Fernando Laborda

Fernando Laborda

La fe casi religiosa en que Mauricio Macri dará vuelta las elecciones y arribará al ballottage, que distingue a funcionarios de la Casa Rosada, contrasta con el crudo realismo que se percibe entre dirigentes cercanos a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal.

 

¿Está Mauricio Macri más preocupado por captar un voto conservador que le dio la espalda en las PASO que por conquistar a otros sectores de la ciudadanía?

 

El actor Antonio de la Torre encarna en la película española "El reino de la corrupción", recientemente estrenada en Buenos Aires, a un político procesado por fraude a la administración pública, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, que inicia una desesperada búsqueda por zafar de las graves acusaciones en su contra, intentando arrastrar en su caída a otros dirigentes y funcionarios de su propio partido.

 

Una semana atrás, en Córdoba, Alberto Fernández ofreció una de sus más importantes definiciones en materia económica. Ante 500 empresarios y dirigentes reunidos por la Fundación Mediterránea, planteó la necesidad de una renegociación "seria, sensata y sin quitas" de la deuda pública argentina, con un alargamiento de los plazos de pago que le dé tiempo al país para crecer.

 

Decidido a recrear una mística que deje atrás el escepticismo, Mauricio Macri relanzó la campaña por su reelección. Sus primeros pasos apuntan a fidelizar a sus votantes y a persuadir a sectores de la clase media que lo acompañaron en la segunda vuelta de 2015 frente a Daniel Scioli y que en las primarias de agosto le dieron la espalda. Pero sabe que, a estas alturas, dar vuelta el resultado adverso de las PASO requerirá mucho de potenciales errores de su principal adversario.

 

Las polémicas declaraciones del fundador del movimiento de intelectuales Carta Abierta Horacio González, quien pidió " valorar positivamente" a la guerrilla de los años 70, no cayeron bien cerca del candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández.

 

No es exagerado calificar como Operación Milagro la campaña del #Sísepuede que acaba de lanzar el propio Mauricio Macri en persona, pidiendo el apoyo de la ciudadanía para las elecciones del 27 de octubre e invitándola a participar de las marchas que se iniciarán mañana, en un ámbito amigable para la coalición oficialista como las Barrancas de Belgrano.

 

El resultado de las primarias abiertas del 11 de agosto y la ausencia de encuestas que hasta ahora indiquen un drástico cambio de tendencia para las elecciones generales del 27 de octubre hacen que cada vez se empiecen a seguir con mayor detenimiento los pasos de Alberto Fernández. Más aún, cada gesto y declaración del candidato presidencial del Frente de Todos genera efectos no solo políticos, sino también económicos.

 

El gobierno de Mauricio Macri es, de cara a las próximas elecciones generales, como un paciente en terapia intensiva que, en las últimas horas, ha dado signos de haberse estabilizado pero que continúa con pronóstico médico reservado.

 

El silencio que se ha autoimpuesto hasta ahora Alberto Fernández sobre las medidas de control cambiario anunciadas el domingo por el ministro Hernán Lacunza parece dar cuenta de que estas están lejos de incomodarlo. Más bien, debe pensar que puede sacar un doble rédito político.

 

Las últimas medidas del Gobierno tendientes a un "reperfilamiento" de la deuda y a una extensión de los plazos de pago permiten comprar tiempo, pero no la confianza de los inversores, que, en estos días, no tiene precio.

 

La multitudinaria movilización ciudadana del sábado pasado realizada en diferentes lugares del país, con epicentro en la Plaza de Mayo, constituyó una inyección de entusiasmo para funcionarios, dirigentes y militantes del oficialismo que días antes lucían abatidos frente al resultado de las PASO. Ninguno de ellos, sin embargo, puede ilusionarse por ahora con un cambio de tendencia.

 

Mientras algunos dirigentes del oficialismo siguen sin reponerse del shock que significó la abultada ventaja que la fórmula integrada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner obtuvo en las recientes Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), otros hombres y mujeres de Juntos por el Cambio , con Miguel Ángel Pichetto y Elisa Carrió a la cabeza, hacen denodados esfuerzos por convencer a su militancia de que es factible revertir aquel resultado entre las elecciones generales del 27 de octubre y una eventual segunda vuelta electoral con la que sueñan.

 

Así como en todo proceso de pánico en los mercados, con ventas masivas de activos a precios de liquidación, hay quienes ven en esa situación una óptima ocasión para hacerse de esos bienes, fieles al viejo precepto que señala que hay que comprar cuando todos venden y vender cuando todos compran, la historia mundial también está llena de crisis que se han convertido en verdaderas oportunidades para los países que las sufren.

