Miércoles, 12 Septiembre 2018 00:00

Revoluciones e “itinerantes”

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Cuando vemos por televisión las largas caravanas de desesperados venezolanos (también cubanos y nicaragüenses), que huyen de su país porque no tienen comida ni medicinas, nos asaltan dos pensamientos: a) ¡cuánta injusticia hay en las falsas revoluciones “progresistas” que terminan casi siempre en dictaduras! y b) ¡cómo está creciendo en el mundo la virtual “expulsión” de individuos “itinerantes” que terminan viviendo en la marginalidad como ciudadanos de “no lugares”!

 

Por supuesto, “la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer” como dice el vulgo; los desesperados venezolanos son, EN SU GRAN MAYORÍA, quienes apoyaron los delirantes gobiernos bolivarianos desde la época de Hugo Chávez, que hoy les dan la espalda y se burlan de ellos exhibiendo las patéticas conferencias televisadas del Presidente Maduro en las que éste muestra su absurda manera de combatir una inflación del 3.000% sacándole cinco ceros a la moneda, mientras encarcela a los disidentes sin piedad.

Misma historia, idéntico final.

La sociedad latinoamericana está acechada por políticos mesiánicos inescrupulosos que cumplen a la perfección su papel de nuevos flautistas de Hammelin y arrean a la gente dejándola a merced de sus engaños insidiosos.

Para muchos individuos, la libertad de elección se ha convertido así en un fantasma escurridizo o un sueño vano, y el dolor y la desesperación se ven coronados por la humillación de una mala fortuna que no les permite acceder a una vida digna.

En el caso de los emigrados “itinerantes” que abandonaron los piquetes sangrientos en las calles de las ciudades por inoperancia, esto ha ocurrido porque les resulta imposible acceder a una alimentación básica que impida que su descendencia integre en el futuro un lote de “descartables” de característica africana, a quienes será muy difícil proveer de trabajo digno por su falta de cultura y educación para desempeñar tareas relevantes y bien remuneradas.

Los “marchantes” mencionados se han convertido así en “guarniciones de la extraterritorialidad” y ciudadanos de “no lugares”.

Nada de eso parece importarle a los políticos, que siguen montando trincheras fuertemente armadas -por decirlo de alguna manera-, desde las cuales establecen la defensa de sus apetitos personales abroquelados detrás de un poder que intentan retener para sí de cualquier manera, CONTANDO CON LA CREDULIDAD DE SOCIEDADES TENTADAS POR EL BRILLO DE UNA EVENTUAL REDISTRIBUCIÓN DORADA DE LOS INGRESOS.

Existe así una polarización creciente y una fractura cada vez mayor en la que viven dos categorías de ciudadanos: los que mandan merced a sus trampas y corruptelas alimentadas por promesas falsas de una buenaventura que jamás tendrá lugar, y los que carecen de medios para idear una salida inteligente y terminan comprendiendo tardíamente que no hay futuro sin sacrificios.

El kirchnerismo fue en ese sentido un primer paso en esa dirección –por fortuna frustrado- de lo que señalamos, y la herencia que debe afrontar Cambiemos lo obliga a “atajar” la ola de disconformes que fueron engañados y sometidos durante doce años, que ahora marchan por las calles por cualquier motivo como sonámbulos sin bruja.

El gobierno actual no ha acertado con el modo de revertir esta situación. Es innegable.

Sus funcionarios han pecado de ingenuidad, creyendo que con optimismo y “buenas maneras” se podría dominar a mucha gente que se acostumbró a vivir de dádivas y prebendas SIN QUE SE LES EXIGIERA NADA A CAMBIO.

La coalición gobernante está pues en medio de un fuego cruzado que parece haberse convertido en un callejón de salida, y debiera ir pensándose a sí misma como una “transición”, sin más objetivo que terminar dignamente su mandato constitucional, haciendo todo lo que haya que hacer para salir definitivamente de ciclos recurrentes de crisis y decadencia de una sociedad que ha vivido del éxtasis al desencanto.

No creemos, como sostienen algunos, que deba “integrar” al peronismo a su gobierno “en masa”. Solo lograr acuerdos sobre cuestiones puntuales: presupuesto nacional, transferencia de recursos a las provincias y municipios, reducción y/o modificación de impuestos, etc.

Cambiemos debería ser recordado en el futuro como punto de inflexión y para eso necesita hacerse fuerte primordialmente con la gente que acompañó el proceso desde los lejanos días en que conquistó la ciudad de Buenos Aires que, como ha dicho con acierto Graciela Fernández Meijide, sigue siendo una isla de vida “diferente” a su entorno provincial.

Por otro lado, la grieta NO VA A DESAPARECER. El antagonismo es una de las características del siglo XXI. Vivimos en un mundo muy desigual que somete a mucha gente a la excentricidad y la soberbia de los que pretenden arrasar a todos los que no piensan como ellos. En ese escenario parece utópico pensar en una política de “centro”, que vendría a ser como un híbrido con sabor a nada.

También sobre estas cuestiones deberían reflexionar algunos funcionarios del gobierno asustados que creen que una nueva “complacencia caritativa” puede cambiar su suerte.

Bastaría simplemente que trataran entre todos de cimentar una racionalidad firme de sus políticas públicas y una eficiencia en tiempo “real” de las mismas, confinando al descrédito popular a quienes sigan intentando reponer regímenes mesiánicos y corruptos.

No es sencillo, pero vale la pena.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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