Lunes, 11 Noviembre 2019 00:00

Una reforma para controlar a organismos clave del Estado - Por Walter Schmidt

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El gobierno que viene analiza reconfigurar los organismos anti lavado, anti corrupción, de Inteligencia y Seguridad. Todos estarían bajo el Consejo de Seguridad Nacional.

 

La hipótesis política en estos días previos a la asunción de Alberto Fernández en la Casa Rosada sugiere que el próximo presidente deberá, en algún momento, revalidar su poder ante el frente interno. Su historia peronista y su perfil nestorista lo obligan a dejar en claro que el Frente de Todos tiene una conducción vertical y que, en el vértice superior, sólo está él.

“Lo mismo ocurrió entre Kirchner y Duhalde, cuando Néstor dirimió las cosas enfrentándolo en las elecciones de 2005. En el peronismo no hay lugar para el doble comando”, recuerda un experimentado dirigente del PJ. Alude a los comicios en los que Cristina Fernández fue de candidata a senadora contra Hilda “Chiche” Duhalde. Mas allá de la banca para el Senado, lo que se definía en ese comicio era quién era el Jefe. Y lo fue Néstor.

El interrogante que prolifera es si Cristina Kirchner será “el Duhalde” de Alberto F. o si el mandatario que viene deberá revalidar ese poder frente a un grupo de dirigentes cristinistas que pretenden un gobierno radicalizado. A primera vista, la ex presidente pareciera estar más dedicada a lidiar con el estado de salud de su hija Florencia y a sobrellevar su complicada perspectiva judicial, que a pujar con Alberto Fernández por el manejo del gobierno.

A 29 días del inicio del mandato de un nuevo Poder Ejecutivo, Alberto Fernández ya comenzó a dar muestras de ese proceso de revalidación del poder. El hijo de Cristina y jefe de La Cámpora, Máximo Kirchner, le pidió el control de un organismo vital: la Unidad de Información Financiera (UIF). El ente encargado de prevenir e impedir el lavado de activos provenientes de delitos graves, hoy a cargo de Mariano Federici. Pero no quería sólo el lugar de Federici; pretendía todo el organismo.

Pero Alberto Fernández actuó de manera coherente con su esencia. Le colocó una valla a la pretensión de Máximo y respondió que tanto la UIF como otros organismos sensibles -por ejemplo, la Oficina Anticorrupción (OA)-, los manejará gente del circuito cerrado del presidente electo.

Ocurre que no sólo son organismos de suma relevancia por la delicada información que manejan. En el entorno del Alberto cuestionan con dureza las gestiones de Federici y Laura Alonso, querellantes en varias causas de la denominada corrupción K que involucran a Cristina. Utilizan como argumento que ambos funcionarios resultaron “funcionales a la estrategia” del macrismo, de la polarización, enarbolada por Jaime Durán Barba y Marcos Peña, con el aval del presidente Mauricio Macri. Y que en particular la UIF habría hecho “poco” respecto de casos de lavado de dinero en los que podrían haber estado involucradas entidades bancarias.

Claro está que tanto la UIF como la OA se ocuparon, sobre todo en los primeros tiempos de la gestión macrista, de que la Justicia federal saliera del letargo y se pusiera a investigar denuncias de corrupción que derivaron en las causas de Los Sauces, Hotesur y los cuadernos de las coimas.

Quien trabaja para Alberto Fernández en el diseño de un nuevo organigrama es el repatriado Gustavo Beliz. Contra reloj, el ex funcionario elabora un paquete de leyes que comprende la creación del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), un superorganismo que tendrá varias áreas vitales bajo su órbita. Desde el albertismo aseguran que además de la UIF y de la OA, analizan reconfigurar al Ministerio de Seguridad y la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), para que todos sean entidades que funcionarán subordinados a la conducción del Consejo.

El planteo de Máximo Kirchner está claro, es consecuente con el interés de Cristina. En alguno de los tantos diálogos entre el presidente electo y su vice, ella le habría manifestado que sus prioridades para el mandato que viene son, además de su hija, las causas judiciales en su contra y el manejo de la AFI. Si bien comandará el CSN alguien de confianza de Alberto, quizás a modo de gesto le permita a Cristina nombrar a quien maneje a la siempre polémica agencia de inteligencia.

Probablemente no será Beliz el titular del Consejo de Seguridad Nacional. El ex ministro de Justicia y Seguridad de Néstor Kirchner tuvo que dejar el país luego de advertirle al entonces matrimonio presidencial sobre supuestas maniobras ilegales y corrupción que se escondían en las operaciones de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE), para lo cual señaló al director de Contrainteligencia “Jaime” Stiusso y hasta reveló su foto durante una conferencia de prensa. Esa experiencia, que lo marcó a fuego, lo obligaría a buscar mantener un perfil más cuidado. “No quiere ser el capitán sino más bien ocuparse de algún área vinculada a la modernización del Estado”, reveló una fuente del albertismo.

Quien es mencionado para ese cargo y trabaja a la par de Beliz es Diego Gorgal, especialista en temas de Seguridad vinculado a Sergio Massa, que además fuera secretario de Seguridad de Aníbal Ibarra en el gobierno porteño.

Gorgal dedicó varios años de su estadía en Estados Unidos a capacitarse en materia de Seguridad y, en ese marco, en los protocolos de la DEA (Drug Enforcement Administration), la agencia norteamericana especializada en el combate y el control del narcotráfico en el hemisferio.

Para dar a luz al Consejo de Seguridad Nacional, lo lógico será la aprobación del Congreso nacional ya que deberían modificarse dos leyes: la ley 25.520 de Inteligencia Nacional y la ley 24059 de Seguridad Interior.

Para algunos especialistas, sería “una torpeza” que Alberto Fernández busque su creación vía decreto.

Walter Schmidt

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