Domingo, 31 Marzo 2019 00:00

Macri enfrenta el fantasma de un ballotage peronista, intenta aplacar las internas y apuesta a una campaña personal - Por Román Lejtman

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Los índices de pobreza, la inflación y la suba del dólar pegaron tan fuerte en la intención de voto de Mauricio Macri que sus encuestas reservadas ya no descartan la posibilidad de salir tercero en las PASO y en la primera vuelta de los comicios presidenciales.

 

Macri desecha la posibilidad de un balottage entre alianzas justicialistas, pero los sondeos oficiales alertan sobre una eventual segunda vuelta opositora como consecuencia de la crisis económica y la resistencia social al plan de ajuste.

Macri mantiene su tercio del electorado y aumenta su imagen negativa. Cristina Kirchner preserva su treinta por ciento de votos propios y su techo electoral comienza a subir, pese a sus 11 procesamientos y 5 pedidos de prisión preventiva. Roberto Lavagna se amesetó en los últimos días, mientras que Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey aún no crecen para despegarse como candidatos del peronismo federal.

Frente a esta fotografía preelectoral, las encuestas empiezan a mostrar movimientos sociales muy sutiles que tienen capacidad para modificar el statu quo entre la propuesta de Cambiemos y las alternativas lideradas por Cristina y los dos ex ministros de la administración kirchnerista.

Esos movimientos sociales castigan las probabilidades de reelección de Macri y mejoran la campaña electoral de CFK, Massa y Lavagna. Macri pierde votos por la crisis económica, Cristina mejora su imagen positiva con su silencio pragmático y Lavagna –fundamentalmente—ya es observado como un tercero excluido de la disputa electoral que por ahora dirimen el Presidente y la ex presidente.

Cristina y Lavagna tienen una ventaja coyuntural sobre Macri: los resultados del plan económico. Todavía no es posible predecir cuándo bajará la inflación, se mantendrá estable el tipo de cambio y empezará a disminuir la pobreza y la indigencia. Entonces, hasta que esto no ocurra, el Presidente perderá votos que engrosarán la categoría de indecisos o se deslizaran a las propuestas peronistas.

Macri apuesta a las obras públicas de su gestión, a la ausencia de corrupción estructural en su gobierno y a la agenda internacional que cumplió en los últimos tres años. Esa apuesta consolida el voto propio y retiene una cuota de votantes desencantados, pero no sirve para ganar los comicios presidenciales.

En las mediciones que circulan en el primer piso de la Casa Rosada se revela sin eufemismos la pócima electoral: sólo una mejora económica restaurará cierta confianza en la sociedad, ante una mayoría de votantes de Cambiemos que se sienten defraudados por las promesas incumplidas. Estos votantes, que ya integran la categoría de indecisos electorales, votarán a Lavagna si el exministro de Néstor Kirchner decide jugar su última carta política.

La situación económica complica a Macri y entusiasma a CFK, Lavagna y Massa. Cristina aún juega y sus posibilidades electorales ya no dependen de su moral y su ética personal, porque crece como candidata aunque la Justicia pruebe una y otra vez que cometió actos de corrupción pública. Lavagna y Massa, en cambio, recorren los medios de comunicación para dirimir la candidatura presidencial antes de las PASO.

En los Idus de marzo todavía hay tres tercios parejos: Cambiemos, CFK y Alternativa Federal. Pero el plan de ajuste hace estragos en la imagen presidencial. Y si el goteo no cesa, Macri puede llegar escorado en las PASO y en la primera vuelta, al margen de la eventual candidatura de Cristina y Lavagna. El Presidente no tiene plan B y descartó –por ahora- el posible Plan V(idal)

Manejo del poder

Además de la complicada ecuación económica, Cristina, Massa y Lavagna aprovechan una ventaja política adicional: no conducen un gobierno que tiene una peculiar forma de manejar su relación con la Corte Suprema, maniobrar en las cloacas de los servicios de inteligencia y acotar las operaciones propias de sus aliados partidarios en Cambiemos.

La suma de estos factores afectan la imagen presidencial y contribuyen a mejorar las expectativas electorales de la oposición que, apalancados en el caso D’Alessio, las posiciones dogmáticas de Carlos Rosenkrantz y las opiniones de Elisa Carrió, castigan a Macri y su manera de ejercer el poder.

Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, directores de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), siempre corrieron detrás del caso D’Alessio. Arribas por ausencia de conocimiento técnico, y Majdalani por conocer demasiado.

