Domingo, 17 Febrero 2019 00:00

Mauricio Macri ajusta su agenda internacional para privilegiar su campaña presidencial - Por Román Lejtman

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Tras su gira por Asia, el Presidente viajará a Francia y Bélgica, pero buscará evitar asistir a la Asamblea de las Naciones Unidas en septiembre para concentrarse en el monitoreo de la economía y su reelección

 

Mauricio Macri destina las veinticuatro horas del día a monitorear la economía nacional y planificar su reelección presidencial. Ya no piensa en sus viajes al exterior y si ahora está en Asia fue por un compromiso personal que no podía eludir. A principios de diciembre de 2018, Macri recibió en Olivos al premier Narendra Modi, y allí acordaron una visita oficial para profundizar las relaciones comerciales y políticas entre la Argentina y la India.

Hacia delante, el Presidente tiene previsto una corta gira por Francia y Bélgica y después hará un viaje relámpago a Japón para participar de la cumbre del G20. No quiere ir a la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre y ya resolvió cumplir con toda su agenda geopolítica desde Buenos Aires, si la situación en Venezuela, el acuerdo Mercosur-Unión Europea o una cumbre con Donald Trump no altera su decisión de concentrar los esfuerzos en una campaña electoral que se mueve al ritmo de la compleja situación económica.

Para los socios comerciales de la Argentina y los aliados internacionales de Macri -Xi Jinping, Ángela Merkel, Emmanuel Macron, Jair Bolsonaro y Trump-, el jefe de Estado es un pato cojo que disputa su permanencia en Balcarce 50 con una eventual candidata que no hace declaraciones y es acusada de corrupción sistemática. En este contexto, las giras al exterior mejoran los lazos personales entre jefes de Estado, pero no implican un solo negocio privado a favor de la Argentina. No habrá un dólar desde el exterior, hasta que se conozca el resultado del ballotage.

En el círculo rojo, criticaron a Macri por haber invitado a Graciela Camaño y Agustín Rossi a la gira por Asia, cuando es conocida la posición de estos diputados frente al programa económico que ajusta para cumplir con las metas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, la invitación del Presidente tenía un objetivo político que pasó desapercibido a los protagonistas del establishment local: necesitaba mostrar afuera que hay armonía política adentro, pese a la feroz campaña presidencial. Fracasó en su intento: Camaño y Rossi dijeron que no.

Macri siempre pensó sus giras internacionales para abrir mercados, obtener inversiones y mejorar su relación personal con distintos líderes mundiales. Ese objetivo fue cumplido en los primeros tres años de mandato y ahora el presidente resolvió suspender los viajes y concentrarse en la campaña electoral. Macri detesta que le pregunten sobre Cristina Kirchner cuando viaja al exterior para cumplir una rutinaria agenda protocolar que está a millones de años luz de sus verdaderas preocupaciones.

Tras su gira por Asia, adonde visitará la India, Vietnam y Emiratos Árabes, el presidente viajará a Francia y Bélgica. La tensión política de la gira europea estará concentrada en su reunión bilateral con Macron, y si las negociaciones finalmente avanzan no se descarta un anuncio político en Bruselas sobre el acuerdo bilateral entre la UE y el Mercosur. Por ahora, Macri llegaría a la capital de Bélgica en visita de cortesía: todavía persisten las diferencias técnicas entre los dos bloques regionales y no se espera que se resuelvan en las próximas semanas.

El 22 de junio, se sabrá oficialmente si Cristina corre en la campaña presidencial. Ese día vence el plazo para la presentación de las listas de los precandidatos para las PASO, y tres días más tarde, Macri embarcará rumbo a Japón para participar de la Cumbre del G20. El Presidente pretende una gira corta, pero se trata de una exigencia de cumplimiento imposible: las deliberaciones serán en Osaka y duran dos días en términos formales. Hay que llegar antes, preparar la agenda bilateral y no se descarta que el premier japonés Shinzo Abe proponga una bilateral en Tokio antes del G20 en Osaka.

A mediados del año pasado, el mandatario había decidido que no viajaría a New York para participar de la Asamblea General de Naciones Unidas. Ya había enviado a Gabriela Michetti en 2017 y pensaba repetir la misma decisión política en 2018. Pero la crisis económica y el cierre del segundo acuerdo consecutivo con el FMI obligó a un abrupto cambio de planes y Macri viajó a Manhattan para defender su política económica.

Un día después del discurso de Macri en la ONU y de la renuncia de Luis Caputo al Banco Central, Nicolás Dujovne y Christine Lagarde anunciaban el desembolso de 57.000 millones de dólares aportados por el FMI a las cuentas de la Argentina. A esa hora, el Presidente había regresado a Buenos Aires.

En plena campaña electoral, Macri no quiere ir a la ONU y, si lo hace, es por pedido de Trump para tratar la situación política y social en Venezuela. Nicolás Maduro aún soporta el embate de la diplomacia mundial liderada por la Casa Blanca y no se descarta que Trump utilice la asamblea de la ONU para profundizar su ofensiva contra la dictadura socialista. Macri es protagonista clave en la crisis venezolana y no tendrá otra alternativa que suspender la campaña y viajar a New York.

A un mes de la primera vuelta presidencial.

Román Lejtman

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