Jueves, 09 Enero 2020 00:00

Mariano Caucino: “Las potencias mundiales siempre jugaron un rol en Medio Oriente”

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Mariano Caucino, especialista en política internacional y ex embajador argentino en Israel y Costa Rica analiza la crisis en Medio Oriente a partir de la decisión del presidente Donald Trump de ejecutar al líder miliar iraní Qassem Soleiman, jefe de la guardia revolucionaria del régimen de Teherán.

El rol de Washington y Moscú en la región, las consecuencias para Israel y la rivalidad entre sunnitas y chiitas en la zona más caliente del mundo actual son algunos de los puntos de esta extensa entrevista.

- Usted regresó desde Israel hace aproximadamente un mes al terminar sus funciones como embajador argentino en Tel Aviv. La situación en Medio Oriente parece haberse complicado en estas semanas, ¿qué reflexión puede hacer?

- Mire, Medio Oriente siempre ha sido un centro de conflicto geopolítico por su estratégica posición geográfica, como puente entre Asia y Europa. Pero es cierto que en el último siglo como consecuencia de la disolución del Imperio Otomano y la división no ausente de conflictos en distintas unidades políticas decidida hace unos cien años por las potencias clave de la época, Francia y el Imperio Británico, así como por el surgimiento del petróleo como fuente de energía decisiva, esa relevancia se ha incrementado.

Ahora, usted me pregunta por la situación actual en la que se verifica un aumento importante de la tensión entre los Estados Unidos y el régimen islamista de Irán, le diría que es evidente que estamos en un punto de incremento de conflictividad en una relación que tiene un carácter de enfrentamiento prácticamente total desde la caída del Shah Reza Pahlevi en febrero de 1979 y la fundación del régimen de los Ayatolas surgido de aquella revolución.

Lo que ocurrió en estas semanas es que el presidente Donald Trump decidió un curso de acción verdaderamente impactante dado que por primera vez optó por una respuesta directa ante las agresiones de Teherán. Mi sensación es que Trump no podía permitir que se lo comparara con el presidente Jimmy Carter, quien perdió su reelección en 1980 a manos de Ronald Reagan como consecuencia de la humillación sufrida por su país cuando elementos extremistas tomaron la Embajada norteamericana en la capital iraní a partir del 4 de noviembre de 1979 manteniendo varias decenas de rehenes durante 444 días causando una herida gravísima en el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos.

Todo indica que el intento de la toma de la Embajada americana en Bagdad en los primeros días de enero fue la gota que colmó el vaso que provocó la orden presidencial de eliminar a una figura clave del régimen de Teherán como Qassem Soleiman, el jefe de la guardia revolucionaria iraní. Tenga en cuenta que en los últimos meses los iraníes o sus aliados habían realizado acciones graves como el derribo de un dron norteamericano y también contra Arabia Saudita amenazando comprometer seriamente el tráfico en el estrecho de Ormuz, a través del ataque a varios buques petroleros de distintos países, así como mediante el ataque de instalaciones petroleras saudíes.

En todas esas oportunidades, el presidente Trump había exclamado duras consignas contra Irán, pero se había abstenido de responder militarmente. Incluso, entre los comentaristas en la prensa norteamericana se decía que Trump parecía una suerte de reverso de Theodore Roosevelt quien recomendaba “hablar suave y llevar un gran garrote”.

- ¿Cómo afecta a Israel este conflicto?

- Lo primero que hay que tener en cuenta en ese sentido es que el liderazgo del Estado de Israel, esto es, su clase dirigente, entiende que la única amenaza existencial en su contra es la que proviene del régimen de Teherán dado que los iraníes han venido sosteniendo desde 1979 una política que promueve la eliminación del Estado de Israel.

Por ello, para Israel la prioridad estratégica número uno es impedir por todos los medios que Teherán complete su programa nuclear y evitar que Irán disponga de armas nucleares es un imperativo categórico para Israel. Toda la población de Israel comprende perfectamente que, si algún día pierde el monopolio en la posesión de armas nucleares en Medio Oriente, su existencia estará verdaderamente comprometida.

