Pablo Mendelevich

Pablo Mendelevich

Hijo de un trabajador rural y de la peluquera del pueblo, Fabián Silvano Lorenzini no tiene el physique du rol de un hombre de la oligarquía.

 

 

Mientras se negociaba por enésima vez la deuda al borde de la cesación de pagos, Alberto Fernández explicaba que había decidido la expropiación de Vicentin para evitar que cayera en manos extranjeras. Sus palabras exactas fueron: "Para nosotros ese es un mercado muy importante. Nosotros rescatamos Vicentin de un camino seguro al precipicio, que terminaba con la quiebra o en manos extranjeras".

 

Había una vez un país entrañable que era famoso por la indescifrable paradoja que lo acuciaba. Tenía de todo. Riquezas naturales, diversidad, recursos humanos fabulosos, técnicos, científicos, escritores, artistas, deportistas de primer nivel. Y cada vez más pobreza.

 

 

La nueva normalidad ya llegó. Está aquí. En todas partes. Expandida a los más variados órdenes de la vida. Desde la desocupación, la deuda y el futuro de los teatros hasta la agenda de los preescolares. Es la incertidumbre. Por su propia esencia tiene carácter provisorio, pero mientras tanto, la incertidumbre es lo normal.

 

 

La primera dificultad que le ofrece una pandemia, como esta del coronavirus, a la política es bastante conocida, pero tal vez convenga recordarla: una pandemia no tiene solución.

 

 

Parece ser que aquel proverbio del general que dice que para mandar un tema político al muere basta con crear una comisión, en realidad no se le ocurrió al general sino a Napoleón, quien a su vez se habría inspirado en una idea de Juana de Arco.

 

 

"El coronavirus tiende a potenciar la imagen del que gobierna y a debilitar la del opositor. Si uno gobierna bien, la gente, a veces por desesperación, por necesidad, se aferra a ese que hace las cosas como ellos esperan. El opositor se queda solo, hablando y explicando. La gente no lo valora porque siente que mientras unos hacen los otros hablan".

 

Algunos de los discursos más célebres de Winston Churchill, estadista de una estirpe ya extinguida en el mundo, permiten recordar que incluso durante la Segunda Guerra Mundial el Parlamento británico siguió en funcionamiento.

 

Tiempo de coronavirus, de pandemia, algo que prácticamente nadie (aparte de Bill Gates, de quien circula una charla TED de 2015 con la premonición y las necesarias prevenciones) tenía en su agenda.

 

 

De repente, con la pandemia del coronavirus quedaron obsoletas hasta las metáforas, o invirtieron su sentido. Viralizar, voz que quiso hacer virtuosa para las comunicaciones la velocidad de propagación de los virus y que la Real Academia bendijo hace apenas un año, hoy representa para la Humanidad entera la peor perspectiva. Ya no referida, claro, a mensajes virtuales sino a la etimología cruda del término.

 

 

Es una suerte que Angela Merkel no haya estado el domingo en un palco de nuestra Cámara de Diputados cuando el presidente Alberto Fernández leyó su primer discurso de apertura de sesiones parlamentarias. Ella es la última estadista que preguntó en voz alta qué es el peronismo.

 

 

Alberto Fernández ya es el presidente de la unidad de los argentinos. Al menos así lo cree la locutora oficial Natalia Paratore, más conocida como la locutora militante por su devoción cristinista, de un estilo probablemente similar al del maestro de ceremonias norcoreano que trabaja de anunciar en Pyongyang la llegada a los actos oficiales de King Jon-un.

 

 

Una pregunta que a esta hora se hacen sottovoce analistas políticos, dirigentes, sindicalistas, parroquianos bien informados, ministros que ya vaciaron sus escritorios y, sobre todo, Mauricio Macri, se refiere a la intensidad judicial que tendrá desde el martes próximo la persecución judicial contra quien ese día dejará de ser el presidente para convertirse en un expresidente. Dijo Alberto Fernández durante el segundo debate presidencial, hace sólo seis semanas: "El día que (Macri) deje el gobierno lo esperan más de cien causas donde está siendo investigado".

 

 

Vuelve el peronismo. Que ya había vuelto en 1973, 1989, 2001 y 2003. Vuelve la fuerza política que en los siglos XX y XXI más tiempo estuvo en el poder: 13.340 días (seguida por los conservadores, los radicales y los militares).

 

 

Horacio González se equivocó de día. Sus dos comentarios estruendosos, el de que el kirchnerismo tratará de nuevo de reescribir la historia argentina y aquel que confirma que Cristina Kirchner no será una mera vicepresidenta... debieron ser hechos el lunes 28 de octubre o en los días subsiguientes, cuando se liberará (si el 27 gana el binomio Fernández) otro cepo, el que para permitir que la campaña kirchnerista fluya amable mantiene inertes las más entusiastas iniciativas revolucionarias.

 

Los cien años de presidentes llegados al poder gracias al sufragio universal, secreto y obligatorio que se cumplen mañana a partir del ascenso de Hipólito Yrigoyen muestran un camino sinuoso y escarpado hacia la democracia, que en algunos aspectos, aun hoy, sigue esquiva.

 

Fundado el 4 de agosto de 2003

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