Viernes, 27 Marzo 2020 00:00

Delicado equilibrio: cuarentena, ¬estrés social y disciplina - Por Jorge Raventos

Escrito por 
Valora este artículo
(1 Voto)

 

Aunque en el marco de la catástrofe mundial las moderadas cifras que la pandemia genera en Argentina sostienen el respaldo al gobierno de Alberto Fernández que acredita la mayoría de las encuestas, hay muchas señales de que esa atmósfera de resignada satisfacción puede encontrarse con límites­ de distinto carácter.

 

A comienzos del feriado largo de la última semana y más pronunciadamente después de esa pausa, se ha observado un relajamiento de la disciplina social. Primero fueron las columnas de automóviles enderezadas a la costa atlántica. ("una provocación", definió un intendente).

Después del feriado, lo que se notó fue la intensificación del tránsito y la circulación de personas, los bloqueos de los puntos de contacto entre la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, con ochocientos o mil metros de colas de automóviles y largas demoras. Muchos de los ocupantes de esos vehículos no formaban parte de las categorías autorizadas a abandonar el aislamiento.

A una semana apenas de lanzada la cuarentena esa desobediencia es una advertencia a la solidez que pueda tener la extensión que anuncia ahora el Presidente.

DISCIPLINA Y ESTRES

Otro signo de inquietud: en los medios y en las redes han empezado a manifestarse opiniones (y a difundirse informaciones) en principio disonantes con la línea de la cuarentena rígida y la parálisis de la actividad productiva: Por ejemplo, noticias sobre países (Japón, Suecia, Alemania) que han mantenido la sociabilidad o siguen dictando las clases de los colegios o han permitido algunas actividades como los paseos o la actividad física en calles y parques (sin contacto con otros) sin que sus performances sanitarias se perjudicaran. Alemania tiene la tasa de letalidad más baja de Europa, Japón tiene índices de contagio muy contenidos, Suecia muestra resultados mejores que dos países vecinos (Noruega, Dinamarca) que aplicaron soluciones rígidas. Lo sintomático es que esas informaciones empiecen a permear en medios que hasta unos días antes formaban monolíticamente en la tendencia del aislamiento duro.

OTRO DATO EMPIEZA A GANAR ESPACIO

La preocupación por las consecuencias sociales de la cuarentena rígida. No se trata sólo de la situación de los sectores sumergidos en la informalidad (casi la mitad de la actividad económica), sino del hecho mucho más abarcativo de todas empresas de producción y de servicios que, además de estar golpeadas por una extensa recesión, tendrán que soportar un largo período sin recaudación por la cuarentena forzosa

El gobierno de Alberto Fernández ha decidido priorizar la cuestión sanitaria, pero el Presidente sabe que la situación social y económica interna empieza a reclamar espacio.

La suma de lo sanitario y lo social motoriza fenómenos de indisciplina política que pueden volverse serios. La actitud de los municipios que deciden clausurar sus límites para perfeccionar el control objetivamente expropia atribuciones del poder de sus provincias y de la nación. Esa anomalía, instrumentada con criterio provisional y justificada con el argumento de la salud pública es, efectivamente, "un remedio peor que la enfermedad". Un desorden del año 20.

Los intendentes quieren ajustar los controles por el coronavirus, pero también porque temen que la parálisis económica, condicionada por la cuarentena, pueda provocar reacciones o, eventualmente, saqueos. El poder nacional, entretanto, está disponiendo ayuda con alimentos y una colaboración activa de las fuerzas de seguridad y las fuerzas armadas tanto en las tareas sanitarias como en las de apoyo alimentario.

Lo económico y social gana espacio, pero lo sanitario no pierde protagonismo. El tsunami global producido por el microscópico virus sólo parece haber perdonado a pueblos, como Haití, a los que su aislamiento condena a calamidades perdurables, pero preserva, por ahora, del aluvión de la epidemia.

Un fenómeno de estas dimensiones, que ha atacado ya a 172 países del planeta, no produce sólo efectos de corto plazo, sino que dispara procesos y cambios llamados a sedimentarse en las sociedades en las que impacta.

LA POLITICA DE EMERGENCIA

En ese sentido, en el país se observan cambios notables. En principio, la oposición política y comunicacional se ha visto despojada de uno de sus ejes especulativos: el que describía a Alberto Fernández como un mero vicario y a su vicepresidenta, Cristina de Kirchner, como el auténtico controlador del poder político.

Hasta hace dos semanas esa mirada podía resultar plausible para un sector de la opinión pública. Pero desde el mensaje por cadena nacional en el que el Presidente asumió con firmeza el liderazgo de la lucha contra la pandemia, aquella visión ha dejado de ser verosímil. La Argentina está en guerra contra el temible virus y no hay dudas de quién es el comandante en jefe.

