atrás: ¿valía la pena arrojarse a un inmenso conflicto político y económico por un grupo empresario que extravió el camino?

El experimento Vicentin expuso al Gobierno tempranamente a los límites de su poder. Heridos, Alberto Fernández y Cristina Kirchner se enfrentan ahora a la reflexión que evitaron dos semanas atrás: ¿valía la pena arrojarse a un inmenso conflicto político y económico por un grupo empresario que extravió el camino?

El vértigo de la crisis sanitaria trastocó las tácitas normas de convivencia en la coalición peronista. Los primeros seis meses se le escurrieron de las manos a Alberto Fernández. El aterrizaje se comió el verano y el coronavirus se llevará el otoño. Los problemas que heredó siguen irresueltos, pero magnificados.

 

Lo peor está por delante. Dos meses de cuarentena lograron contener el número de muertes por coronavirus, a costa de un desplome de la actividad a niveles históricos. Pero la rutina del encierro en los centros urbanos se irá extendiendo, en cuotas y con matices, por lo menos hasta finales de agosto, descuentan ya en el Gobierno.

 

En alerta por una amenaza que percibe tremendamente peligrosa, el organismo de muchos adultos infectados por coronavirus lanza una respuesta inmunológica extrema. Esa "tormenta defensiva" termina a menudo por ser más grave que la enfermedad y puede incluso provocar la muerte del paciente.

 

La salida masiva de presos puso a Alberto Fernández en una posición delicada frente a la opinión pública por primera vez desde el inicio de la pandemia

 

La normalidad no volverá hasta que haya una vacuna contra el coronavirus o hasta que al menos la mitad de la población haya pasado la enfermedad. La calle será un lugar restringido durante meses, por mucho que la cuarentena se extienda en cuotas y con ajustes.

 

Cada día que pasa sin un colapso del sistema de salud es un triunfo. Cada día que se prolonga el aislamiento de la población agiganta el riesgo de una depresión económica de consecuencias inimaginables. Es el dilema hostil que el coronavirus le plantea a Alberto Fernández.

 

El Presidente reaccionó, se puso al frente de la gestión de la crisis del coronavirus y analiza medidas más extremas, desde el cierre total de fronteras hasta disponer confinamientos temporales

 

La pelea con la oposición y con los jueces saca de los primeros planos los momentos oscuros en la economía; el escándalo del caso Scioli resulta funcional a una estrategia de distracción

 

La negociación con el FMI y los bonistas entró en una fase de tensión; aunque ansía acordar, el Presidente vuelve a amenazar con el impago, en sintonía con los dichos de su vice

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…