Carlos Fara

Carlos Fara

Falta mucho para las próximas elecciones. Trece meses si hay PASO, y 16 meses si no las hay. Una eternidad.

 

Si el pasado no es en la actualidad un buen predictor del futuro, entonces leer a los clásicos sería una pérdida de tiempo. Como todo en la vida, es relativo. No es que los clásicos hayan dichos cosas que ya no sirven, pero tampoco se los debe tomar como un texto sagrado.

 

 

Entre la pandemia y Vicentin seguramente va a quedar un poco escondida la fecha, pero se cumplen 6 meses del mandato de Alberto Fernández.

 

La política universal tiene un clásico: palomas y halcones. Las primeras propenden a cierto nivel de moderación en el estilo y los mensajes, que eventualmente podría generar grados de acuerdo y colaboración. Los halcones son confrontativos por naturaleza, devotos del “cuanto peor, mejor”, y andan con panes de trotyl volando puentes (de entendimiento) por doquier.

 

 

Mientras solo el 11 % de los municipios argentinos registra casos de coronavirus según (https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118) el último relevamiento del sitio Mercado y Empresas, las provincias y las localidades sin riesgo van flexibilizando de hecho, y la propia Ciudad de Buenos Aires registra un tránsito de ingreso a la ciudad del 79 % comparado con la pre cuarentena.

 

En la columna de la semana pasada concluimos diciendo que la dinámica política post cuarentena podría modificarse en función de 3 factores. Uno de ellos es cómo terminará la película de la pandemia, ya que la crisis económica va a ser prolongada de todos modos.

 

Algún día la pandemia terminará. La Argentina y el mundo pasarán a ser un gran hospital de posguerra en lo económico y social.

 

Si uno toma los medios gráficos de estos últimos días, verá que la política se ha reducido noticiosamente a su mínima expresión, y que la economía compite con el virus por razones obvias: el tendal que deja la paralización de las actividades productivas y la consecuente incertidumbre.

 

Hubo doble imprevisión en el manejo del "coronavirus gate": ausencia de controles adecuados tempranamente, y falta de coordinación comunicacional para lograr el impacto deseado en la opinión pública

 

Alberto Fernández debe articular dos tensiones: la económica -como fruto de la situación que iba a heredar- y la política -como consecuencia de la génesis de la propia coalición, diversa y con el liderazgo mayor en la vicepresidenta

 

Más allá de lo que ocurre en planeta del gobierno nacional, en casi todos los reportajes surge la pregunta: ¿y la oposición?

 

Para los que no vieron la película “1917” que acaba de competir por el Oscar, se trata de una misión peligrosa que encargan a dos soldados británicos en la Primera Guerra Mundial, para que atraviesen líneas enemigas y transmitan una orden a un coronel que tiene decidido atacar a los alemanes: el supuesto retroceso germano es una trampa, y si se evita el ataque salvarán 1600 vidas.

En una escena de la película “¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?” -de Billy Wilder con Jack Lemmon- el conserje del hotel en Italia donde está alojado el protagonista le informa que unos mafiosos han secuestrado el cuerpo de su padre fallecido, y que exigen un rescate de 2 millones de liras para devolverlo.

 

… mientras Alberto no está. Alberto está? No, se fue a Israel y al Vaticano. Parodiando a la famosa canción infantil, lleva a preguntarse si Alberto es el lobo, y entonces Cristina es el pastor que cuida a las ovejas.

 

Más allá de las diferencias conceptuales y de estilo entre Berni y la ministra Frederic, de debates puntuales sobre el uso de las pistolas Taser, de pelea de egos (¿Berni pensó que sería el ministro nacional?), de sospechas sobre negocios truncos, la pregunta que se hace el mundo politizado es ¿por qué Berni subió tanto la apuesta? ¿por qué se animó a contestarle al presidente hasta quedarse con la última palabra?

Este es el estribillo de un famoso tema de Creedence Clearwater Revival. Y es que cuando uno se mete en la política bonaerense, pareciera que debe prestar atención a lo que cantaba John Fogerty.

Este fue un año en el que la discusión entre el marketing y la política ganó la política. Lo cual es muy significativo para enmarcar lo que vendrá en el futuro. Pero ¿por qué ganó la política y no el Big Data, la microsegmentación, la adicción a las plataformas digitales?

 

 

… por culpa de una pollera, como reza el viejo tema de folclore. Cristina lo hizo de vuelta. Sorprendió a propios y extraños. Como cuando eligió a Amado Boudou como candidato a vicepresidente. ¿Saldrá bien? Bueno, eso ya es diferente. Al menos obligó al resto a revisar sus memos estratégicos. Pasados 4 días, el vino tomó oxígeno y ahora se lo puede degustar mejor. Lector: siéntese y disfrute unos minutos.

 

Por qué el presidente habla de corrupción cuando su principal consultor dice que eso no sirve? Por qué De Vido se convirtió en el centro de la escena entonces? Quizá las respuestas haya que buscarlas fuera de la estrategia de campaña y más cerca de los equilibrios políticos internos de Cambiemos.

 

Como los cambios culturales requieren tiempo y esfuerzo, y salvo que se quiera encarar una gran revolución, las políticas públicas deberán ir interactuando con la matriz existente para asegurar su éxito... o decidirse a enfrentarla cueste lo que cueste.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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