"Menos mal que la charlatana de al lado me imita en todo: yo hago puchero, ella hace puchero; yo hago ravioles, ella hace ravioles; ¿viste la casualidad?". Solía contar la adorable China Zorrilla que esas líneas de la película "Esperando la carroza" en boca de su personaje -con la particular cadencia que tenía la actriz- llegaron a convertirse en un verdadero ícono: había gente que se las recitaba a modo de saludo cuando la reconocía por la calle.

 

La Provincia de Buenos Aires, en especial las zonas del segundo y tercer cordón del Conurbano, está marcada en el mapa de la campaña de Juntos por el Cambio como una de las regiones en la que estuvo floja la fiscalización de las Primarias de agosto pasado.

 

 

Colas de coches en gasolineras. Largas filas para comprar en supermercados, que no se sabe a qué hora cierran, protegidos por policías antidisturbios. Estaciones de metro y autobuses quemados.

Escuelas cerradas. Restos de barricadas. Escenario de ayer y, probablemente, de hoy. En Chile no hay una guerra pero en Santiago y otras ciudades hay más de 10.000 soldados en las calles, rige el estado de emergencia y al atardecer se aplica el toque de queda que miles de manifestantes mayoritariamente pacíficos desoyen con sentadas masivas y cacerolazos.

Los incidentes violentos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, provocados por los jóvenes más indignados con la inequidad de este país tantas veces ejemplo de desarrollo macroeconómico en Latinoamérica, empiezan de día y se prolongan hasta la madrugada. Y en medio hace su agosto la delincuencia común y el lumpen que pervive en decenas de barrios con bolsones de pobreza que el sistema neoliberal heredado de Pinochet nunca generó herramientas sociales para desactivar.

“No hay guerra, es un profundo error usar ese lenguaje”, responde la oposición

Con un coste de la vida a precios europeos, salarios tercermundistas, leyes laborales draconianas y grandes empresarios que pagan impuestos ridículos, la clase media ha dicho basta a la clase política, desde la derecha gobernante de Sebastián Piñera hasta el centroizquierda opositor que repartieron el poder desde el fin de una dictadura donde el general dejó un sistema económico atado y bien atado.

El detonante de esta revuelta ciudadana han sido cuatro míseros céntimos de euro, los 30 pesos que hace una semana aumentó el billete del metro santiaguino, que pasó a costar el equivalente a 1,04 euros, lo mismo que en Barcelona con la tarjeta multiviaje pero con un salario mínimo de 378 euros al cambio y los apenas 700 euros de sueldo que cobran dos terceras partes de una población endeudada para pagar la comida, las medicinas, los servicios médicos o la educación.

La desigualdad en Chile

Piñera dio marcha atrás el sábado y suspendió la subida del metro, pero las protestas y los disturbios continuaron y se extendieron por el país. El domingo llegaron a Punta Arenas, la ciudad más austral, en el estrecho de Magallanes. La sede de El Mercurio de Valparaíso, el periódico más antiguo de Chile, fundado en 1827, fue incendiada. Desde el inicio de la revuelta, se contabilizan once muertos, la mayoría calcinados en incendios durante saqueos a supermercados, 110 en todo el país, según el ministro del Interior, Andrés Chadwick, que ayer denunció que la violencia callejera está “organizada” y defendió a Piñera, que el día anterior había tildado de “guerra” a esta crisis, desatando el rechazo generalizado. “No podíamos tener la ingenuidad de pensar que no había una acción que pudiese estar vinculada, organizada en algunos de estos sectores de delincuentes, y resulta bastante evidente con lo que ha pasado los últimos días”, señaló Chadwick.

Contraste explosivo: Chile tiene un coste de la vida a precios europeos y salarios tercermundistas

“Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite incluso cuando significa la pérdida de vidas humanas, con el único propósito de producir el mayor daño posible”, había señalado Piñera, echando más leña al fuego. “Ellos están en guerra contra todos los chilenos que quieren vivir en democracia”, remarcó el mandatario, calificando de “criminales” y “delincuentes” a los violentos, aunque dijo respetar el derecho de los ciudadanos a manifestarse pacíficamente.

Las palabras de Piñera aumentaron la indignación y fueron rápidamente respondidas por líderes opositores. “En Chile no hay ninguna guerra, es un profundo error usar ese lenguaje. Lo que hay son actos delictuales que no han tenido una respuesta eficaz, y un malestar ciudadano acumulado del cual todos tenemos que hacernos cargo”, tuiteó el presidente del Senado, el socialdemócrata Jaime Quintana.

La expresidenta socialista y alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos emitió ayer un comunicado donde cuestiona la declaración de guerra de Piñera. “El uso de una retórica inflamatoria solo servirá para agravar aún más la situación, y se corre el riesgo de generar miedo en la población”, afirmó Bachelet.

“Exhorto al gobierno a que trabaje con todos los sectores de la sociedad hacia soluciones que contribuyan a calmar la situación e intentar abordar los agravios de la población en interés de la nación”, añadió la exmandataria, que mostró su preocupación por las denuncias de manifestantes por el “uso excesivo de la fuerza por parte de algunos miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército”. Bachelet exigió que “cualquier aplicación del estado de emergencia debe ser excepcional y en base a la ley”.

Rodrigo Garrido

 

Tras las protestas, la UE y la comunidad internacional ha pedido transparencia en el recuento de votos que determinará si hay o no una segunda vuelta.

Otra vez el asalto a las urnas. De nuevo los votos convertidos en cenizas, como sucedió en el referéndum que perdió para presentarse a esta tercera reelección. Evo Morales, el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, durante los últimos trece años largos, transformó las elecciones del domingo y su escrutinio, en una farsa de la democracia.

