Carlos Salvador La Rosa

Carlos Salvador La Rosa

 

Los sectores no kirchneristas del actual gobierno, compuestos por los cuadros más importantes del albertismo y del massismo, tanto en su modo de pensar como en las políticas que proponen en la mayoría de los casos, están mucho más cerca de la lógica de un dirigente medio de Cambiemos, como Monzó, Frigerio, Morales o Cornejo que de Cristina (no están, claro, cerca de Macri y su círculo íntimo, pero estos dirigentes de Cambiemos que citamos tampoco lo estuvieron ni lo están).

 

 

La del lawfare (o guerra mediática) no es la primera conspiración que las fuerzas del mal encaran contra los justos y los inocentes, acusados de todas aquellas ignominias que jamás cometieron, pero a los que sus enemigos necesitan culpabilizar para llevar a cabo sus más oscuros designios.

 

 

Durante la era macrista los relatos políticos pasaron de moda, quizá como una reacción a la excesiva proliferación de los mismos durante la anterior era kirchnerista. Pero ahora, en la posterior era kirchnerista los relatos no podían sino volver, como una clara marca de identidad de este modo de hacer política.

 

 

Este fin de semana, casi al mismo tiempo, el presidente del radicalismo nacional Alfredo Cornejo realizaba un gran encuentro partidario en Mar del Plata, mientras que el jefe de gobierno de la Capital Federal, Horacio Rodríguez Larreta visitaba al gobernador mendocino Rodolfo Suárez. Dos hechos simbólicos por demás.

 

Se define a la historia contrafáctica como “un ejercicio de abstracción sobre los sucesos históricos que pretende dilucidar un curso hipotético de acontecimientos históricos, respondiendo a la pregunta ¿qué habría pasado si ...?”.

 

Ninguna etapa del peronismo es igual, ni siquiera parecida a la otra. Ahora pasa lo mismo, este gobierno no es una continuación del anterior de Cristina, es estructuralmente otra cosa, no muy sencillo de interpretar ni de entender.

 

Lamentablemente, pero a la vez felizmente, las primeras fantasías con las que Alberto Fernández se propuso llegar a la presidencia de la Nación no parece que se cumplirán.

 

 

Hubo dos momentos históricos en los que el conductor del peronismo, jugando el papel del barón de Frankenstein, construyó una criatura monstruosa para llegar al poder que de otro modo no habría podido obtener. Uno de ellos fue Juan Perón en 1973, el otro fue Eduardo Duhalde en 2003.

 

 

Las ideologías ya no funcionan como antes para explicar la realidad. Décadas atrás la izquierda hubiera interpretado claramente las insurrecciones populares que ocurren por doquier en todas partes del mundo, como la revolución de los pueblos contra sus explotadores, pudiendo entrever una línea conceptual parecida en todas las rebeliones.

 

 

Años atrás, el entonces presidente de Chile, Ricardo Lagos, decía que la globalización se dividía en dos bandos claramente establecidos: el de los globalizadores y el de los globalizados, vale decir, los que gozaban y los que sufrían la nueva internacionalización de las técnicas y de las finanzas.

 

 

Los perdedores nacionales de ayer quedaron más contentos de lo que esperaban y los ganadores un poco menos contentos de lo que aspiraban.

 

 

En la eventualidad que el peronismo recupere a nivel nacional el poder político, lo que llegará al gobierno es un amplio espectro de “peronismos” donde quizá el kirchnerismo sea el más importante, pero deberá confrontar con otros que también buscarán hegemonizar.

 

 

Es el pobre en su horfandá
de la fortuna el desecho,
porque naides toma a pechos
el defender a su raza.

Debe el gaucho tener casa,
escuela, iglesia y derechos.

Hacéte amigo del Juez
no le des de qué quejarse;
y cuando quiera enojarse
vos te debes encojer,
pues siempre es güeno tener
palenque ande ir a rascarse

 

Déjà vu es un término francés que significa “ya visto”. El concepto describe la sensación que experimenta una persona al pensar que ya ha vivido con anterioridad un hecho que, en realidad, es novedoso.

 

Los radicales hicieron de Mendoza una fortaleza inexpugnable, como En el álamo de Davy Crockett.

