Marcos Novaro

Marcos Novaro

 

Alberto Fernández lo presenta como trampolín para reencauzar relaciones con la región que Macri habría desatendido. Pero puede que el nuevo gobierno y el país tengan más para perder que para ganar con esta diplomacia ideológica.

 

El presidente electo logró colarse entre dos figuras que signan los destinos de la política argentina, como Cristina y Macri. Cuáles son los desafíos de poder que deberá enfrentar en su gobierno.

 

Las imágenes pesan y mucho en la política peronista. Y el peronismo de nuevo triunfante, y supuestamente unido, nos ofreció ya dos imágenes muy distintas y hasta contrapuestas en las horas posteriores al triunfo.

 

No tendrá mucho espacio para hacer locuras, lo que es muy bueno, pero ¿puede que no tenga tampoco mucho espacio para hacer lo que hace falta y contener la emergencia? Dependerá de sus habilidades.

No tendrá mucho espacio para hacer locuras, lo que es muy bueno, pero ¿puede que no tenga tampoco mucho espacio para hacer lo que hace falta y contener la emergencia? Dependerá de sus habilidades.

 

Según te simpatice o no un gobierno, se avala o no una protesta. Se ignora así que, en todos lados, se mezclan reivindicaciones legítimas con grupos violentos. A los que el Estado tiene no sólo el derecho, si no la obligación de frenar.

 

No por nada la principal consigna del Presidente fue "no quedarse callados": la convocatoria demuestra que ya está mirando más allá de octubre.

 

 

Peronismo, democracia y capitalismo son tres términos cuya mala relación queda ilustrada en opinión de muchos en la fuga de capitales que se acelera cada vez que el peronismo está por llegar al poder.

 

Fernández sorprendió con un tono duro y por momentos agresivo. Macri, salvo algunos contragolpes, siguió con su guión de defensa de la gestión. Lavagna y Gómez Centurión estuvieron deslucidos, mientras que Del Caño y sobre todo Espert fueron dignos defensores de sus doctrinas.

 

Gerardo Ferreyra se burla de la Justicia: es su forma de seguir luchando contra el Estado burgués. Y Cristóbal López sonríe y prepara su venganza. En la Argentina, ¿capitalismo significa robar y que no te agarren?

 

Primero bajó impuestos a los alimentos y prometió el fin del ajuste. Ahora rechaza el aborto legal, anuncia la ley penal para menores y su compañero de fórmula propone dinamitar los búnkers de droga. ¿Le servirá?

 

La agudización de la crisis y la inminencia de las elecciones presidenciales complican la tarea de sentarse a pensar sobre nuestros problemas de largo plazo.

 

¿Alcanza con Mendoza para que Macri remonte la presidencial? Seguramente, no. Pero tal vez sí para que su coalición siga en pie y se convierta en una oposición unida. Y puede que eso obligue a que también el PJ vuelva a unirse.

 

Qué pretenden y qué esperan Mauricio Macri y Alberto Fernández para los 30 días que quedan de campaña.

 

Hay quienes en el Frente de Todos entienden que “volver mejores” es hacer lo mismo que antes, pero en dosis mayores. Horacio González es uno de ellos: su desprecio al liberalismo lo alienta ahora a reivindicar abiertamente la violencia.

 

 

La decisión de Bonadio de elevar a juicio la causa de los cuadernos reactiva uno de los ejes de debate de la campaña, en la que se dice muchas veces que no se discute nada.

 

Los manifestantes cercanos a la izquierda ven al kirchnerismo traicionando la "unidad en las calles", mientras que el resto se disputa el acceso a los recursos. El "método Néstor" que piensa reflotar el candidato presidencial.

 

Con la convocatoria a concertar precios y salarios, en el mejor de los casos, está haciendo campaña diciendo “medias verdades”: si en serio piensa encarar la crisis con ese instrumento vamos a tener problemas más serios que los que ya padecemos.

 

El candidato del Frente de Todos limitó sus contactos externos a Uruguay y Lula (no Brasil) antes de las PASO, España y Portugal ahora, y dentro de unas semanas, México. No son los aliados que necesitará para gobernar.

 

Hay dos variables críticas que los enfrentan, más allá de los votos: las reservas del Central que quedarán en diciembre y el retraso cambiario que habrá para entonces.