Usted piense que Israel es un país que ha ganado todas las guerras en las que participó, algunas de manera decisiva y contundente, como la de 1967, en la que en tan solo seis días logró destruir la capacidad militar de tres países que entonces lo jaqueaban: Egipto, Siria y Jordania. Pero ocurre que hoy Israel mantiene relaciones diplomáticas con Egipto y con Jordania y mantiene además relaciones de cooperación y entendimiento estratégico con una importante cantidad de países árabes sunnitas, por caso Arabia Saudita y varios países del Golfo Pérsico.

Con ellos, precisamente, comparte un interés común que es impedir que Irán alcance el grado de liderazgo regional al que aspira. En este momento hay que tener presente más que nunca cual es la verdadera tendencia del eje del conflicto regional en las presentes circunstancias y este no es el que existe entre árabes e israelíes sino el que se vertebra en torno a la rivalidad entre sunnitas y chiitas, que a su vez puede sintetizarse en el enfrentamiento existente entre Arabia Saudita e Irán como actores fundamentales en Medio Oriente. Por eso es entendible que en atención a los intereses nacionales de Israel el primer ministro Benjamín Netanyahu felicitara calurosamente al presidente Trump por su decisión de atacar a uno de los máximos jerarcas del régimen de Teherán quien era visto como un enemigo declarado del Estado de Israel.

-Trump ha dicho en la campaña que lo llevó a la Casa Blanca en 2016 que su prioridad era concentrarse en la política doméstica “America First” y que para ello promovería un retiro de la presencia norteamericana en Medio Oriente. ¿Esta medida implica un cambio en su política?

-La decisión de eliminar a Soleiman, como hablábamos, responde a mi juicio a la necesidad de responder al ataque a la Embajada norteamericana. Yo no le puedo decir si ello es correcto o no, pero puedo tratar de interpretar el sentido de las acciones.

Le insisto en que mi impresión es que Trump tuvo en mente la situación vivida por Carter hace exactamente cuatro décadas. Ahora, es cierto que la medida parece obligar al gobierno norteamericano a tener que enviar más tropas y desplegar más material militar en la zona. Ello implicaría, si se comprueba en los hechos en el futuro próximo, como usted puede comprender, una alteración de la tendencia histórica que está caracterizada desde hace años por un repliegue norteamericano de la región, como consecuencia, diría, de dos factores decisivos.

Por un lado, por el hecho de que los Estados Unidos han alcanzado su autoabastecimiento energético, una meta de largo plazo que se concretó hace pocos años. Y por otro lado por el hecho indiscutido de que el centro del conflicto mundial está girando decisivamente hacia el Asia, transformando al Pacífico en el escenario donde se encuentran los intereses estratégicos de las dos potencias llamadas a protagonizar el siglo XXI: Estados Unidos y China.

- ¿Cómo cree que sigue el conflicto?

-Henry Kissinger siempre afirma que la historia enseña que por lo general se sabe cómo comienza una crisis, pero no cómo termina. Muchas veces, las guerras estallan por errores de cálculo y por ello es de esperar que los actores se comporten con extrema prudencia. Suele citarse el caso del inicio de la Primera Guerra Mundial cuando ninguno de los actores de aquel gran drama quería que sus acciones desembocaran en aquella tragedia, pero así terminó ocurriendo.

Yo no le puedo decir cómo va a continuar este conflicto porque es altamente imprevisible. Lo único que uno puede hacer es estudiar las tendencias históricas que determinan los acontecimientos dado que los conflictos geopolíticos tienden a mantenerse y a reproducirse en el tiempo.

- ¿Económicamente puede tener consecuencias?

-Es probable. Normalmente, un mayor nivel de inestabilidad en Medio Oriente repercute en un aumento del precio del petróleo. Piense los casos de la Guerra de Yom Kippur en 1973, cuando el precio del crudo prácticamente se cuadruplicó en semanas o lo que sucedió seis años después como consecuencia de la revolución iraní de la que hablamos anteriormente.