 

 

El peronismo, luego de más de 70 años de existencia, no es ya ni una doctrina ni una ideología ni un partido, es una tradición, la última tradición argentina de la movilidad social. El último resabio de la Argentina grande, no de su decadencia.

 

 

Para acceder o mantenerse en el poder el peronismo suele recurrir a inventos estrambóticos que no están ni fuera ni dentro de la ley sino en su margen, en un limbo más allá de lo legal o ilegal. Tan original como el movimiento creado por Perón son las estratagemas que desde ese movimiento se crean.

 

 

Alberto un día va para un lado y otro día para otro, según cuánto lo apriete uno u otro de sus peronismos.

 

 

Luego del “pase” de Alberto Fernández y Sergio Massa al kirchnerismo, de Juan Manuel Urtubey al lavagnismo y de Miguel Ángel Pichetto al macrismo, muchos supusieron que el viejo movimiento creado por el General Perón, al ocupar todos los espacios políticos, ya no ocuparía ningún espacio en particular.

 

 

De sur a norte, de este a oeste de la Argentina, un grito profundo de no a Macri se masificó imparable.

 

 

La tragedia de Alberto Fernández desde que aceptó su misión (quizá única en el mundo) de ser el candidato a presidente designado por su vicepresidenta, es que debe lograr dos cosas incompatibles:

 

 

En su primer gobierno, Perón los llamaba los “emboscados”; eran los que sin ser peronistas se colaban en el movimiento para intentarle cambiar el rumbo.

 

 

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. ¡Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor!

 

 

 

La misión que Cristina le encargó a Alberto es la de que sea el presidente encargado de liberar a los chorros.

 

 

El peronismo se transformó en una segunda naturaleza argentina cuando los peronistas definieron su identidad política sin definirla, según esa frase crucial que nos dejó Osvaldo Soriano: “Yo nunca me metí en política, siempre fui peronista”. Ninguna ideología podía competir en el alma popular contra esa convicción donde, quienes la compartían, sentían que ser peronista y ser argentino era la misma cosa.

 

 

Cristina no eligió como su presidente a Alberto Fernández por haberse arrepentido de traicionarla, sino precisamente por traicionarla.

 

 

En el film “La lista de Schindler”, un general nazi que platica filosóficamente con Oscar Schindler le explica a éste las razones de los asesinatos de los judíos por parte del hitlerismo: “No se trata del odio tradicional a los judíos, es política”.

 

 

Cristina Fernández ha reaparecido no sólo para postularse sino para combatir a la justicia y frenar todos los juicios en su contra.

 

 

“Debemos convocar al más amplio diálogo a todos los sectores. Es necesario tener la amplitud de convocar y escuchar a todos y ver la viabilidad de las propuestas que los distintos sectores acompañen al Gobierno”

 


“Muchas veces, después del balotaje, pensé en eso que finalmente no se dio: yo, frente a la Asamblea Legislativa, entregándole los atributos presidenciales a... ¡Mauricio Macri! Lo pensaba y se me estrujaba el corazón. Es más, ya había imaginado cómo hacerlo: me sacaba la banda y, junto al bastón, los depositaba suavemente sobre el estrado de la presidencia de la Asamblea, lo saludaba y me retiraba. Todo Cambiemos quería esa foto mía entregándole el mando a Macri porque no era cualquier otro presidente. Era Cristina, era la ‘yegua’, la soberbia, la autoritaria, la populista en un acto de rendición”.
- Cristina Fernández de Kirchner, “Sinceramente”.

 

 

Ya que los radicales no pueden cambiar a Mauricio Macri por María Eugenia Vidal como candidato presidencial, que es lo que ellos quisieran, ahora intentarán cambiar a Cambiemos.

 

 

En un aclamado western de los años 60, dirigido por el gran director John Ford, llamado “Un tiro en la noche”, un abogado noble y valiente, pero sin experiencia en armas es desafiado a duelo por el más feroz pistolero del condado; sin embargo, el que muere es el bandido y el ganador deviene héroe convirtiéndose con el tiempo en un famoso senador gracias al prestigio que obtuvo en tan singular duelo.

 

 

La campaña electoral de Raúl Alfonsín en 1983 contra el peronismo, en los inicios democráticos, se volcó definitivamente a favor del radical cuando éste supo expresar en una frase todo aquello de lo que la sociedad argentina quería escapar.