 

La triste experiencia que dejó la crisis hiperinflacionaria de 1989, cuando Raúl Alfonsín debió anticipar la entrega del poder al entonces presidente electo, Carlos Menem, llevó a los convencionales que, en 1994, reformaron la Constitución Nacional tras el Pacto de Olivos a tratar de acotar al máximo posible el período entre las elecciones presidenciales y la entrega del mando.

 

Tras el inicio del período de veda para la difusión de resultados de encuestas de intención de voto, que comenzó el sábado último y concluirá tres horas después del cierre de la votación del próximo domingo, podemos decir que pocas veces hemos sido testigos de tantos sondeos de opinión pública previos a una elección como en esta oportunidad.

 

Es claro que, con sus declaraciones de los últimos días, Alberto Fernández ha intentado reinstalar el tema de la economía en la arena electoral. De ese modo, buscó encarrilar una campaña desordenada y deslucida de la principal fuerza opositora, que ha venido reflejando la falta de una conducción unificada.

 

Alberto Fernández volvió a exhibir en los últimos días sus dificultades como candidato de Cristina Kirchner. Sabe que su llegada a ese lugar fue fruto de una debilidad de la exmandataria, incapacitada de perforar un techo electoral no apto para volver al gobierno.

 

El oficialismo se torna más competitivo cuando, en las encuestas, los votantes se ven forzados a elegir entre Macri y el binomio kirchnerista

 

Ya unos días antes de ser elegido por Mauricio Macri como su compañero de fórmula, Miguel Pichetto se permitió darles un consejo a quienes comandaban la campaña electoral del oficialismo: "Si yo estuviera en el Gobierno, me preocuparía por los dos, tres o cuatro puntitos que José Luis Espert le podría sacar a Cambiemos por derecha".

 

El 11 de agosto próximo, la ciudadanía argentina deberá concurrir, una vez más, a Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) que tendrán un colosal costo para el erario público y no representarán mucho más que una gran encuesta de cara a las elecciones generales de octubre, ya que ninguna fuerza política dirimirá su fórmula presidencial y tampoco habrá competencia para definir las listas de diputados y senadores nacionales en los distritos más importantes del país.

 

Los mercados muchas veces basan sus decisiones en expectativas y en percepciones antes que en hechos concretos.

 

Una de las condiciones mínimas para que las probabilidades de reelección de Mauricio Macri no se desbarranquen es que la economía no empeore de aquí a las elecciones generales y que las expectativas de la población mejoren algo para cuando acuda a las urnas.

 

Pocas veces en la historia electoral argentina un candidato presidencial que perdió tanta intención de voto se ha cotizado tanto.

 

Las diferencias entre los integrantes de Alternativa Federal continúan al rojo vivo.

 

La posibilidad de que la fuerza política liderada por Sergio Massa termine acordando con el kirchnerismo y apoyando la fórmula encabezada por Alberto Fernández acentuaría la polarización entre este y Mauricio Macri, al tiempo que relegaría a la Alternativa Federal a un espacio más testimonial que competitivo, si se confirmara el alejamiento de Roberto Lavagna de este sector.

 

Las primeras declaraciones de Alberto Fernández en materia económica, luego de ser ungido como candidato presidencial por Cristina Kirchner, mostraron su particular aprecio por la figura de Guillermo Nielsen y su preocupación por asegurar que, si llegase al gobierno, no dejaría de pagar la deuda externa.

 

Luego del sorpresivo anuncio de Cristina Kirchner sobre la elevación de Alberto Fernández a la candidatura presidencial de su sector con ella como compañera de fórmula, muchos se han preguntado si el macrismo debía festejar esa decisión o preocuparse.

 

Si con la coronación de Alberto Fernández como su candidato presidencial Cristina Kirchner pretendió brindar una muestra de moderación para seducir a un electorado de centro, la primera sorpresa provino de las primeras declaraciones públicas de su exjefe de Gabinete, que de moderadas no tuvieron nada.

 

La contundente reacción colectiva que desató la controvertida decisión de la Corte Suprema que había puesto en duda el inicio del primer juicio oral contra Cristina Kirchner y el dato de una inflación menor a la esperada en abril reanimaron al presidente Mauricio Macri y a las principales espadas del Pro .

 

En lo que se consideró como una chicana política, la expresidenta Cristina Kirchner afirmó durante su reciente presentación en la Feria del Libro, que en el gobierno de Mauricio Macri "hay más planes sociales que los que teníamos los choripaneros y planeros".

 

Cristina Kirchner reapareció en público después de más de dos meses de silencio con un mensaje más cordial e infinitamente más breve respecto de lo que nos tenía acostumbrados.