Por otro lado, en cambio, el precio se derrumbó a mediados de los 80 cuando los Estados Unidos y el reino saudí desplegaron una política conjunta de aumento de la producción de Arabia Saudita reduciendo los precios provocando una merma letal en los ingresos energéticos de la Unión Soviética.

-Usted escribió dos libros sobre Rusia y es considerado un especialista en la política exterior del Kremlin. Desde ese conocimiento, ¿qué puede decirnos sobre el rol de Rusia en Medio Oriente?

-Fíjese, en Medio Oriente desde tiempos inmemoriales las potencias han jugado un rol decisivo. En distintos momentos, los británicos, los rusos, los franceses y luego los norteamericanos han tenido intereses decisivos en la zona. Incluso en el presente existe un creciente interés chino en la región.

Ahora, usted me pregunta por Rusia. Yo le diría lo siguiente. Moscú ha tenido siempre una mirada atenta en lo que ocurre en Medio Oriente. Si usted mira un mapa, se va a dar cuenta rápidamente las razones de esa situación. Medio Oriente es la zona inmediatamente contigua en el sur de Rusia, desde siempre, como quiere que se llame esa realidad geopolítica inmensa: Imperio Ruso, la Unión Soviética o la Federación Rusa actual.

Por otro lado, en Rusia existen regiones en las que hay una población musulmana importante, precisamente en zonas adyacentes a esta realidad geográfica. Usted podrá recordar las situaciones altamente problemáticas surgidas en las llamadas guerras chechenas de los años 1994-96 y 1999. Por otro lado, Rusia promueve un criterio de resguardo de la estabilidad en la región y ha adoptado, en general, en las últimas décadas al menos una política conservadora que ha rechazado la promoción de las llamadas “revoluciones de colores” en su zona de influencia en Europa Oriental y en Oriente Medio.

Ello ha llevado a un enfrentamiento creciente entre Moscú y Washington en los últimos quince años aproximadamente, después de un breve período de acercamiento y cooperación entre los rusos y los americanos tras la caída de la Unión Soviética. Lo que ocurre es que la política de expansión de la OTAN hacia el Esta ha despertado en el liderazgo ruso un sentimiento de rechazo que por otra parte es comprensible si uno tiene en consideración sus intereses estratégicos históricos.

Esa misma política ha llevado a que Rusia rechazara la invasión a Irak en el año 2003 impulsada por la administración Bush y luego Moscú rechazó firmemente el conjunto de situaciones que daría en llamarse “Primavera árabe” a partir del año 2010/11 y que desembocó en una mayor desestabilización regional. En particular debe tenerse en cuenta la situación en Siria, si se ha logrado estabilizar de alguna manera, fue gracias a la operación rusa iniciada en septiembre de 2015 para salvar a un gobierno aliado de Moscú. No se olvide usted que ya Haffez al Assad, el padre del actual presidente sirio tenía una relación de gran cercanía con el Kremlin en tiempos de Brezhnev. Y no se puede dejar de recordar que Rusia mantiene, como consecuencia de esa relación, las bases militares de Latakia y Tartus en territorio sirio, constituyendo las únicas dos bases rusas en el Mediterráneo.

Por ello es que, en 2015, como decíamos, la decisión del presidente Putin de hacer un esfuerzo militar de importancia para mantener al gobierno sirio fue verdaderamente decisiva. En ese momento, es altamente probable que de no haber sido por el accionar de Moscú, el régimen de Bashar al Assad podría haber caído, con consecuencias difíciles de imaginar, más teniendo en cuenta la inestabilidad extrema a través de situaciones de guerras civiles interminables que se desarrollaron, por caso, a partir de la caída de dictaduras sin duda oprobiosas pero laicas como las de Muamar Gaddafi en Libia o Saddam Hussein en Irak.

Por último, Rusia es vista hoy como la única potencia global en condiciones de ejercer un rol de mediación en Medio Oriente dado que la otra potencia decisiva, los Estados Unidos, son percibidos como excesivamente cercanos a los intereses nacionales de Israel y Arabia Saudita sobre todo desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Trump en 2017 y a partir de la relación de cercanía del influyente asesor y yerno presidencial Jared Kushner con el premier israelí Benjamin Netanyahu y el príncipe heredero saudi Mohamed Bin Salman.

