Fernando Laborda

Fernando Laborda

"El funcionario cobrará el 100% sin trabajar y el autónomo pagará el 100% sin facturar. ¿Esto es justicia social?". Ese mensaje fue uno de los tantos que inundó las redes sociales ayer, pocas horas después de que el presidente Alberto Fernández calificara como "miserables" a los empresarios que despiden trabajadores y, sin identificar a nadie en particular, expresara que "de lo que se trata es de ganar menos" para concluir diciendo: "Bueno, muchachos, les tocó la hora de ganar menos".

 

Cualquier epidemia con consecuencias letales provoca cambios en las sociedades y en sus sistemas de creencias y, como afirma el neurocientífico Facundo Manes, puede hacer que aflore lo mejor o lo peor de la condición humana.

 

Es un secreto a voces que la cuarentena total impuesta por el Gobierno hasta el 31 de marzo ha llegado para quedarse por más tiempo. Pero también se admite en círculos políticos y económicos que el aislamiento social preventivo y obligatorio no podrá extenderse a lo largo de meses enteros.

 

No hay antecedentes, al menos durante nuestra historia democrática, de tan severas restricciones a la circulación de las personas como las que viviremos los argentinos a partir de hoy.

 

En su primer mensaje a través de la cadena nacional, al anunciar la emergencia sanitaria, Alberto Fernández buscó demostrar que manda, actúa y arregla, y que quiere ver a sus funcionarios en la línea de fuego y no refugiados en sus despachos, para exhibir un "Estado presente".

 

Juan Domingo Perón dijo alguna vez que la víscera más sensible del hombre es el bolsillo. Su enfoque parecería ser acertado si miramos hoy encuestas en las que se evalúa la gestión de Alberto Fernández a lo largo de sus primeros tres meses. Para mejor o para peor, el bolsillo sigue siendo la directriz que define la opinión mayoritaria sobre la tarea gubernamental.

 

Para crecer primero hace falta creer. Y para creer hay que ver.

 

La Argentina era una fiesta hacia 1945, como expresara el recordado historiador Félix Luna: Juan Domingo Perón había asumido el poder en 1946 con un nivel de reservas tan extraordinario que lo hacía jactarse de que era imposible caminar por los pasillos del Banco Central, abarrotados de lingotes de oro.

 

Al menos por ahora, el FMI ha dejado de ser una mala palabra en el diccionario peronista y algunos dirigentes cercanos a Alberto Fernández ya hablan de la "compañera" Kristalina Georgieva.

 

Alberto Fernández fijó sus propias limitaciones al frente del Poder Ejecutivo bastante antes de ser ungido candidato presidencial.

 

La mayor crítica que se le ha hecho a Alberto Fernández tras su primer mes en el gobierno ha sido que intentó ocultar un ajuste bajo el disfraz de la solidaridad.

En el particular relato del nuevo oficialismo la palabra "ajuste" ha sido desterrada.

 

Roberto Lavagna comienza lentamente y con disimulo a probarse el traje de candidato presidencial y a dejar atrás sus sandalias veraniegas con medias, mientras evalúa quiénes pueden ser sus mejores compañeros de ruta.

 

Las probabilidades de que Mauricio Macri sea reelegido presidente de los argentinos en 2019 dependerán de tres factores: la percepción sobre la situación socioeconómica, el nivel de cohesión de la coalición oficialista Cambiemos y el grado de división del peronismo frente a las elecciones.

 

En el atardecer del viernes, un día después del anuncio del acuerdo con el FMI, un alto funcionario se regodeaba en su despacho de la Casa Rosada con la suba del 4% del índice Merval y la baja del riesgo país, al tiempo que ensayaba una conclusión: "Les hablamos a los mercados con cierto éxito. Ahora, tenemos que hablarle a la gente".

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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