Macri no tiene toda la información del caso y no hará una sola jugada institucional en la AFI. Esa actitud presidencial puede ser un error de campaña: ya hay suficiente evidencia judicial que prueba los vínculos entre el caso D’Alessio y una cloaca de la AFI que hacia delivery simultáneo con legisladores del oficialismo y la oposición. CFK, Massa y Lavagna estarán agradecidos por la pasividad presidencial.

A la crisis de los servicios de inteligencia –que aún monitorean a María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Carrió sin orden legal-, se suma el aquelarre en la Corte Suprema. Macri no tiene un solo funcionario que pueda conocer qué sucede en el Cuarto Piso del Palacio de Tribunales. Como sucedió con el caso D’Alessio, las decisiones de Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda –el poder real de la Corte—sorprenden al gobierno y sus ramificaciones parlamentarias y judiciales.

Un ejemplo básico: Macri decide iniciar juicio político a Alejo Ramos Padilla, el magistrado a cargo del caso D’Alessio que puso en jaque a la AFI y complicó la estabilidad institucional del fiscal federal Carlos Stornelli.

La iniciativa presidencial no tiene probabilidades de avanzar el Consejo de la Magistratura y vuelve a desnudar la incapacidad del gobierno para entender la compleja trama que se teje en el poder político y judicial.

Mientras tanto, Lorenzetti, Maqueda y Rosatti –que si saben cómo funcionan las bambalinas del fuero federal y sus anexos-, aprobaron una partida extra de fondos para auxiliar la investigación que Ramos Padilla hace en el caso D’Alessio. Ese error político de Macri fue capitalizado por los operadores mediáticos de CFK, Massa y Lavagna, que están en campaña permanente.

Pero el apoyo a Ramos Padilla no sólo exhibe un movimiento institucional de la Corte. También es la réplica política a las constantes ofensivas de Carrió, que sin consensuar con Macri transformó a Lorenzetti, Maqueda y Rosatti en blancos móviles. La diputada de Cambiemos acusó a estos jueces de "golpistas" y se asume como la líder natural de una cruzada ética destinada a liberar de impíos a la Corte Suprema.

"Lilita está sola. Macri no apoya nada de lo que dice de la Corte y de la AFI. Ya se lo dijimos a Lorenzetti y a Arribas", aseguró un funcionario que respira a la sombra del Presidente.

Arribas, que es amigo de Macri, coincide con la opinión del funcionario clave del Gabinete. Lorenzetti, que leyó más de una vez a Maquiavelo y Hobbes, no cree que Carrió tenga tanta independencia de Balcarce 50.

Matar o morir

Macri acotará sus viajes al exterior (irá a Francia, Bélgica y Japón en los próximos tres meses) y se dedicará a la campaña electoral. El Presidente no teme a los cuestionamientos directos y por eso continuará con su estrategia de visitar lugares públicos y domicilios particulares para explicar su gestión de gobierno e insistir con su reelección presidencial.

Macri tiene pensado recorrer todo el país, aun provincias que son feudos del peronismo –Formosa, San Luis, Córdoba y Santa Cruz-, y poner mucho foco a la provincia de Buenos Aires.

Vidal estará al lado del Presidente, aunque la relación política se ha descascarado un poco. La gobernadora bonaerense sufrió recortes presupuestarios, perdió con Marcos Peña en su propuesta de desdoblar los comicios presidenciales y ardió en llamas cuando se enteró que era investigada por los servicios de inteligencia. Arribas juró inocencia eterna, pero Vidal hace mucho que dejó de ser Heidi.

La gobernadora es leal a Macri y confía en su reelección presidencial, cuando ya muchos aliados –otros gobernadores, ministros, secretarios de Estado, diputados y senadores—empiezan a especular con su futuro político y personal. En igual sintonía está Rodríguez Larreta: fiel a Macri, frío con Peña y rezando que pasen rápido los meses para coronar su segundo mandato en la Ciudad de Buenos Aires.

Macri aguarda la Convención de la UCR para discernir cuántos radicales se pasarán a las filas de Lavagna. Después revisará los sondeos de Jaime Durán Barba para designar su compañera de fórmula –Patricia Bullrich al tope de las opciones—y finalmente avanzará por la Argentina para pelear por su reelección. Prefiere a Cristina y no descarta a Lavagna. En el ring, solo hay lugar para dos.

Román Lejtman

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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