Domingo, 24 Diciembre 2017 00:00

Dependencia: sin los gobernadores, Mauricio Macri no tiene leyes ni gobernabilidad - Por Silvia Mercado

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Los peronistas autodefinidos como "racionales" recuperaron la confianza para el 2019. Pablo Kosiner, presidente de Argentina Federal, reconoció que "hubo quienes quisieron entrar al Congreso y paralizarlo"

 

Una encuesta realizada por un consultor que trabaja para el peronismo acerca de qué oposición quiere la población fue contundente. Consultados sobre el tipo de relación que debería tener con el Gobierno, el 40% dijo que tiene que dialogar, el 41% que tiene dialogar sin bajar las banderas y solo el 9% que debe confrontar.

Se trata de un estudio realizado antes de que Cambiemos forzara la máquina con una reforma previsional impopular, que las espadas del relato oficial eligieron no explicar, pero es la base de un diagnóstico que tuvo el peronismo un mes después de la derrota electoral y sobre la que diseñó su posicionamiento para transitar los próximos dos años, hasta las elecciones presidenciales del 2019.

Por cierto, todos los peronistas de cierta relevancia conocen la encuesta, pero no todos actuaron del mismo modo. Están los que se sienten "perseguidos políticos" del Gobierno, se declararon parte del "antisistema" y se aliaron con un trotskismo que ya no oculta su vocación violenta. Son los nuevos camaradas K, que después de gobernar por décadas Santa Cruz (donde no pueden pagar los sueldos si el gobierno nacional no le manda fondos) y 12 años la Argentina, tienen un discurso más incendiario que el de Nicolás Del Caño. Juntos quisieron asaltar el Palacio de Invierno en verano, y con todos los diputados adentro.

Está la ya angosta avenida del medio del Frente Renovador, que en Diputados solo se quedó con 17 bancas y su líder, Sergio Massa, fuera del Congreso. Graciela Camaño y Felipe Solá hicieron lo posible para ocultar la crisis de identidad que padece el espacio desde 2015, radicalizando cada vez más sus posturas a extremos que solo agradan a los votantes kirchneristas, quienes, puestos a elegir, solo votarán por Cristina o quien ella diga. O sea, jamás a Massa o el massismo.

Y están los peronistas que se sienten representados en el acuerdo que Macri firmó con 23 gobernadores, los "·Consensos Básicos", un pacto de gobernabilidad que le permite a los peronistas con responsabilidades de gobierno asegurarse los fondos para gestionar y ordenar las finanzas de sus provincias e intendencias, lo elemental para construir una chance competitiva para el peronismo en las próximas elecciones.

Es que de las distintas lecturas que pueden hacerse de lo que pasó adentro y afuera de la Cámara de Diputados en la última semana hay una de la que se habló muy poco y queda muy clara: el Gobierno nada puede hacer sin los gobernadores peronistas.

Son ellos, con su presencia en el despacho de Emilio Monzó, los que garantizaron que la reforma previsional fuera aprobada, a pesar de las 42 cuestiones de privilegio y seis mociones que la izquierda, el massismo y el kirchnerismo obligaron a votar en su intento de frustrar la sesión, como ya había sucedido el jueves de la semana anterior.

Esa oposición que creó un clima golpista usó todas las mociones que existen en el reglamento para suspender o postergar el debate. Se votó cuarto intermedio, aplazar el asunto a discutir del orden del día, volver el proyecto a comisión para "discutirlo mejor" y otros varios apartamientos del reglamento. En cada votación, el oficialismo necesitaba mayoría. Y lo logró, una y otra vez, porque la mayoría de los gobernadores -y sus representaciones parlamentarias- estaba convencida de que ese era el camino. Solo esa profunda convicción pudo resistir cada nuevo intento del trostkomassakirchnerismo.

En esas cinco horas de asedio pudo haber pasado cualquier cosa, pero los diputados de Argentina Federal se mantuvieron firmes dando estrictamente el número necesario (ni uno más, ni uno menos) para que la sesión continuara y se votara la reforma.

Fue una muy dura prueba para ese peronismo que apuesta a mantener la gobernabilidad, a pesar de las diferencias que mantiene con Macri. "Soy diputado desde el 2011, y nunca vi algo semejante", confesó el jefe del bloque, Pablo Kosiner. En diálogo con Infobae se mostró muy satisfecho porque "demostramos que las políticas se tienen que discutir adentro del Congreso, y no en la calle" y "se pudo ver un peronismo dispuesto a defender las instituciones".

Kosiner, que es salteño, y fue ministro de gobierno de Juan Manuel Urtubey durante tres años, dijo que "lo que se discutió en la Argentina el lunes, además de la reforma previsional, es cómo se dirimen las políticas en la Argentina, si dentro de las instituciones, o afuera, alterando el normal funcionamiento de la República". "Nosotros pensamos que si Macri en el 2019 se queda o no lo tendrá que decidir la gente con su voto", agregó.

Ante una pregunta, Kosiner no dudó: "claramente, había quienes querían entrar al Congreso". También fue categórico al opinar que "si la Argentina no sale de la grieta, estamos perdidos como sociedad", porque "nada es blanco y negro, la vida está llena de grises, y donde nunca tenemos que dudar es en apoyar las instituciones de la democracia".

Distintos referentes peronistas que hablaron con Infobae reconocieron que "la violencia golpista impulsada por el kirchnerismo terminó siendo funcional al Gobierno", como manifestó un diputado de la provincia de Buenos Aires. "El Frente Renovador se equivocó al sobreactuar su alegría con los K por haber frenado la sesión del lunes. Yo no lo hubiera hecho. Ellos nunca te van a querer, solo quieren a Cristina y que ella vuelva, no les interesa otra cosa", agregó.

Otro bonaerense, que integra el mismo bloque pero es de otra tribu, se mostró confiado en el camino que se le abrió al peronismo. "Ahora tenemos una oportunidad, demostramos que el Gobierno sin nosotros no puede y tenemos chances firmes de que podemos poner un candidato para entrar a la segunda vuelta y ganarle a Macri".

El Gobierno fue sorprendido por la dura oposición que encontró en Diputados. Primero, creyó que alcanzaba con haber convencido a los gobernadores de firmar los "Consensos Básicos". Después, tuvo que hacer un esfuerzo adicional para llevar a esos mismos mandatarios al Senado a respaldar el proyecto. Fue lo que pidió Miguel Pichetto, para que quede claro que la media sanción se obtendría por pedido de ellos. Pensaron, en la Casa Rosada, que la sanción definitiva sería un trámite. Pero nada es tan sencillo nunca en la Argentina.

En esas 19 horas de sesión donde se puso en discusión la fortaleza de la democracia para resistir presiones golpistas, y hubo quienes soñaron con que la renuncia del Presidente era posible, como en diciembre de 2001 sucedió con el gobierno de la Alianza, algunas cosas quedaron definitivamente en evidencia.

Una, que Macri no es Fernando De la Rúa. Dos, que hay un peronismo dispuesto a garantizar la gobernabilidad para construir un camino competitivo hacia el 2019. Solo les falta el candidato. 

Silvia Mercado
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