Miércoles, 19 Abril 2017 00:00

Tibieza

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¿Cuál sería la palabra que elegiríamos si nos pusieran en el brete de tener que definir con un solo término al gobierno de Cambiemos? Yo elegiría la palabra “tibieza”.

 

Es curioso porque se trata de un término con acepciones muy diferentes, algunas de ellas, hasta contradictorias entre sí. En efecto, la tibieza remite a un ambiente confortable en donde no hace ni frio ni calor, en donde lo templado de la temperatura hace que uno se sienta cómodo.

Pero también trasmite la imagen de la indefinición, de alguien que no termina de decidir un curso de acción o una toma de postura.

Cuando uno analiza la performance del gobierno del presidente Macri se encuentra con estos claroscuros que le impiden calificarlo con palabras extremas. Eso parecería bueno en primera instancia, porque sabemos que todos los extremos son desaconsejables, más en un país que viene de doce años de locura irracional como la Argentina. Pero a poco que se profundiza el análisis uno va cayendo en la cuenta de que esa medianía no lo conforma y de que el método “tibio” va devorando un tiempo que no abunda y unas aspiraciones que no se cumplen.

Este estancamiento es particularmente visible en el costado económico de la vida. En los demás, en donde podemos incluir desde las maneras hasta ciertos aspectos de la institucionalidad republicana, sí se notan contrastes notorios contra la desfachatez kirchnerista. Pero en el terreno en donde los seres humanos –no solo los argentinos- suelen dirimir sus más secretas inclinaciones (me refiero a la economía) se sigue en una mediocridad que a veces exaspera y que otras encuentra manifiestas incompatibilidades con el hecho de que la rueda económica siga su marcha.

El famoso gradualismo del gobierno puede que haya evitado un colapso instantáneo, pero nos está matando de a poco. Las actividades que tienen la virtualidad de multiplicar con mayor rapidez el crecimiento y la generación de empleo (el trabajo independiente, las empresas chicas y medianas) se encuentran fuertemente afectados porque la actividad no se reanuda en los niveles esperados.

El gobierno ha preferido encarar ese inconveniente con dosis homeopáticas de las mismas recetas de siempre: ayuda social, subsidios puntuales, administración de las importaciones, etcétera, etcétera. En ese sentido causan cierta risa los comentarios que aluden “al gobierno de los ricos”, al “ajuste”, a la “falta de sensibilidad”: es justamente porque el gobierno es todo lo contrario a esas expresiones que el país sigue estancado y sin que su economía de señales seguras de estar saliendo.

Una parte del gobierno, en conversaciones privadas, admite estos inconvenientes y dice que para encarar esa etapa de profundización, necesitan ganar las elecciones para enviar un mensaje a la sociedad toda de que una mayoría decisiva apoya los definitivos cambios de rumbos que hay que tomar. Por eso es preciso que en esta etapa preelectoral se refuerce con todos los medios a disposición la base electoral de Cambiemos.

Otros le responden que es al revés, que para ganar las elecciones el gobierno debe volver a entusiasmar, dando señales claras de que es diferente a lo que la Argentina ha conocido en los últimos 70 años y de que realmente se propone dar un golpe de timón crucial para el futuro de las generaciones venideras de argentinos.

En este debate nos encontramos hoy. Mientras, la técnica “gradual” está poniendo en riesgo parte de la base electoral que votó a Macri -porque esa gente hasta ahora solo recibió el impacto (gradual, pero impacto al fin) del ajuste parcial de tarifas, del reacomodamiento de precios luego del levantamiento del cepo, etcétera- la que podría entusiasmarse porque ve que la Argentina inició un camino nuevo que la sacará definitivamente de la decadencia gris con la que convive hace siete décadas, no termina de ver en el gobierno esa fibra firme que los convenza que realmente vale la pena jugarse.

Y mientras esa franja, dueña de los recursos, crea que vamos a seguir más o menos en la misma tónica argentina de siempre (un subsidio aquí, un remiendo allá) no va a tomar decisiones de envergadura que cambien la ecuación de la generación de riqueza y empleo.

Es muy posible que el presidente sepa esto. Es más fácil imaginar que lo sabe, que no lo sabe.

Pero mientras no tome una decisión de fondo para desregular la economía, para liberar el entramado de regulaciones que atan la creatividad y anulan la innovación; mientras no decida bajar drásticamente el gasto y consiguientemente los impuestos; mientras no enfrente el aparato sindical mafioso –como él mismo lo definió- su gobierno (y peor aún, la Argentina) seguirán siendo “tibios”. Un lugar en donde no pasa nada y al mismo tiempo pasa de todo porque la rotación de la Tierra no puede detenerse y por cada minuto que parece que estamos en el mismo lugar, hemos retrocedido 24 horas. 

Carlos Mira

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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