Marcos Novaro

Marcos Novaro

El presidente propuso “terminar con los odiadores seriales” ante una protesta contra sus políticas. Periodistas oficialistas acompañaron desmintiendo que haya persecución o amenazas contra sus pares críticos. ¿Volvemos al 2008?

 

El presidente insistió en sus críticas al sistema financiero. En vez de usarlo en su favor, dice querer “reformarlo”. Así, el kirchnerismo sigue desgastándose y desangrando al país en una pelea absurda.

 

¿Un equilibrista que espera su oportunidad, un sometido sin carácter para definir un perfil propio, un ultra pragmático? Las encuestas hablan cada vez más de confusión e incertidumbre.

 

Controles superficiales y a veces absurdos conviven con un descontrol profundo en el conurbano. La situación de La Matanza es crítica, denuncia la Diócesis de San Justo.

 

Pidieron confianza, un bien escaso porque se informa mal sobre testeos, y se los gestiona aún peor. Y porque el peor daño económico, la mortandad de empresas, supera ya el récord de 2001/02.

 

Como la mayoría se opuso a la expropiación de Vicentin, el “kirchnerismo científico” que nos gobierna sacó la conclusión de siempre: culpa de los medios, que mienten y engañan a la gente.

 

El papelón con Vicentin se suma a un manejo cada vez más confuso tanto de la pandemia como de la crisis económica.

 

Los peronistas que compraron la promesa de Alberto de que Cristina no iba a gobernar se desayunaron con la expropiación de Vicentin. Da más o menos igual cuál de ellos gobierne: no pueden confiar.

 

¿El presidente está “pintado”? Sería grave. ¿O el dúo gobernante una hace de dura y el otro de blando, pero en lo esencial coinciden, y no en beneficio de nuestra democracia y de la economía? Sería aún peor.

 

Urgido por la falta de dinero y por la necesidad de actuar antes de que su popularidad se evapore, el Presiente recurre apresuradamente al menú primigenio del kirchnerismo.

 

Era una “idea loca” quedarse con una parte de las empresas en problemas, ¿es una idea genial quedarse con empresas enteras? Así, el capitalismo argentino seguirá siendo inviable.

 

La situación y las perspectivas económicas siguen empeorando, y el Gobierno sigue sin focalizar suficientemente la contención del virus ni el daño a la actividad.

 

Si arregla la deuda, la primera consecuencia para el gobierno será descubrir su error: no era el problema más grave. Entonces, ¿normalizará la situación u optará por las ideas del Papa y su entorno?

 

Las réplicas albertistas a los “anticuarentena” suben de tono a medida que se extienden las protestas. Mientras, la relación con el cristinismo pasa de la división del trabajo a una creciente tensión.

 

No hay basamento legal para un aislamiento forzado. La situación pone a la luz lo complicado que es gobernar con sanitaristas como única guía.

 

¿Cuál es la tarea que tiene por delante el peronismo? Algunos sueñan que será radicalizar el estatismo económico. Y los más pragmáticos usan esas fantasías para procesar un nuevo escalón hacia la debacle nacional.

 

Alberto Fernández quiere un gobierno de científicos, si son peronistas mejor. La idea detrás de la intención de imprimir un billete de 5 mil pesos acompaña otro debate científico, pero sobre la inflación.

 

La suba de casos de COVID-19 puso en cortocircuito la relación entre salud y economía generando alarmas en la Casa Rosada y en el gobierno porteño. El miedo a pagar el costo político y el factor de los intendentes del Conurbano.

 

La reapertura de la economía es, al menos en el AMBA, algo inoportuna: se decidió cuando crecían los contagios. Pero era inevitable que así fuera dada la estrategia escogida en marzo.

 

El presidente trató de combinar dos mensajes, alarma por los datos de contagios en el AMBA, y reconocimiento de que para muchos la cuarentena no va más. Nuestra diagonal entre salud y economía quedó en zona de riesgo, por el COVID-19 y los compromisos con los bonistas.

 

¿Se muestra inflexible para que los acreedores cedan o en serio está dispuesto a ir al default? Cualquiera sea el caso, la desconfianza que alimenta la vamos a pagar cara.

 

Tras atravesar la peor semana y entregado a la tarea de elegir "soluciones" del menú kirchnerista, el Gobierno seguramente insistirá en pedirnos tiempo. ¿Por qué, aunque Alberto es más popular, es Cristina la que se fortalece?

 

Como el presidente no logra influir en la región como quisiera, busca serrucharle el piso a los vecinos. ¿No será más rentable aceptar ser “cola de león”?

 

 

Además de la pandemia y la feroz caída económica, ¿tenemos por delante un nuevo experimento populista autoritario que nos aísla del mundo? ¿Alberto se termina decantando por las soluciones kirchneristas?