Entre otros motivos, no hay dudas porque el Presidente está ejerciendo su función con amplitud, buscando -y encontrando- la colaboración de los partidos de la oposición.

El desafío del coronavirus ha ofrecido al sistema político la oportunidad de saltar por sobre la famosa grieta y encontrar el denominador común de la solidaridad nacional contra un enemigo que no es interno, sino ajeno, "invisible" y letal.

Dato a tomar en cuenta: hacerse cargo de la dramática preocupación social ha despejado también otra incógnita periodística: la figura de Horacio Rodríguez Larreta compartiendo responsabilidades con el Presidente (y con el gobernador bonaerense) se perfila claramente como la del líder emergente de Cambiemos y del Pro (y de paso dirime en la práctica la pulseada opositora entre "duros" y "negociadores").

LOS CAMBIOS EN CAMINO

Hoy se observa que la pandemia es un fenómeno que trasciende largamente la esfera de la sanidad pública. Ya antes de que surgiera la epidemia, nuestro país estaba productivamente estancado, pero también había una desaceleración de la producción industrial en los países avanzados.

El paráte es grave. Más del 90 por ciento de las mayores empresas del mundo van a sufrir interrupciones de la cadena de suministro por el coronavirus.

Un informe del FMI estima el costo anual esperado de la pandemia en unos 500.000 millones de dólares (0,6 por ciento del ingreso mundial). Quizás la teoría del derrame no funciona cuando se trata del crecimiento de la riqueza, pero sin duda se aplica a los procesos de recesión y empobrecimiento: hay una cascada que se traduce en mayor fragilidad social y consecuentemente, un debilitamiento de los sistemas inmunes de amplios sectores.

Hoy el FMI y el Banco Mundial plantean abiertamente la necesidad de perdonar las deudas de los países más postergados y desde varios sectores se formula la necesidad de un "Plan Marshall" para salir de la grave crisis que golpeará tanto a los más postergados como a los más acomodados.

La pandemia crea conciencia. La autoridad, cuando se evidencia que protege y es eficaz, vuelve por sus fueros. (hoy se notan los puntos de simpatía que ha conquistado la dotación de conocimiento y capacidad de acción de China, Singapur o Corea del Sur para contener la pandemia, así como la desconfianza­ hacia gobiernos chapuceros que subestimaron la amenaza, fueron negligentes o desorganizados).

Se valoriza también la provisión de bienes públicos (sistema sanitario y de salud, en primer lugar) y la necesidad de un Estado que los garantice. Es posible que, pasada la pandemia, haya una revisión general de ciertos consensos económicos que parecían absolutamente intocables, que se relativicen criterios de consumismo y de individualismo exacerbado que ya hoy, cuando se expresan rompiendo reglas de solidaridad nacional, son condenados socialmente. Es posible que adquieran importancia posturas destinadas a poner algunos límites sociales a la búsqueda de lucro y posesión.

Ahora, en la emergencia, algunos de esos límites se ponen de manifiesto.

Los estados se ven forzados a inyectar grandes cantidades de dinero para que el sistema siga funcionando: por ejemplo, que las personas que se han quedado temporalmente sin trabajo sigan cobrando para poder pagar las facturas, o que las empresas que no pueden producir puedan pagar a sus trabajadores.

En Estados Unidos, el presidente Trump prometió apoyo económico a la economía de un billón de dólares. En Francia, el presidente Macron ha anunciado que se suspende el pago de alquileres y servicios de luz, gas o agua, mientras el propio Estado se hará cargo de pagar los créditos bancarios de la gente que no pueda asumirlos por culpa de la epidemia.

CONSENSO Y SINTONIA “CUARENTENNIAL”

Argentina, afronta ahora las semanas (o meses) en los que previsiblemente se verificarán incrementos de contagio. Pese a las diferencias de condiciones económicas con otras sociedades, llega a esta instancia con la ventaja relativa de haber, aprendido de las experiencias ajenas y aplicando criterios y saberes propios, adoptado medidas adecuadas precozmente además de haber dispuesto equipos que analizan y readaptan los criterios con flexibilidad.

La cuarentena rigurosa que prolonga el período de aislamientos y "distanciamiento" implica por supuesto que se agravan las consecuencias económicas: toda la sociedad sentirá estos efectos. Y se verá cómo reacciona. Es de esperar que la imprevista sintonía política "cuarentennial" (capacidad de diálogo y consensos políticos) sirva ahora para una aplicación y adaptación fina de las medidas, que ayude no sólo a contener el virus, sino también a aliviar el estrés social, a recuperar paulatinamente la actividad productiva y a abrir válvulas de escape a las tensiones que el aislamiento y la inmovilidad inevitablemente provocan.

Jorge Raventos

Visto 187 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…