Macri y Alberto Fernández no se ponen de acuerdo para frenar la crisis. Se habla de especulaciones cruzadas y de la tentación de apostar a "cuanto peor mejor". Pero conviene también atender a la psicología de los personajes.

 

El candidato opositor reprochó al FMI que permitiera que su préstamo se usara para sostener el valor del dólar. ¿Está pidiendo que no se transfieran los 5400 millones que faltan?

 

Si los Fernández ganan en octubre, ¿vuelven la Junta de Granos y la mesa de gobernadores? ¿Vuelve la Télam camporista? Nadie sabe, ni ellos. Así que ya empezó la puja interna.

 

Alberto es ahora candidato a presidente, pero puede pronto serlo a fusible. Aunque Mauricio Macri parece ser el más preocupado de los dos, tal vez debería ser al revés. Y aunque AF tiene motivos para desconfiar del presidente, debería temer aún más a algunos de sus aliados.

 

El Presidente tardó en acomodar el golpe, pero se disculpó por su error. Ahora puede lidiar con el vacío de poder, si encuentra colaboración en los opositores, y hasta defender mejor su coalición.

 

Las urnas expresaron el malhumor social y todo quedó definido antes de tiempo por un resultado que, incluso, sorprendió a la propia Cristina.

La campaña de los Fernández repitió hasta el cansancio que Macri era un desastre y que de su mano todo iba a ir cada vez peor. No calculó que mucha gente tiende a cansarse de su propio enojo. Y el oficialismo está aprovechando ese error.

 

El candidato K insiste con la corrida: ahora pronosticó un dólar a $57 a fin de año. ¿Qué conviene, estabilizar después de una nueva crisis, agilizar un paquete de reformas o volver a confiar en el gradualismo?

 

Una última apuesta de campaña del Frente de Todos dirigida a seducir al voto jubilado y más todavía a asustar a los mercados apenas logró mover unos centavos la cotización del dólar. ¿Será que pocos se lo tomaron en serio?

Durante la campaña presidencial de 1989, algunos dirigentes renovadores devenidos menemistas y un par de economistas ortodoxos que siguieron ese mismo camino, precursores del Guillermo Calvo que hoy festeja a los Fernández, prometieron un “dólar recontra alto” en cuanto ellos llegaran al poder. Menem mismo anunciaba cada vez que podía en esos días la inminencia de su “salariazo”. Y eso más la impericia de los radicales, cuyo candidato presidencial festejó como su gran logro la expulsión de Juan Sourrouille del Ministerio de Economía, torciéndole una vez más el ya muy torcido brazo al traqueteado Alfonsín, como si con eso fuera a ganar algún voto más, alcanzó para que la corrida detrás del dólar y la hiperinflación se volvieran imparables.

Seguramente Alberto Fernández, por entonces un joven y entusiasta nacionalista de derecha, a punto de dar el salto al peronismo, al menemismo y al cavallismo, aprendió la lección sobre lo provechoso que puede resultar portarse como un irresponsable pirómano, si lo que se incendia es la casa del otro, y cuando llamen a los bomberos uno puede hacerse pasar por ellos. De allí que quisiera ahora repetir la martingala.

A dos semanas de las PASO, cuando las encuestas anticipan una votación muy pareja, y justo en la víspera de una millonaria renovación de Leliqs por parte del BCRA, Alberto quiso hacer la diferencia con una jugada a dos puntas: por un lado, arrebatarle votos al oficialismo en el sector del electorado en que él es ampliamente favorito, la tercera edad, prometiendo primero medicamentos gratis y a continuación 20% de aumento en las jubilaciones; por otro, generar pánico en los mercados y disparar una nueva corrida detrás del dólar, anunciando que ese aumento se pagaría con lo que ahora se destina a los intereses de las Leliqs, y que en caso de ser defaulteadas o de reducirse en forma drástica sus tasas de interés, provocarían una baja equivalente de las tasas de los plazos fijos y la consecuente fuga masiva de esos ahorros en pesos hacia el dólar.

Como si hiciera falta, el Alberto agregó que, en su opinión, el dólar está ahora “recontra bajo” y que considera imprescindible una nueva devaluación “para la salud de la economía”. Seguro no se refería a la economía de la mayoría de los votantes, mucho menos la de los suyos, ¿será que su invocación fue desinteresada, que se ha vuelto un amante de los exportadores y del ajuste salvaje? Si los costos los pagan otros, ¿por qué no?

