Domingo, 05 Julio 2020 00:00

La Matanza: política y evangelio en tiempos de pandemia - Por Silvia Mercado

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Más de 5000 infectados y casi 70 muertos. ¿Por qué el Obispo de San Justo tuvo que levantar la voz para ser escuchado?

 

“En estos barrios donde el Estado se corrió, en estas barriadas que el Estado soltó de su mano, la Iglesia hace una apuesta a la vida para dejar la presencia de Dios bien plantada”, se dice en el final de un video producido por el equipo de comunicación “La Voz de San José”. Las palabras no son de un dirigente opositor, sino del padre Nicolás “Tano” Angelotti, responsable de la Parroquia San José en una de las zonas más necesitadas de La Matanza. Las pronunció este año, en marzo de 2020.

Angelotti despliega una tarea de excepcional compromiso en uno de los 115 barrios humildes y asentamientos que hay en el distrito más grande de la Argentina, donde viven casi 2 millones de personas en aproximadamente 325 kilómetros cuadrados. Pero no está solo. Además de la gente del lugar, sería imposible la tarea que desarrolla sin la Comunidad de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares de la Ciudad y el Gran Buenos Aires fundada por el padre Carlos Mugica hace casi 50 años y el obispo de San Justo, Eduardo García, uno de los obispos que tiene mayor vínculo con el Papa Francisco.

Esa relación, más el interés personal que Bergoglio tiene en la tarea pastoral -territorial- de los llamados “curas villeros” podría ser un pasaporte para que puedan desplegar su obra. Incluso Máximo Kirchner se interesó especialmente en la tarea que desarrollan, recorriendo el lugar con el padre Tano antes de que Alberto Fernández asumiera la Presidencia. Pero también después, cuando empezó la pandemia y la dirigencia de La Cámpora entró en pánico al ver la crisis sanitaria que sobrevendría en las villas. Sin embargo, nada alcanzó.

Esta semana, el obispo García, acompañado por el padre Bailicio Britez, el padre Santiago Rostom, el padre Mauricio Cardea, el padre Fabián Fusca, el padre Ramiro Borelli, el padre Cristiano de Assis Nobre Almeida, el padre Hugo Salas, el padre Jean Bosco Nsengimana, el padre Anaclet Mbuguje, el padre Daniel Echeverría y el ya nombrado Angelotti, emitieron un comunicado inusualmente duro contra el intendente Fernando Espinoza, pero también contra la gestión del gobernador Axel Kicillof.

Con una escritura impecable y dando precisiones sobre el “drama del COVID-19 en los barrios populares de La Matanza”, los sacerdotes liderados por el obispo García se quejaron porque “recién hace diez días que se han comenzado a realizar los testeos en nuestras barriadas y en algunos casos han sido simplemente encuestas”. Y reclamaron que el operativo Detectar sea permanente, no asista una vez y se vaya para no volver. “Debe implementarse de modo estable en los barrios buscando acompañar la situación epidemiológica de nuestra gente”, pidieron.

Después de listar la tragedia puntualizando que “los teléfonos oficiales no dan respuestas; los traslados no se dan a tiempo; las personas que esperan resultados vuelven a sus hogares y no a lugares de aislamiento: los resultados llegan demorados; no se da un seguimiento regular de los casos de aislamiento; hay poca presencia del Estado ayudando a que se cumpla con el distanciamiento social, el uso de barbijo, las reuniones en espacios públicos; no se conoce la cantidad de personas con Covid positivo en nuestros barrios, lo que hace imposible recalibrar el trabajo comunitario que hacemos”, demostrando que no están hablando desde un escritorio, entraron en consideraciones sobre cómo debe actuar el Estado.

Muy críticos y exhibiendo capacidad para el análisis teórico, expresaron que “no basta una intervención estadocéntrica que cree poder solucionar todos los problemas directamente y sin otros actores locales, así como tampoco alcanza con comunidades que se organicen sin el acompañamiento del Estado. Es necesario buscar estrategias que fortalezcan la red entre el Estado y las organizaciones comunitarias”.

Días después, el Obispo emitió otro comunicado informando que se reunió con el Intendente y que acordó poner un referente del Municipio en cada uno de los barrios para garantizar aislamientos, traslados y seguimientos de casos, además de que nombrar un responsable del plan Detectar.

Parece poco, pero organizar cómo transcurre la vida de las familias con casos de confirmados de Covid es un asunto de extrema complejidad para personas que viven hacinadas en barrios hacinados y desde hace décadas. Y dar en la tecla de un dispositivo eficiente de aislamiento en esos barrios, que hasta ahora no se encontró, puede ser la verdadera puerta del éxito sanitario en la provincia de Buenos Aires.

Todo era alegría en la segunda semana de marzo en las barriadas más pobres de La Matanza, entre San Justo y Ciudad Evita. Una camioneta cruzaba por Puerta de Hierro, 17 de marzo, San Petersburgo y 17 Bis con un altoparlante que convocada a “los queridos vecinos, ahora somos una parroquia, somos una sola familia” y convocaba a una misa en la catedral de San Justa para festejar que el esfuerzo de tantos años había tenido sentido, la obra pastoral se extendía y el Papa Francisco había enviado desde el Vaticano una imagen de San José.

El padre Tano fue clave para ese salto cualitativo. La energía de sus 35 años logró lo que cinco o diez años atrás parecía imposible, iglesias en todos los barrios, polideportivo, jardín maternal, centro contra adicciones, atención de adultos mayores. Escuchar lo que dice la gente que trabajaba en la parroquia antes, cuando el padre Bachi repartía su tiempo en distintos barrios y ponía el mejor empeño, pero no podía multiplicarse, hasta que el Obispo logró presupuesto para crear “una sola parroquia, una sola familia” para esos barrios, definitivamente emociona. Después, vino la pandemia y se vieron urgidos a cambiar los espacios, las tareas, las prioridades.

Hay quienes ven en las duras críticas que el obispo García expresó una pelea territorial entre La Cámpora y los barones del conurbano. Lo dicen porque vieron a Máximo, a Juan Grabois, a los cuadros medios de la CTEP caminando con los curas villeros. También porque La Matanza es un territorio complejo y hostil, cruzado por las pasiones más salvajes de quienes buscan sobrevivir en las más duras y extraordinarias condiciones.

Hasta la Iglesia Católica, con una sensibilidad territorial de la que muchos partidos políticos carecen, se dio cuenta de que era imposible ejercer su tarea pastoral desde una sola diócesis y la dividió en dos, dejó la de San Justo y creó en el 2000 la de Gregorio de Laferrere, que ahora es monseñor Jorge Torres Carbonell.

¿Por qué nadie en la Argentina se anima a encontrarle una salida racional a ese Municipio, que tiene 16 localidades, concentra el 12% de la población de la provincia de Buenos Aires y hoy tiene 5268 casos de coronavirus confirmados, 64 víctimas fatales y una suba de casos que alcanza el 50% de la semana anterior?

Silvia Mercado
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