Viernes, 26 Julio 2019 00:00

¿Quiénes son los votantes que definirán la elección? - Por Marcos Novaro

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La verdad es que no se sabe cómo actuarán los indecisos y los decididos a medias. Y no se va a saber hasta último momento, cuando ya sea tarde para que los estrategas hagan recomendaciones útiles a los candidatos.

 

En estas últimas semanas que faltan para las PASO, los comandos de campaña intentan afinar la puntería, “segmentar sus mensajes” como se dice ahora. Lo que significa en buen cristiano interpelar a los distintos grupos de votantes pasibles de ser influidos por las campañas, porque todavía no tienen una decisión tomada o porque la tienen pero pueden cambiar de opinión.

Ya con esta primera distinción entre indecisos y decididos a medias, se abre un interrogante difícil para esos estrategas. No es lo mismo el ciudadano que está atento a los mensajes y noticias políticas, tiene una preferencia más o menos definida, pero todavía duda sobre qué hacer (llamémoslo “voto blando”), que aquél que no se interesa ni se informa, si se entera de novedades políticas es de refilón, cuando está viendo Polémica en el Bar o el Bailando y se “cuela” un debate o algún mensaje de campaña, y lo más probable es que decida a último momento. Los dos pueden aparecer en las encuestas en la misma categoría, como “indecisos”, pero sus actitudes hacia la política podríamos decir que son opuestas: los primeros son los más críticos y exigentes, y los segundos, los menos.

Los auténticos indecisos, los que van a decidir a último momento, son según las encuestas entre 10 y 15% del total, un número más que suficiente para volcar el resultado hacia un lado o el otro dada la actual paridad entre los principales contendientes. En el comando kirchnerista, esperan que esa gente decida por lo que sucede en “su metro cuadrado”, su vida cotidiana y sus preocupaciones más inmediatas, es decir las económicas: inflación, consumo, empleo. Y que no le preste mayor atención a las obras públicas o la corrupción, y menos todavía a Venezuela o los modelos de capitalismo en disputa.

El gobierno sabe que eso será así, pero estima que la demora en decidirse puede jugar a su favor: como esos votantes recién van a inclinarse hacía un lado o el otro poco antes de la elección, tendrán en cuenta la situación en ese momento y la tendencia entonces observable respecto al pasado inmediato, así que puede que pese menos en su decisión el recuerdo de lo peor de la crisis, y más la relativa mejoría que en agosto (y más todavía en octubre) habría respecto a cuando la economía tocó fondo.

Mientras tanto, las encuestadoras hacen proyecciones, pero tienen poca información para fundamentarlas: consideran como guía los índices de rechazo, es decir, a quién detestan o le temen más esos votantes indecisos, al gobierno actual o al anterior. Y cuánto se parecen a otros votantes: si son jóvenes, porque entre los jóvenes la oposición lleva amplia ventaja, si son de clase media, al revés. Son buenos indicios, pero sólo eso. La verdad es que no se sabe cómo irá a actuar esa gente, y no se va a saber probablemente hasta último momento, cuando ya sea tarde para que los estrategas hagan recomendaciones útiles a los candidatos.

Del otro lado, está el “voto blando”, el porcentaje de votantes que puede cambiar de opinión, y en general está más atento a mensajes que pueden volcarlos para un lado o el otro. Para los dos principales contendientes, los porcentajes que importan son sobre todo los de las terceras fuerzas a ellos más cercanas: según un sondeo reciente de Opinaia, el 8% que en principio votaría a Lavagna podría llegar a votar a Macri; con el 14% de quienes manifiestan la intención de votar a Espert sucedería lo mismo; y con el 15% que tiene intención de apoyar a Del Caño también, pero a favor de los Fernández. Otros sondeos arrojan porcentajes de “voto blando” incluso superiores: según cuán eficaces sean las respectivas campañas, podría suceder que vote por Lavagna en las PASO entre 7 y 10% del electorado, y por Espert y Del Caño entre 2 y 5%; es decir que alrededor de 9% del total del padrón estaría aún en disputa entre esas fórmulas y las principales, y se terminaría volcando para un lado o el otro según la eficacia de los mensajes que reciba. Siempre en los dos primeros casos optando entre esas terceras opciones o el oficialismo, y en el caso de la izquierda a favor de Del Caño o de los Fernández.

¿Qué factores pueden llevarlos a tomar una u otra decisión? Es muy difícil decirlo, porque seguramente son un montón de factores distintos los que operan: algunos están probablemente esperando a ver cuán cerrada es realmente la elección, y si es por tanto decisivo que ellos apoyen a uno u otro de los que puede imponerse; otros en cambio están atentos a las novedades económicas, y decidirán si se confirma o no que “hay luz al final del túnel”, porque la receta oficial finalmente está funcionando.

¿Importa también el desempeño de los candidatos en los programas políticos, las discusiones con periodistas y los cruces de acusaciones con sus contendientes? ¿Influyen en algo los spots de campaña o es plata tirada? Todo suma aunque puede que los eventos fuera de programa, los sucesos inesperados, resulten más decisivos que los que se enmarcan en una planificación rigurosa. Si un candidato muestra la hilacha en un programa masivo de la televisión, concitará más atención que cientos de spots, ante los cuales las audiencias suelen desconectarse o bajar el volumen.

Conclusión: el marketing importa, y uno bien enfocado importa doblemente, pero por más desarrollos técnicos que se apliquen los que ganan o pierden las elecciones siguen siendo los candidatos, y los que definen, en elecciones parejas, son los electores que están en el medio, y lo hacen guiados por múltiples factores; por eso la política democrática sigue siendo un juego libre y abierto.


Marcos Novaro

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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