Le faltó apenas pararse con un megáfono en la calle San Martín e incitar al público a zambullirse en las casas de cambio detrás de los verdes, “¡¡fuego, fuego, huyan antes de que sea tarde!!”. Menos mal que ésta es la versión moderada del kirchnerismo.

Ante la lluvia de críticas que recibió, insistió en su idea, con el argumento de que “entre los bancos y los jubilados" prefiere a los jubilados. Que serían los primeros perjudicados, claro, si se hiciera lo que propone, se devaluara de nuevo la moneda y dejaran de pagarse las deudas del Central. Porque lo único que aumentaría sería la inflación, no los haberes jubilatorios.

Pero ¿qué consiguió con su pequeño show? El dólar se movió apenas un 1% y el BCRA tuvo que subir un poco más la tasa de las Leliqs, nada del otro mundo. ¿Será que los mercados no lo tomaron en serio, o que no creen que los Fernández puedan ganar? Lo cierto es que el “costo Fernández” ya en gran medida lo venimos pagando, está cargado en las actuales tasas de interés, vía deuda del Banco Central e inflación presente y futura. Alberto simplemente lo que quiso fue aumentarnos un poco más la presión en el gañote, darle gas al miedo que se instaló en la economía desde que en febrero su sector pasó al frente en las encuestas, él que tanto se lamenta de lo que ha subido la deuda en los últimos años. Pero se ve que ese miedo tiene ya un colchón, y se necesita bastante más para que dispare en pánico. Incluso, el Alberto sonó poco convincente como vocero de “la gente común” contra “los bancos”. Porque es cierto que pasea a su perro, pero lo hace en Puerto Madero, no como el común de los mortales.

Conclusiones, se pueden sacar varias. Primera, para una economía como la argentina, más todavía en un momento de tal incertidumbre política como el que vivimos, puede parecer un lujo demasiado caro tener un mercado libre de cambios, pero es un lujo que vale la pena, porque en las manos correctas sus altibajos pueden ser bien administrados, y aún con sus costos a la larga es la solución más barata. Seguro nos va a salir más barata que la Convertibilidad en su momento, o el cepo más acá en el tiempo. Así que a no lamentarse tanto, podría ser mucho peor, por ejemplo si le hiciéramos caso a Alberto y su gente.

Segunda, por más que el ánimo colectivo esté por por el suelo, no parece mayoritariamente propenso a comprar espejitos de colores, salariazos ni cosas por el estilo. Impera cierto realismo fiscal para el cual ideas como las de “regalar remedios”, “decretar aumentos” y “poner plata en los bolsillos” y demás suenan poco reales. Menem ya pasó, hace treinta años lo logró, pero después tres o cuatro lo imitaron (uno de ellos asesorado por el mismísimo Alberto Fernández), y ya cansaron bastante al público como para que siga surtiendo efecto la misma jugarreta.

Y tercera, los economistas ortodoxos que desde 1989 vienen celebrando las habilidades del peronismo para gestionar ajustes, de los que Guillermo Calvo (iba a escribir “Moreno”, ¡qué lapsus!) nos brindó una muestra bastante poco sutil días atrás, cuando explicó que la economía debía quebrar antes de mejorar y los mejores para administrar esos escabrosos procesos siguen siendo los peronistas, deberían poner sus barbas en remojo, a la vista de lo que ha resultado de ese tipo de salidas. Que además de shocks regresivos sobre los ingresos aún más graves que el de 2018, incluyen la ruptura de reglas de juego, es decir la destrucción de instituciones económicas.

Para eso sí conviene que rememoremos el `89, y lo que le siguió, los enormes costos que implicaron esos dos largos años de hiperinflación, que casi se llevan puestos también al propio Menem y sus adeptos.

¿Será en serio que Alberto imagina su eventual presidencia con el modelo del riojano en la cabeza? Es capaz. Lamentablemente, su memoria se ve que no abarca los daños colaterales de las acciones de quienes lo precedieron en el oficio de agitador de tormentas financieras, de bombero pirómano. Pero hay que festejar que una vez más haya dejado en evidencia que lo mejor que tiene para ofrecernos es su ineficacia: el mal, le sale mal.