 

Mauricio Macri sabe que pasará a la historia por el mero hecho de convertirse en el primer presidente constitucional no peronista que, desde el surgimiento del justicialismo, concluya su mandato legal.

 

Distintas encuestas indican que dos de cada tres argentinos mencionan como principal preocupación alguna cuestión vinculada con la economía, al tiempo que alrededor del 55% de los votantes asegura que, a la hora de concurrir a las urnas, privilegiará lo económico.

 

Los cuestionamientos a Jaime Durán Barba estuvieron a la orden del día, incluso dentro de las filas de Cambiemos. Pero podrían resultar exagerados.

 

En los últimos días, han tomado estado público encuestas que muestran a Mauricio Macri en clara desventaja frente a Cristina Kirchner ante un hipotético ballottage por la presidencia de la Nación. Pero el dato más llamativo no es ese, sino el hecho de que, por primera vez, esas radiografías electorales corresponden a sondeos relevados por algunas de las empresas consultoras que habitualmente trabajan para el propio gobierno nacional.

 

Los sorpresivos y recurrentes contactos entre Mauricio Macri y Martín Lousteau en los últimos días, los cónclaves entre funcionarios de la Casa Rosada y los gobernadores de Cambiemos para consensuar acuerdos de precios y medidas para incentivar el consumo, y el anunciado decreto presidencial para eliminar las llamadas "listas colectoras" en los próximos comicios tienen un mismo propósito: empezar a dar respuesta a las urgencias electorales del oficialismo.

 

La estrategia electoral para conseguir la reelección de Mauricio Macri divide no solo a los socios de Cambiemos, sino que también desata diferencias entre algunos de los principales dirigentes del Pro.

 

Tres son las condiciones que requiere Mauricio Macri para lograr su reelección: que la percepción sobre la situación económica no empeore en el camino hacia las elecciones, que la oposición peronista concurra a las urnas lo más dividida posible y que la coalición Cambiemos no se rompa en pedazos.

 

Tras una semana en la cual los números de la economía no acompañaron al gobierno de Mauricio Macri, altos funcionarios buscan llevar tranquilidad frente al escenario electoral: "Solo somos Cristina y nosotros. El resto no existe". La frase se escucha como una verdad revelada en despachos de la Casa Rosada, aunque no es más que una expresión de deseos o una ilusión.

 

La Argentina cuenta con una larga historia sobre leyes de amnistía e indultos presidenciales, ya desde los años que siguieron a la Revolución de Mayo.

 

El mantenimiento de la unidad de la coalición Cambiemos es uno de los tres factores que condicionarán las probabilidades de Mauricio Macri de ser reelegido. Los otros dos son el nivel de dispersión de la oposición peronista y la percepción de la situación socioeconómica por parte de la ciudadanía.

 

De haber triunfado el kirchnerista Ramón Rioseco en las recientes elecciones de gobernador de Neuquén, hubiera sido probable que más de un dirigente K se apurara a lanzar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner.

Vuelve a ocurrir lo que tantas otras veces ha sucedido. El mundo estornuda y la Argentina parece sufrir los embates de una neumonía, cuyos primeros síntomas son las turbulencias en el mercado cambiario y la devaluación del peso, frente a lo cual ningún antibiótico está exento de provocar otros males.

 

Cristina Kirchner volvió con voz propia al centro de un escenario del que nunca se fue, pese a un largo silencio que muchos observadores políticos entendieron como un particular modo de hacer campaña electoral sin exponerse.

 

 

Roberto Lavagna comienza lentamente y con disimulo a probarse el traje de candidato presidencial y a dejar atrás sus sandalias veraniegas con medias, mientras evalúa quiénes pueden ser sus mejores compañeros de ruta.

 

Esta semana estará listo el decreto por el cual el Poder Ejecutivo reglamentará la ley de paridad de género en ámbitos de representación política y que obligará a los partidos políticos a intercalar en sus listas a mujeres y varones, a partir de las elecciones nacionales legislativas de este año.

 

La suspensión de las sesiones extraordinarias del Congreso ante la falta de consenso entre los distintos actores políticos anticipa la parálisis parlamentaria que podría signar a 2019.

 

Desde que se inició el nuevo año, el gobierno de Mauricio Macri disfruta de una suerte de veranito cambiario, acompañado por una baja del riesgo país. En contrapartida, la inflación de 2018 resultó la más elevada en los últimos 27 años, con su pernicioso efecto en el poder adquisitivo de la población y en el crecimiento de la tasa de pobreza.

 

Nadie puede asegurar hoy si el exministro de Economía Roberto Lavagna estará o no dispuesto a competir en el proceso rumbo a las elecciones presidenciales y convertirse en un "tapado".

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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