Viernes, 26 Enero 2018 00:00

Aportes para entender el golpismo de Zaffaroni

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

 

El ex juez “declara la guerra al sistema político argentino y propone lisa y llanamente voltear a su presidente”.

 

Michel Foucault (Francia, 1926-1984) fue uno de los más importantes filósofos del siglo XX. Sus aportes a las diversas Ciencias Sociales son invalorables, pero el problema con su pensamiento es que muchos de los influenciados por él intentan traducir -por lo general de modo maniqueo- sus ideas a la acción política, como si se tratara de un Marx del siglo XXI, un profeta además de un filósofo.

Eso se debe a que Foucault teorizó mucho sobre la influencia del poder sobre las ideas, así como Marx lo hiciera sobre la influencia de la economía sobre la ideología.

En opinión de este filósofo, la sociedad occidental es manejada por un tipo de poder que acumula saberes para ponerlos al servicio de su dominio.

Una forma de decir que “el saber es poder”, pero no en el sentido clásico de que el conocimiento todo lo puede para mejorar a las personas, sino casi al revés: como que el poder social se apropia del saber para sus propios fines.

Así, por ejemplo, según Foucault la confesión cristiana tiene como objetivo que la Iglesia “sepa” qué es lo que piensan los fieles para así fortalecer su dominio sobre ellos. No se trata de otorgarles el perdón divino sino subordinarlos lo más posible a los intereses de la estructura eclesiástica.

Del mismo modo, Foucault cree que las instituciones de vigilancia y control como los manicomios o las prisiones, no tienen como objetivo curar a los locos o rehabilitar a los presos, sino utilizarlos de conejillos de Indias para experimentar cómo funcionan los sectores sociales, en especial los más pobres, a fin de que los poderes dominantes puedan manipularlos según su conveniencia.

Para Foucault, ni siquiera los hospitales son para curar enfermos ni las escuelas para educar alumnos, sino instituciones a través de las cuales las clases más elevadas controlan y manejan al resto de las clases.

Hasta allí todo muy interesante como teoría para analizar la sociedad desde una perspectiva diversa.

Pero todo se complicó cuando Foucault creyó necesario traducir políticamente ese pensamiento, dar una respuesta desde la acción social a sus teorías.

Para el filósofo francés, como el poder todo lo domina, la única forma de enfrentarse a él es generar microrresistencias. Y eso sólo pueden hacerlo las víctimas del sistema, los que son abusados, vigilados y castigados por el mismo: vale decir, los presos, los locos, los enfermos, liderados por aquellos “políticos” o “filósofos” (como él) que decidan apoyarlos a fin de extraer de ellos sus potenciales aspectos liberadores, de resistencia al poder y la opresión.

Para Marx, la resistencia al capitalismo la debía hacer la clase obrera; mientras que para Foucault, ahora que las clases sociales incluso las mayoritarias han sido domesticadas por las nuevas formas más sutiles de dominación del capitalismo, los únicos que le pueden hacer frente al sistema son los marginales.

Fue tanta la convicción que Foucault se impuso a sí mismo en el sentido de la traducción política de sus teorías, que finalizó su vida apoyando la revolución teocrática iraní de 1979 creyendo que los ayathollas de algún modo eran una reacción liberadora capaz de enfrentar el poder del Occidente capitalista desde una alternativa antiliberal, espiritual y popular.

Nos hemos extendido en este análisis para ver cómo han prendido estas ideas en muchos pensadores de estos pagos. Tal cual esos carceleros kirchneristas de “Vatayón militante”, que hacían murgas con los presos y les permitían salidas ilegales porque, se suponía, eran las víctimas del sistema. Abolicionistas que creen que la cárcel debe desaparecer porque ella reproduce en chico al capitalismo, por lo que los presos, al ser sus víctimas, pueden aportar a la lucha contra el sistema.

Tanto han prendido estas ideas en ciertas almas sensibles del progresismo latinoamericano, que no sólo han hecho de los presos sujetos revolucionarios sino que han transformado a Irán en el país más “avanzado” del mundo en la lucha contra el imperialismo (rastréese en esta lógica enfermiza el pacto con Irán firmado por Cristina Fernández a influencias de pro-iraníes cabales como Hugo Chávez de Venezuela o Rafael Correa de Ecuador),

Todas estas ideas impregnaron siempre la parte sociológica de las teorías jurídicas del máximo exponente argentino de este pensamiento: Raúl Zaffaroni, pero éste antes lo hacía con alguna moderación debido a su inteligencia. Sin embargo ahora, en sus últimos años, ya devenido un fundamentalista pleno en el terreno político (que no parece ser su fortaleza) en nombre de los presos y los locos al poder, en nombre de Cristina y los ayathollás, en nombre de la supuesta lucha contra el capitalismo y el imperialismo, declara la guerra al sistema político argentino y propone lisa y llanamente voltear a su presidente constitucional elegido por amplias mayorías, ya que no expresa su modo de entender el poder. Foucault necesitaría discípulos más razonables, que le hagan justicia a sus grandes aportes a la teoría social, y no que caricaturicen su pensamiento. 

Carlos Salvador La Rosa
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Visto 858 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…