 

El rol de la vicepresidenta como líder espiritual del peronismo corre peligro de evaporarse si Alberto Fernández logra una pronta recuperación económica tras la pandemia.

 

La crisis se está volviendo más compleja, y los desafíos económicos ponen en aprietos al estatismo que impulsa el Gobierno.

 

La Argentina podría estar entre los países que sufran menos muertes por la pandemia. Pero casi seguro estará entre los que sufran una caída económica más aguda.

 

Para cuidar la salud de la gente, el Gobierno asfixia la producción. A la larga solo permitiría que subsistan los que ya dependían de él, o los que empiecen a hacerlo.

 

El Gobierno busca relajar y endurecer la cuarentena al mismo tiempo, alarmado por las muchas señales de que el acatamiento decae y no es tan seguro que los contagios se puedan controlar.

 

No hay intención para aprender de los errores, después de la caótica situación por los jubilados agrupados frente a los bancos en plena cuarentena.

 

Es imposible practicar un subregistro con los dramas económicos porque se están extendiendo mucho más rápido que los contagios. Dado lo difícil que era disimular, se eligió echarle la culpa a otros.

 

¿Se aplana la curva de contagios o se informal mal? Tenemos el mismo sector público de siempre, grande y torpe, y tal vez un "INDEC sanitario" en gestación.

 

Aunque parezca que la “mala política” se tomó un descanso, en verdad hay unos cuantos que están queriendo usar la pandemia con fines miserables.

 

El gobierno enfrenta problemas para hacerse obedecer. ¿El conurbano atrasa o adelanta? Desafíos crecientes para los liderazgos “de guerra”.

 

Si el precio para suprimir la grieta es semejante crisis, menos mal que esto no pasa todos los días. La analogía con Malvinas.

 

La debilidad estructural de nuestra economía determina que prácticamente nadie, ningún sector social ni actividad, va a quedar a salvo del temporal.

 

La emergencia puso en evidencia el moroso sistema de toma de decisiones del Ejecutivo. Qué "oportunidad" le ofrece la pandemia a Alberto Fernández.

 

El riesgo país argentino sigue rompiendo récords. Y muestra que el coronavirus puede ser más dañino para nuestro futuro económico que para la salud de la población. Y va a serlo más, cuanto más tarde el gobierno en reaccionar.

 

Por primera vez en dos décadas casi todos los dirigentes se unieron bajo el paraguas del PJ. En el congreso nacional discutieron sobre una lista de unidad y expulsar a Pichetto.

 

Una quita de 33% sobre 300 dólares es más dañina para el productor que el 45% sobre 600 dólares que pretendieron aplicar Cristina y Alberto doce años atrás, en marzo de 2008. Pero el contexto es otro.

 

El modo en que el presidente se planta en la escena pública segmenta las distintas almas que habitan su gobierno. Ninguna termina sabiendo cuándo está simulando y cuándo está hablando en serio.

 

El ministro dijo que quiere arreglar con el Fondo, pero no va a aceptar “ninguna condicionalidad”. ¿Amenaza para obtener un mejor trato o piensa ir al choque? El marketing “solidaridad y autonomía”.

 

El Presidente ahora relativiza la revisión del peritaje de Gendarmería y niega que existan presos políticos. Hay algunas diferencias entre el equilibrio y querer estar “a medias embarazado”.

 

 

El nuevo gobierno viene justificando sus impuestazos no solo por la emergencia, sino por un modelo solidario. Pero más que de integración, parece ser de confrontación y “suma cero”: la culpa de que a alguien le falte se atribuye al que tiene.

Los traspiés del gobernador bonaerense dan brillo al método del Presidente. Aunque los dos apuntan al mismo lado: con diferentes modales, más impuestos y transferencias discrecionales de recursos.

 

El Presidente utiliza la teoría de los "dos demonios" para mostrarse moderado ante conflictos dilemáticos. Pero la jugada chavista de liquidar lo que quedaba de la democracia desnuda la fragilidad de esa idea.

 

La inyección de superpoderes fortaleció al Presidente, pero sólo en algunos sectores y para dar sobre todo malas noticias. En lo demás pesa la vice, y la gestión enfrenta cortocircuitos seguido.

 

Un discurso moralizante imputa desde el Estado la culpa por los males de la economía a conductas "desviadas" de los individuos. Sin reformas, lo único que puede generar es aumento de precios y resentimiento.

 

 

Se reveló otro motivo para que Fernández y sus aliados apoyen al expresidente de Bolivia, que copia los pasos que dio el exmandatario argentino desde 1955 para que fuera imposible gobernar el país sin él.

 

 

Alberto Fernández lo presenta como trampolín para reencauzar relaciones con la región que Macri habría desatendido. Pero puede que el nuevo gobierno y el país tengan más para perder que para ganar con esta diplomacia ideológica.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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