Marcos Novaro

La expresidenta está cada vez más presente en la campaña electoral y endurece sus críticas al Gobierno. Ambas cosas pueden terminar beneficiando al oficialismo.

 

La verdad es que no se sabe cómo actuarán los indecisos y los decididos a medias. Y no se va a saber hasta último momento, cuando ya sea tarde para que los estrategas hagan recomendaciones útiles a los candidatos.

 

Días atrás Guillermo Nielsen fue expulsado del entorno de Alberto Fernández después de decir que el exministro de Economía no sabe sobre temas de deuda. Ahora la modelo mostró que el desconocimiento del exfuncionario es más amplio.

 

¿Qué parte de nuestro sistema judicial está enfermo, el que trabaja la causa de los cuadernos o el que controlan jueces como Ramos Padilla, De Lazzari y Carzoglio?

 

A una semana del arranque, su estrategia luce deshilachada. Tras fracasar en su intento de lucir moderado, ahora parece decidido a hacerse el duro. Cómo impacta la ausencia de Cristina.

 

Un hallazgo extraordinario como Vaca Muerta pasa raras veces en la historia de un país. Y en la de muchos países, no pasó ni pasará nunca. Es un recurso enormemente valioso que se nos ofrece para que saquemos el mayor provecho de él.

 

Alberto Fernández ofrece a los gobernadores “compartir el poder” porque sabe que el suyo será, en caso de resultar electo, muy escaso: lo que pretende es, más bien, que sean los gobernadores los que le presten parte del poder que detentan.

 

Con sus críticas al acuerdo con la UE, el precandidato K echó mano al nacionalismo paranoide como matriz para explicar nuestros problemas. Una pésima idea.

 

 

Por razones y con intenciones casi opuestas, los gobiernos de los Kirchner y el de Mauricio Macri han puesto en los últimos años en el centro de nuestra atención la relación entre los empresarios y la política, entre hacer negocios y gobernar.

 

 

 

Con el dólar y la inflación a la baja, la imagen del presidente se recuperó. Por primera vez desde principio de año, sube el optimismo sobre la economía. Pero nada de eso alcanza. ¿Repuntará el consumo? ¿El de quiénes y cuándo?

 

La oferta electoral presenta peronismo en todos lados, en distintos envases y con distintos acompañamientos. Pero tienen denominadores comunes: carecen de novedades y son versiones gastadas.

 

El acuerdo está pensado no sólo para ganar sino para gobernar. Pero si ganan, ¿cómo funcionaría el binomio? ¿Hasta dónde llega el convenio y dónde empiezan las diferencias?

 

Para unos significa democracia contra autoritarismo, para otros, asado contra hambre. Todo se resolverá en la primera vuelta de octubre, según quién llegue al 45%. Los demás ¿desaparecen de escena?

 

Dos tendencias que dominaron el escenario de los comicios distritales hasta ayer nomás ahora fueron desmentidas: de las cinco provincias en las que se votó, solo en una el peronismo se presentó unido.

 

Cristina Kirchner volvió a sorprender cuando nominó a su exministro de Economía como candidato a gobernador bonaerense. La designación encierra varios mensajes. Algunos un poco preocupantes.

 

En las elecciones distritales de este domingo no hubo sorpresas. Pocos les prestaron atención, quizás porque la cocina política bonaerense resulta más interesante.

 

Referentes de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo actuaron como fuerza de choque "moral" para respaldar a Cristina Kirchner. El desafío de la izquierda.

 

Con su habitual uso jocoso del insulto, Alberto Fernández dio una muestra de la moderación kirchnerista: promete que no habrá indultos. Parece una promesa sin costo porque el candidato viene trabajando, junto al resto de su espacio, para que no haya condenas.

 

Hasta acá llegaron las manganetas distractivas, el verso y las excusas. Ahora, empezó el juicio y Cristina se confronta con los hechos, hechos que ella provocó y de los que tendrá que hacerse responsable.

 

La expresidenta seguirá haciendo de víctima, atropellada en su dignidad por jueces y fiscales. ¿Será que la señora pretende repetir la fórmula “Cámpora al gobierno, Perón al poder”?

 

La inevitable candidata a volver a la Rosada estará afectada por el síndrome del Dr. Jekyll y Mr. (en este caso sería Ms.) Hyde. En sus propuestas más elaboradas es donde más quedó su plan en evidencia.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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