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Lunes, 06 Abril 2020 00:00

Tiempos impensados - Por Omar López Mato

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Yo no diría que estamos pasando tiempos difíciles, de esos hemos sufrido décadas, los que corren son tiempos impensados. Y los llamo así porque a la dificultad se le agrega la incertidumbre, la estupidez y una oscura intencionalidad política.

 

Una de las interpretaciones posibles del drama derivado de la aparición del Coronavirus a escala global surge de la idea de que la maldita pandemia es una suerte de respuesta de la naturaleza ante la incapacidad de los hombres de limitar el daño ambiental.

 

 

El coronavirus Covid-19 está trayendo innumerables problemas. Por cierto, las muertes y las enfermedades son los más graves, que justifican medidas excepcionales como las severas restricciones a la libertad ambulatoria que padecemos. Pero hay otros inconvenientes menos visibles.

 

 

Dorothy Knudson tuvo al menos el privilegio de una muerte elegante. Fue alguna vez una gran cantante de ópera, se volvió célebre interpretando a Mimí en La Bohème y, ya retirada de los escenarios, no era más que una anciana anónima en un bote a la deriva.

 

 

La humanidad presa, pobre y aterrorizada, en una lucha que nadie entiende y que pocos ganarán.

 

 

“Cuando la izquierda pierde una elección, intenta destruir un país; cuando gana, lo consigue”.

 

 

Anestesiar para convencer, cubriendo con persistencia malévola todos los espacios de nuestra mente, es el método “des” informativo que eligen algunos dirigentes políticos charlatanes para seguir sosteniendo su popularidad en cualquier escenario, aún los jamás imaginados.

 

 

En público y sobre todo en privado se libra estos días una discusión sobre la decisión política del gobierno de darle prioridad plena a los criterios de sanidad que aconseja la Organización Mundial de la Salud. La mayoría de los analistas, algunos con objetividad, otros con pesar, coinciden en que la guerra contra el coronavirus ha fortalecido al Presidente.

 

 

El gobierno nacional comenzó subestimando la gravedad de la pandemia. Con absoluta irresponsabilidad, el ministro de Salud, Ginés González García, sostenía en febrero que el coronavirus no llegaría a la Argentina. Cuando era evidente que el pronóstico del principal responsable de las políticas sanitarias de nuestro país estaba sepultado por la realidad, el presidente Alberto Fernández, sensatamente, advirtió que debía hacer algo.

 

 

¿A quién aplauden las personas en sus balcones? Los médicos argentinos hoy continúan la mejor tradición de abnegación de sus maestros y aquellos que los precedieron en esta gesta.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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