Domingo, 25 Septiembre 2016 13:36

En qué se parecen Mauricio y Cristina

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

El gasto público es la gran apuesta de Mauricio, como fue la de Cristina en 2015. Una prueba está en las cifras.

 

 

Si fuese posible sostener que Mauricio Macri o quien maneja las cuentas en su gobierno tiene pasión por los burros, se podría afirmar que han empezado a apostar fuerte a las patas de un caballo llamado gasto público.

 

Y si salvando diferencias otro tanto pudiera hacerse con Cristina Kirchner y su gobierno, la conclusión da que el año pasado ellos también apostaron en grande al mismo caballo.

 

Hay un hilo que une ambas jugadas. Es el de la política: ahora, Mauricio entrando a la carrera por las elecciones de octubre de 2017 y antes, Cristina metida de lleno en las de 2015. Cada cual a su manera, los dos con la mira colocada en su propio futuro.

 

Un informe de la Consultora Ledesma permite entender de qué se trata la movida del actual presidente. Dice que según el Presupuesto Nacional del año próximo, entre agosto y diciembre de 2016 el aumento del gasto primario –sin computar intereses de la deuda– será del 39,4%. Esto significa 12 puntos más que el 27,5% de los primeros siete meses: ahí aparece parte de la apuesta de Macri.

 

¿Y cómo había sido la de Cristina? Nada que se diga distinto, tal cual muestran cuentas de la Secretaría de Hacienda.

 

Hasta julio de 2015, el gasto crecía al 40,8%, o sea, bastante parecido al objetivo de Macri para los últimos cinco meses de este año. Pero hacia fines de septiembre el gasto kirchnerista empezó a desacelerarse hasta el 27,3%: casi calcada, la diferencia arroja poco más de 13 puntos.

 

Luce claro que la ex presidenta apostó todos los boletos a la primera vuelta de octubre y que después aflojó las riendas, ya sea porque comenzaban a escasear los recursos o porque descontaba el triunfo de Daniel Scioli, el de ella misma.

 

Detrás de ambos operativos asoma un rasgo común, conocido de sobra. Bombear gasto público equivale a bombear consumo y actividad económica y a jugarse por una cosecha de votos ganadora. Una eventualidad, al fin, porque está probado que ni aún el caballo favorito tiene asegurada la victoria.

 

Las cifras pueden abrumar, pero a veces ciertas cifras explican las cosas mejor que muchas palabras. Y para el caso valen otras de la hoja de ruta del actual presidente.

 

De enero a julio, los gastos de capital acumularon una caída del 5%, enorme contrastada con la inflación anual. Pero entre agosto y diciembre, también con la proa enfocada a las elecciones, pegarían un salto del 33,5%, o de 38,5 puntos porcentuales.

 

Gasto de capital es gasto destinado a movilizar obras públicas, construcciones, caminos, viviendas y, en tiempos electorales, todo de efecto rápido y bien visible en los carteles. Nueva y oportunamente, actividad económica y empleo.

 

Si las cosas se hicieran como dios manda esas inversiones debieran ser distribuidas parejo, sin distinguir entre gobernadores e intendentes más o menos aliados de aquellos que no lo son. Pero se sabe: hay cuestiones de los humanos en las que Dios no se mete, como jamás se metió con la discrecionalidad kirchnerista.

 

La política vuelve a asomar observando otra partida del programa fiscal macrista. Este año, las transferencias corrientes a las provincias y de seguido a los municipios aumentarán nada menos que 152%.

 

Es dinero para salarios, jubilaciones y gastos de funcionamiento. Y la pata financiera de la conexión gobierno central-gobernadores, que aceita leyes del oficialismo; sobre todo en el Senado, donde pesan los votos quienes representan intereses de sus Estados, además de los propios.

 

Hay más en este boletín, pero tanto número junto cansa. Mejor un respiro.

 

Por donde se lo mire, el plan oficial ha cortado el año en dos: tocó ajuste en la primera parte y tocará plata abundante en la segunda.

 

Así, en el camino de una fase a la otra se acrecentará la brecha entre los gastos y los ingresos, que en teoría, sólo en teoría, debían correr parejos. Y así también achicar el déficit quedó para cuando la política disponga: si hasta patinaron los alcances del aumento de las tarifas, encima armado de la peor manera.

 

Quedó entonces la contracción monetaria como única herramienta antiinflacionaria explícita –la implícita es la recesión–, más un nivel de las tasa de interés que levanta polvareda dentro y fuera del Gobierno. Más un atraso cambiario que amenaza con complicaciones futuras y, dicen, preocupa al Presidente.

 

La apuesta a la inversión privada como motor del crecimiento económico, desde un principio demasiado ambiciosa, fue reemplazada por otra enfocada en la demanda: impulso al consumo y obras públicas de rápida ejecución.

 

Y si al kirchnerismo siempre se le criticó la visión cortoplacista de la economía, ahora o hasta que se demuestre lo contrario, el mismo saco le cabe al macrismo. La diferencia es que en un modelo el gasto estatal fue cubierto a pura emisión y en el otro, mientras no llegue el ajuste fiscal, con endeudamiento copioso.

 

Casi ni hace falta decir que aquello que sirve ahora también servirá durante buena parte de 2017. O sea, mucha inversión estatal, sumada a la demanda que activará el paquete previsional y a la perspectiva de que los salarios le ganen al dólar y a la mismísima inflación.

 

Ya existen varios datos sobre la mesa.

 

Dos son de este momento. El primero, que el Gobierno empezó a pagar deudas a los jubilados incluso antes de que ingresen los fondos del blanqueo que debieran financiarlos y el segundo, que ya se ha usado arriba del 60% de la partida anual asignada para rutas, caminos y mantenimientos de Vialidad Nacional.

 

Otro dato viene del Presupuesto Nacional y prevé que en 2017 el gasto de capital crezca 35,6%, o sea, el doble que la inflación. Eso es recursos desplegados en el interior del país.

 

Según el plan oficial, el repunte de la economía sería fuerte en las vísperas de las elecciones de octubre o lo suficientemente fuerte como para alimentar las posibilidades del macrismo.

 

“La cuestión es que no sea un rebote sino un avance verdaderamente percibido por la gente”, dice alguien que conoce de este paño. Lo mismo vale para el repliegue del proceso inflacionario.

 

Pasa, sencillamente, que ese combo es el que puede cambiar expectativas, alentar ilusiones y modificar comportamientos defensivos. Consumo y política.

 

Las estadísticas del INDEC acaban de informar que en el segundo trimestre de este año el PBI cayó 3,4%: un 10% la construcción; 7,9% tanto la industria como la producción agropecuaria; 0,1% el consumo y 4,9% la inversión.

 

Los resultados revelan una recesión generalizada, como no se había visto desde la crisis de 2001-2002.

 

Simultáneamente, el organismo difundió los costos de la canasta alimentaria básica y de la incluye otros consumos también esenciales. Y aun cuando no haya cuantificado las tasas de indigencia y de pobreza, está claro que son elevadas.

 

Antes había reportado que entre desocupados y subocupados, hay unas 3,5 millones de personas con problemas laborales. Más, si se agregan aquellos que buscan mejorar su trabajo y no pueden.

 

Desde semejantes pisos parte el Gobierno hacia octubre de 2017. Hablan de todo cuanto debe remontar para acrecentar sus chances en la competencia electoral, pues obviamente no correrá solo. Con Cristina y sin Cristina. 

 

Alcadio Oña

Visto 524 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 23:49

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…