- ¿Usted diría que el mundo es más inestable hoy que hace treinta años, cuando a comienzos de los años 90 había un clima de optimismo global como consecuencia de la caída del bloque socialista?

-Verdaderamente no se si el mundo es más inestable hoy. En algunos aspectos la humanidad ha progresado de una manera realmente extraordinaria. Piense en el surgimiento de una enorme clase media en buena parte del mundo. Hace tres, cuatro, cinco o seis décadas ello no existía.

Si usted mira la cantidad de gente que vivía con menos de dos dólares en 1950, 60, 70 u 80 y compara con la actualidad verá que el progreso de la humanidad es fenomenal. Lo mismo si se tiene en cuenta la extensión de la expectativa de vida. En todo caso diría que estamos atravesando una etapa histórica en la que se ha puesto en duda aquel optimismo tal vez exagerado que indicaba que el fracaso del llamado socialismo real determinaría que el conjunto de las naciones adoptaría el modelo democrático en lo político y el modelo de la economía de mercado en lo económico.

Lo cierto es que hoy en el debate político en Occidente pareciera que aquellas promesas de democratización se han visto frustradas. Tal vez una mirada más pausada más adelante permita evaluar cuan frustradas realmente han estado y cuanto se ha avanzado pese a todo. Piense una cosa, fíjese el triunfo de la democracia en prácticamente todos los países de nuestra región latinoamericana -con algunas tristes excepciones- y piense en los países de Europa del Este.

Hace tres o cuatro décadas estaban todos dominados por regímenes autoritarios o, peor aún, totalitarios. Piense en Polonia, Hungría, la entonces Checoslovaquia, Rumania y los actuales países que integraban Yugoslavia. Hace treinta años todos esos países vivían sometidos al yugo comunista. Lo mismo puede decirse de los alemanes que habían quedado del otro lado del muro, en la llamada República Democrática Alemana (Alemania del Este), que dé democrática solo tenía su nombre.

Veamos el caso de Rusia, por ejemplo, se dice que no hay democracia plena, lo cual es evidente si uno compara con el grado de calidad democrática que existe en los Estados Unidos o en Europa Occidental. Ahora, si usted compara cómo viven los rusos hoy frente a cómo vivieron a lo largo de toda su historia, usted verá que nunca jamás disfrutaron de mayor nivel de libertad. Piense que décadas atrás, vivieron el estalinismo, y antes, el feudalismo. Piense en China.

Si usted me pregunta si es una sociedad democrática al estilo occidental es evidente que no lo es. Ahora, uno debería preguntarse, ¿cuál es el reclamo de avance social en China? ¿Por qué el incremento exponencial en la vida material de los chinos desde 1978 hasta ahora no ha redundado en un reclamo democrático como sin dudas hubiera surgido en una sociedad occidental?

A veces en Occidente tendemos a pensar el mundo exclusivamente desde nuestro punto de vista olvidando que vastas regiones del planeta están pobladas por sociedades que, por caso, no atravesaron el Iluminismo, el Renacimiento o la reforma religiosa, y que por lo tanto tienen demandas que a veces no son exactamente iguales a las que pueden despertar en nuestras sociedades de modo que creo que preguntas como esta última generan en mí más dudas que certezas.

- ¿Cuáles son las consecuencias para la Argentina de una escalada del conflicto en Medio Oriente?

-Lo primero que le diría es que en el mundo actual no existen las posibilidades de escapar a las consecuencias de los cambios estructurales a nivel global. Ningún país tiene hoy la capacidad de aislarse completamente y no recibir el impacto -positivo o negativo- de las fluctuaciones permanentes que tienen lugar a escala mundial.

