Miércoles, 13 Febrero 2019 00:00

Los dilemas de un monstruo que hay que alimentar

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“Entre los que han estudiado por principios una ciencia, y los que, por decirlo así, han cogido sus nociones al vuelo en enciclopedias y diccionarios, hay siempre una diferencia que no se escapa a un ojo ejercitado. Los primeros se distinguen por la precisión de ideas y propiedad del lenguaje; los otros, se lucen tal vez con abundantes y selectas noticias, pero a la menor ocasión DAN UN SOLEMNE TROPIEZO QUE MANIFIESTA SU IGNORANTE SUPERFICIALIDAD” -Jaime Balmes

 

La opinión pública dispone hoy de muchos elementos necesarios para poder juzgar a los dirigentes políticos e informarse correctamente, lo que permitiría que la sociedad estuviese mejor que nunca, sosteniendo y propiciando la innovación y el modo de mejorar la productividad, creando nuevos puestos de trabajo y condenando las inmoralidades que suelen crecer bajo ciertas sombras marginales.

¿Por qué no ocurre esto en la realidad?

Porque fallan los mecanismos de una comunicación informativa que suele estar en manos, como sostiene Balmes, de quienes “manifiestan su ignorante superficialidad”.

Pero hay algo más: ¿cómo hace un medio gráfico o audiovisual para “llenar” las cuartillas o los minutos que ocupan sus “ediciones” dentro de los espacios que disponen para dicha comunicación?

Pues, desafortunadamente, con el relleno de invenciones que buscan atender lo que la naturaleza humana desea en el fondo de sí misma: truculencia, desvíos en la conducta de “los otros”, vaguedades que exciten sus sentimientos y, finalmente, el colorido de algunas fantasías que apuntan a disolver muchas convicciones endebles.

Por todo esto, podría afirmarse que la primera de todas las fuerzas que dirigen al mundo ES LA MENTIRA, que alimenta la supervivencia de la marginalidad y termina justificando su putrefacción esencial a través de relatos acrobáticos que pretenden engañar y difundir ideas vacías de todo contenido “académico”, por decirlo de algún modo.

De tal manera, termina ocurriendo algo catastrófico: la información así difundida termina desencadenando más resentimientos que satisfacciones, inundando la mente de la sociedad con una sensación de peligro constante, con el manifiesto objetivo de mantenerla en suspenso permanente y obligarla a consumir más embustes cada vez.

La extensión de las cuartillas gráficas o de los programas audiovisuales ya mencionados habrán cumplido así con su objetivo principal: vender más y mejorar las utilidades de empresas que dicen perseguir “la causa y el efecto de la libertad de informar e informarse” (sic), pero que se dedican en realidad a recoger información y falsificarla, o eludirla.

Este año 2019 viene presentándose especialmente pródigo en entrevistas, trascendidos y elucubraciones de quienes no tienen otra intención que sostener los pilares “productivos” de su actividad, sacrificando cualquier ideal y por debajo de un standard mínimo de “verdad”.

¿Cómo no va a ser posible entonces que la política y las instituciones de la república no sufran las consecuencias de este estado de cosas, si además se suma al engaño a algunos protagonistas de la vida pública que siempre mendigan por alguna media hora más de trascendencia mediática a fin de saciar su vanidad, sumándose de tal modo al coro de los mentirosos?

Parece un escenario sin salida a ninguna parte; o al menos, a ninguna parte donde podamos reencontrarnos con sistemas de interpretación de la realidad que se ajusten a la verdad “verdadera”.

A lo descripto, se agrega la aparición de gurúes supuestamente especializados en estas cuestiones, que se apoderan de los conocimientos científicos y tecnológicos QUE HOY ESTÁN A LA MANO DE CUALQUIERA, para modelar la conciencia de los indecisos, los débiles, los necesitados y aquellos “gattopardistas” que, en el fondo de sí mismos, solo pretenden que algunas cosas se modifiquen en tanto y cuanto no rocen sus intereses personales.

Vemos entonces que los problemas que tiene la sociedad no son los que señalan los expertos en deformar la información, sino otros, porque la gente vive sentada en una butaca asistiendo a las escenas de un film que no refleja ni por pienso la realidad de lo que ocurre, pero de cuyas escenas no puede sustraerse porque le llegan mezcladas de un sensacionalismo que excita sus sentimientos y nubla su razón.

En ese estado de idiotez nos disponemos a vivir una vez más las vísperas de las elecciones de este año, sin que haya quienes se hayan animado a mandar al demonio a los mistificadores en su loca carrera por alimentar sus bolsillos siempre ávidos de incorporar más “divisas”.

Algunos de ellos deben tener sus faltriqueras agujereadas por las sumas exorbitantes con que las han llenado en su devota carrera hacia el supuesto éxito de su “contribución a la libertad y el bien común” (sic).

Por todo lo expuesto, no crea todo lo que le dicen muchos “informados” (¿), ni aún aquellos que divulgan su sabiduría “adivinatoria” sobre lo que se avecinará en los próximos meses. Mire, reflexione y juzgue por Ud. mismo.

Recuerde que como hemos sostenido muchas veces, el futuro es simplemente otro presente…a ser vivido cuando llegue. El sentido común le auxiliará sin ninguna duda y le evitará caer en la trampa de los manipuladores de la opinión pública.

No se necesita un doctorado para ello.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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