 

 

La diferencia del peronismo con otros movimientos similares que surgieron en América Latina luego de la segunda guerra mundial fue, en gran parte, la consigna que Juan Perón repitió quizá más veces que ninguna otra a lo largo de su vida: la de que sólo la organización vence al tiempo.

 

 

Una verdadera revolución de las costumbres se está viviendo en la Argentina relacionada con la cuestión de género, como ya viene ocurriendo en otros países, sobre todo los más desarrollados.

 

 

La Argentina está complicada, pero el mundo lo está mucho más. Vivimos una profunda transformación sin muchos palenques adonde apoyarnos porque las comparaciones históricas son muy precarias.

 

 

El año que vivimos en peligro comienza a finalizar con una precarísima y relativísima calma, pero calma al fin. Si Dios y diciembre así lo quieren, claro. Y entonces, si bien no parece ser aún el momento en que se pueda pensar el país del futuro (si es que aún lo tenemos, cosa que ya nadie sabe a ciencia cierta), al menos parece ser el de ir haciendo balance de daños sufridos y costos que se deberán pagar para su reparación... y para que no se repitan.

 

 

El auge democratizador en América Latina y en Europa del este durante los años 80 y 90 del siglo XX, hoy vive un tiempo de declive porque las raíces de los nuevos regímenes son más débiles que las de los países desarrollados. Sin embargo, de un modo u otro el cuestionamiento a la democracia abarca a todos los países, en tanto crítica a la política en general como modo de resolver conflictos.

 

 

En un país de extremos, pasamos de una presidenta que no se rectifica nunca, a un presidente que se rectifica siempre.

 

 

Las dos damas de hierro de la política nacional no pasan por el mejor momento en sus respectivos espacios. La élite de Cambiemos cada día está más enojada con Lilita Carrió, quien no sólo se proclamó gran fiscal de la República sin que nadie la haya nombrado, sino que además los condena o absuelve a su voluntad. Y el peronismo que busca ganarle a Cambiemos sabe que el principal obstáculo que hoy tiene para ello se llama Cristina Fernández de Kirchner.

 

 

La democracia argentina otra vez está siendo puesta a prueba por las correntadas subterráneas gestadas por la suma de intolerancias acumuladas en nuestra historia. Y aunque sea lo más fácil de suponer, no se trata de conspiraciones conscientes donde actores poderosos producen actos ocultos con premeditación para desestabilizar gobiernos o encarcelar opositores, según sea el caso.

 

 

Si hay algo que el tema de los cuadernos de la corrupción tiene de interesante y original es que hasta ahora nadie (ni acusados, ni acusadores, ni políticos de todos los partidos, ni empresarios ni la ciudadanía) niega su colosal importancia.

 

 

La política argentina actual se mueve entre dos mareas absolutamente contrapuestas que pugnan por imponerse una sobre la otra en un combate a todo o nada.

 

 

Juan Grabois representa para el papa Francisco lo que la "juventud maravillosa" representaba para Juan Domingo Perón. Lo siente como hijo espiritual. Y tiene sus razones el Santo Padre, para nada ilegítimas.

 

 

Al menos dentro del ámbito de la política oficialista, ha finalizado ese delirio de explicar todo por el “relato”, esa especie de ficción macaneadora que luego de tanto machaque e insistencia logró (al menos para sus fieles) que se creyera más en la veracidad de lo virtual que de lo real (igual que en “Ready Player One”, la última película de Steven Spielberg).

 

 

Cuando Barack Obama asumió su primera presidencia, a inicios del año 2009, su mirada hacia América Latina la puso en el presidente brasileño de aquel entonces, Lula da Silva.

 

 

Con la legalización del aborto apareció la divergencia entre conservadores y liberales de Cambiemos.

 

 

No fue la reciente crisis económica el parteaguas del gobierno de Mauricio Macri entre su primera y su segunda parte. Sí lo fue, en cambio, la semana que pasó, la de la poscrisis, cuando todos los consensos explícitos o implícitos, totales o parciales, construidos políticamente en los dos años anteriores, saltaron por los aires.

 

 

El ex juez “declara la guerra al sistema político argentino y propone lisa y llanamente voltear a su presidente”.

 

Con gran revanchismo, el peronismo que hegemonizó la oposición a Macri quiso que éste cayera Pero lo que lograron que ganara.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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