Ni siquiera las grandes potencias pueden permanecer aisladas dado que desde el punto de vista económico los países tienen un grado de interdependencia muy importante, tal vez el mayor de todos los tiempos, como consecuencia del avance fenomenal de la tecnología que ha desarrollado que en tiempo real usted puede estar conectado con cualquier otro individuo en cualquier punto del planeta, convirtiendo a la sociedad global en una única comunidad en cierto sentido.

Por eso Kissinger habla de “orden mundial” en su reciente libro “World Order” al hacer referencia a que, en nuestro tiempo histórico, existe por primera vez un sistema en el que todos los actores están relacionados entre sí de manera inexorable. Kissinger explica, por caso, que, en tiempos del Imperio Romano, China ni siquiera tal vez conocía la existencia de Roma, y hasta se desconocía la existencia de un continente gigantesco como América, de modo que no podía entonces hablar de un orden mundial único. Lo que le quiero decir, entonces, es que el mundo actual presenta las características de la interconexión, nos guste o no.

Por lo tanto, un país como la Argentina, una potencia mediana, no es ajena a estos fenómenos. En especial, la Argentina tiene una realidad de una cierta vulnerabilidad externa, por sus compromisos. Además, no se olvide, la Argentina fue víctima directa del terrorismo internacional y mantiene un vínculo complejo con Irán, un país gobernador desde hace cuarenta años por un régimen teocrático que ha promovido el terrorismo a través de la protección, financiamiento y entrenamiento de organizaciones terroristas en el mundo entero.

- ¿Qué piensa sobre las declaraciones de la ministra de Seguridad del nuevo gobierno que afirmó que el terrorismo era un tema de los países de la OTAN?

-Creo que está equivocada. Pienso que es una verdad auto-evidente que el terrorismo no reconoce fronteras. En 1992 y 1994 la Argentina fue blanco del terrorismo internacional en los ataques a la Embajada de Israel y la sede de la AMIA. En ambos atentados murieron cien personas. Hasta donde yo se, la Argentina no es miembro de la OTAN y fue víctima del terrorismo. Creo que esa declaración contiene un error y por suerte, fue corregida por otros miembros del gabinete.

- ¿A qué cree que se debe esa declaración?

-Realmente no lo sé porque la ministra es una persona que aparentemente tiene una formación teórica muy importante pero no le conozco su trayectoria política previa que me permita conocer cuál es su pensamiento. Solo arriesgaría a decir, si me permite, que a veces el exceso de ideología conspira contra la implementación de políticas públicas correctas porque se anteponen preconceptos que no dejan ver la realidad.

- ¿El gobierno pretende modificar la política exterior?

-Creo que el gobierno tiene todo el derecho del mundo a desplegar la política exterior que considere. Tiene legitimidad para ello porque ganó las elecciones y la política exterior y de defensa es una facultad central del Presidente de la República.

Lo único que yo lamento es que una vez más corremos el riesgo de caer en un extremo del péndulo. Desgraciadamente, cuando un país oscila en sus posiciones de manera tan tajante con tanta frecuencia, se vuelve poco confiable. Nosotros nos hemos pasado las últimas décadas oscilando entre posiciones a veces contradictorias yendo de un lado al otro.

El tema es tan grave a mi modo de ver que he escrito mi último ensayo sobre la política exterior de nuestro país en las últimas décadas titulándolo precisamente “La Argentina Pendular: los costos de la imprevisibilidad y la oportunidad del consenso”. Algún día entenderemos que para ser considerados seriamente tenemos que tener un comportamiento coherente y consistente a lo largo del tiempo.

Lamentablemente, el mundo es como es, con todo lo bueno y lo malo que tiene. Nos guste o no. Además, una política razonable que atienda el interés nacional debe tener en cuenta las posibilidades materiales de la realidad actual de la Argentina. Debemos procurar encontrar oportunidades en el mundo actual y no pretender modificarlo dado que ello es imposible. Como usted sabe, la realidad está más llena de paradojas que de prejuicios.

Mariano Caucino fue embajador en Israel y Costa Rica. Nacido en Buenos Aires en 1976, Abogado (UBA) y especialista en política exterior. Ha escrito media docena de libros sobre política internacional y relaciones internacionales.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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