Lunes, 08 Junio 2020 00:00

Finalmente, también se trataba de la economía… - Por Eugenio Paillet

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En términos fáciles de percibir, el presidente Alberto Fernández acaba de dar señales de que le sigue importando la lucha contra el coronavirus como primera prioridad, pero que a la vez ahora también le importan los efectos de la pandemia sobre la economía.

 

El Presidente empezó a escuchar a un sector al que hasta ahora más bien solo le había dedicado críticas. Podría afirmarse, antes de avanzar, que Alberto ha querido en ese cambio enviar un mensaje clarificador, tal vez tardío si se revisan los números. Para quienes le endilgan haberse “enamorado de la cuarentena”, que ciertamente le ha dado claros beneficios en las encuestas, sin importarle los enormes costos sociales que provoca.

En buen romance, entendió por primera vez de manera gestual, y no porque no lo haya entendido antes sino porque ahora hizo movimientos en esa dirección que son elocuentes, que no solo importa la lucha contra el coronavirus sino también el consecuente derrumbe de la economía con sus gravísimas secuelas sociales.

Primera conclusión: el Gobierno también ha sido lector ávido en la última semana de encuestas e informes de diverso tono, incluso uno dramático de la Universidad de La Matanza, que justamente no puede ser sospechada de integrar el ala “anticuarentena”, que advierten sobre el derrumbe no ya de empresas, comercios e industrias, sino de la vida familiar.

En promedio, podría sostenerse que seis de cada 10 argentinos sufren de tres pandemias: la del coronavirus y su terror mezclado de contagio y muerte; la económica, por la brutal caída de sus ingresos, endeudamiento y pérdida de empleo; y la psicológica, que es la que cuentan que más impresionó al presidente, con sus secuelas de depresión, consumo desmedido de alimentos y alcohol y hasta arrestos de violencia domiciliaria.

Veamos aquellas señales. El Presidente salió de su encierro en Olivos y visitó empresas, automotrices, alimentarias, textiles, laboratorios y de otros rubros. Visitó cinco provincias y reabrió el diálogo con los gobernadores, en especial con aquellos que se quejan del “romance” de Alberto con Rodríguez Larreta o de los que se sublevan otra vez por el exacerbado centralismo porteño en desmedro de las economías del interior. Sergio Ziliotto de La Pampa y Alberto Rodríguez Saá de San Luis son dos buenos ejemplos de esos estados de ánimo que ha tenido que atender.

En la semana dio tal vez una de las mayores señales de esta etapa: se reunió en Olivos con los diez o doce principales empresarios del país. Con una aclaración expresa de parte del Gobierno: no lo hizo con las cámaras empresarias propiamente dichas, sino con los hombres de negocio que las integran. Que son quienes a diario reclaman una mayor apertura de la economía, en especial en sectores de la construcción y metalmecánica.

Es decir, Alberto atendió personalmente el costado más cuestionado hasta ahora por sectores del oficialismo. “No soy ningún loquito que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor”, había rezongado el presidente en un reportaje radial justo unas horas antes de la convocatoria a los actores de la economía real.

En ese mismo encuentro, un dato que no es menor dentro de esa impresión de un cambio palpable del Presidente, les dijo sin nombrar a nadie en particular pero con destinataria fija que efectivamente no hay en su cabeza ninguna “idea loca” destinada a quedarse con acciones de las empresas a las que el Estado ha salido a solventar en la emergencia.

Hay dos frases textuales que rescató de ese encuentro el titular de una de las empresas líderes en exportación de tecnología y software. “Quiero que me ayuden entre todos a dibujar juntos el mapa de lo que viene”, fue la primera de ellas. Y la otra: “mi lucha es contra la pandemia, no contra nadie, y menos contra los empresarios”.

Otra señal de ese cambio de rumbo, de “es la pandemia, pero también la economía”, como lo gráfico un funcionario que lo frecuenta a diario, el Presidente dejó correr un rumor que se había instalado desde antes de aquel encuentro y que nadie en el Gobierno ha desmentido: el proyecto contra la riqueza que elaboraron Máximo Kirchner y Carlos Heller, al que en su momento le dio su bendición, por ahora ha sido frenado.

Ésa es al menos la intención de Alberto ante un pedido puntual de Martín Guzmán para no empañar el proceso de renegociación de la deuda. Se verá si el cristinismo duro en el Congreso decide otra cosa. Pequeña anotación al pie: la mayoría de los empresarios que lo visitaron estarían comprendidos en el pago de ese tributo por única vez si efectivamente se convierte en ley.

El almuerzo con Roberto Lavagna, previo a su encuentro con empresarios, aplica sin dudas a esa nueva mirada. No es que el presidente y el exministro no hablen: lo hacen con frecuencia y hasta se han visto más de lo que trasciende. El tema es que en esa comida el Presidente quiso escuchar casi sin interrumpir lo que tenía Lavagna para decir en términos de las medidas que el Gobierno debe adoptar para empezar finalmente a “asociar” pandemia con derrumbe económico.

La extensión de la cuarentena diferenciada entre aislamiento y distanciamiento social hasta el 28 de junio anunciada el viernes por el presidente, con todas las alarmas encendidas en el AMBA y más contemplativa en el resto del país según realidades locales puntuales, correrá ahora a la par de aquella atención puesta en la recuperación de la economía pospandemia.

Eugenio Paillet

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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