Si la OEA y la comunidad internacional (la UE también ha pedido transparencia en los resultados) no lo remedian, el último sobreviviente, con Nicolás Maduro, del denominado «eje bolivariano», estaría a un paso de consumar el golpe en las urnas para perpetuarse en el poder. El instrumento elegido es el Tribunal Electoral Nacional, una instancia que es fiel, como la mayoría de los organismos e instituciones bolivianas, a sus deseos antes que a la ley y a la Constitución que él mismo promulgó.

Respaldamos el trabajo de la Misión de Observación Electoral de @OEA_Oficial en Bolivia. El pueblo boliviano es el soberano y respetar su voluntad es imprescindible en democracia #OEAenBoliviahttps://t.co/5VykMfvbnD

— Luis Almagro (@Almagro_OEA2015) October 22, 2019

El polvorín de los disturbios, protestas y revueltas en La Paz se propagó la madrugada anterior por una decena de ciudades con quema de centro de cómputos, manifestaciones e intervenciones de las fuerzas de seguridad. Por cierto, con mejor puntería al lanzar los gases lacrimógenos cuando tenían en la mira a los opositores que cuando los que vociferaban eran los militantes del MAS (Movimiento Al Socialismo) que ven en Evo Morales a un ídolo de carne y hueso aunque tenga un rostro más próximo al cemento armado.

Resultado amañado

El expresidente y candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, no se resignó ni se resigna al pucherazo que se cocina en el Gobierno y llamo a «la resistencia democrática» porque «este resultado está totalmente tergiversado y amañado». Mesa, historiador y periodista, apuntó contra el Tribunal Supremo Electoral, «este fraude escandaloso se ha producido por la acción de este Tribunal que no merece el nombre de Tribunal porque es una vergüenza para el país».

Hago un llamado a la movilización democrática de @ComunidadCBo, Comités Cívicos, partidos políticos y del CONADE, para que estemos en todos los tribunales electorales departamentales y en el @TSEBolivia para impedir que se repita un #21F. pic.twitter.com/k2fR9l9a1U

— Carlos D. Mesa Gisbert (@carlosdmesag) October 21, 2019

La decepción se impuso tras la euforia de la noche del domingo, cuando el expresidente (2013-2015) celebraba, con el 83 por ciento del escrutinio, una segunda vuelta con el esperado cara a cara en las urnas entre él y Evo Morales, al no conseguir éste más del 40 por ciento con una diferencia de diez puntos sobre su seguidor ni superar el 50 por ciento de los votos. Con temple y pidiendo calma, Mesa evitó agitar o incitar a la violencia aunque el Gobierno le acusa, exactamente, de eso. «Las armas de la democracia –insistió– son las únicas posibles con las que tenemos que enfrentar esta situación inaceptable y vergonzosa».

Un vacío en el recuento

El origen del malestar en la población y en las filas que no responden al oficialismo viene de lejos pero la chispa que provocó el estallido se prendió el lunes, después de que el Tribunal Supremo Electoral ordenase la suspensión del sistema TREP (Transmisión de Resultados electorales Preliminares) cuando se había alcanza el 83 por ciento del escrutinio.

«Lo hizo sin explicación lógica», observa el diputado electo José Ormachea. 24 horas después se reinicio pero «arrancó a partir del 95 por ciento». El resultado original, que garantizaba una segunda vuelta, desapareció en ese lapso de tiempo y reorganizó a su antojo los guarismos que pueden permitir –si no se remedia antes del 100 por ciento del recuento– la proclamación de Evo Morales o su prórroga como caudillo de Bolivia, cinco años más.

Ormachea observa, «se suponía que el TREP iba a ser un instrumento confiable pero ya no lo es. Aquella interrupción lo ha desvirtuado todo. No se sabe qué paso en todas esas horas». Lo que sucedió es posible que no se aclare nunca si finalmente se ajustan los números en el recuento oficial para que haya un balotaje pero, en cualquier caso, quedan para la historia –o la Justicia verdadera– las denuncias presentadas. «Yo la cursé ante la OEA para que conste en su informe», aclara el diputado de Comunidad Ciudadana.

El tiempo corre en contra de la imagen de Bolivia y del Gobierno. Cuanto más tarden en proclamar los resultados más riesgo hay de que empiece el serial de violencia que, por fortuna., hasta ahora se ha saldado sin muertos.

«Legalmente –comenta Ormachea- tienen seis días para facilitar el recuento completo pero estimamos que antes de mañana (por este miércoles) podría estar todo». Este martes, el cómputo oficial al 84% del escrutinio, arrojaba un 44% de sufragios para Evo Morales, y un 40% para el opositor Carlos Mesa. De mantenerse, la segunda vuelta el 15 de diciembre sería un hecho.

Huelga general

Las escenas de la madrugada pasada no pasaron inadvertidas y encendieron las luces de alarma. La Paz, Oruro, Chuquisaca o Tarija fueron campos de batalla y escenarios de saqueos. En Potosí, paraíso de las minas de plata, la turba prendió fuego al Tribunal Electoral Departamental (TED). Dos personas se arrojaron al vacío, desde un segundo piso, para evitar las llamas. En Santa Cruz, la región «camba», donde la población blanca y de alta estatura rompe con el tópico de que los bolivianos son de baja estatura, se convocó una huelga general para mañana miércoles.

El lunes, de norte a sur del país, la población, con experiencia en revueltas, hizo acopio de víveres en supermercados y colas descomunales de automóviles aguardaban su turno en las estaciones de combustibles para llenar los depósitos. Hoy la escena era otra, después del aviso de la OEA y la reunión de los Embajadores convocada por Evo Morales, la calma volvía y las manifestaciones eran cosa del pasado (reciente).

Carmen de Carlos

Fundado el 4 de agosto de 2003

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