Viernes, 15 Febrero 2019 00:00

Jueces, empresarios y `Círculo rojo'

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Para beneplácito del Gobierno, los medios más influyentes han desplazado de sus pantallas y sus primeras planas las amarguras que suele deparar la economía. Se multiplican las noticias sobre crímenes y delitos, el avatar venezolano que el oficialismo ha conseguido instalar propagandísticamente como contracara y, por cierto, sobre la temática de la corrupción K.

 

En una coincidencia que no puede sino complacer al oficialismo, los medios más influyentes han desplazado de sus pantallas y sus primeras planas las amarguras que suele deparar la economía. ¿Para qué revolver heridas?

En su lugar se multiplican las noticias sobre crímenes y delitos (un escenario en el que el Gobierno despliega los estrellatos de Patricia Bullrich y Diego Santilli, empeñada la ministra en autorretratarse como bolsonarista avant la lettre), sobre el avatar venezolano que el oficialismo ha conseguido instalar propagandísticamente como contracara y, por cierto, sobre la temática de la corrupción, que ocupará a la opinión pública durante buena parte del año electoral, dado el activismo que despliegan ciertos despachos de los Tribunales Federales.

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En el curso de la última semana fue la Justicia la que aportó algunos personajes propios a los titulares de la prensa: dos imputados arrepentidos (el ex contador del matrimonio Kirchner, Víctor Manzanares, y Carolina Pochetti, viuda del ex secretario privado de Néstor Kirchner, Daniel Muñoz) comprometieron a dos magistrados federales en sus declaraciones ante el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio.

Manzanares le confió a Stornelli que el ex juez Norberto Oyarbide asesoró la confección de pericias contables que sirvieron para que su juzgado sobreseyera a los Kirchner en una causa por enriquecimiento ilícito. Los dichos del contable pueden dar fundamento a caracterizar aquella sentencia de Oyarbide como cosa juzgada írrita y, como consecuencia, a revocar el fallo.

La señora Pochetti, por su parte, le aseguró a Bonadio que su difunto esposo compró los favores del juez federal Luis Rodríguez y pagó una altísima cifra en dólares (habló de 10 millones) para que desestimara una causa en su contra. Rodríguez afirmó que esa acusación era falsa.

El viernes 8 se conoció otra denuncia resonante: la divulgó a través de un medio electrónico Horacio Verbitsky, quien dio cuenta de la denuncia penal que el productor agropecuario Pedro Etchebest presentó ante la Justicia (juez Ramos Padilla, tribunales de Dolores) contra el fiscal federal Carlos Stornelli y un equívoco allegado de éste, Marcelo D’Alessio, por intento de extorsión.

El empresario presentó elementos (llamadas telefónicas, filmaciones, grabaciones) destinados a probar que le habían solicitado 500.000 dólares para "hacerlo zafar" en los procedimientos derivados de "los cuadernos de la corrupción" (caso en el que Stornelli protagoniza la investigación). El fiscal acusado sostuvo que se trata de una falsedad, " una clara operación" en su contra.

El zarandeo de estas informaciones tiende a consolidar las sospechas sobre el sistema judicial que han convertido a este sector en uno de los peores calificados por la opinión pública.

El tironeo contribuye, asimismo, a ratificar la brecha sobre la que trabaja sus estrategias el duopolio de la polarización (oficialismo-kirchnerismo): así, el rincón y los medios afines al mundo K amplificaron al máximo las acusaciones contra Stornelli y mandaron a la cola la información sobre los jueces Rodríguez y Oyarbide; del otro lado, a la inversa, se resaltó el caso Rodríguez (Elisa Carrió reclamó su remoción como magistrado) y se extendieron los detalles sobre la investigación judicial de los cuadernos del chofer Centeno; sobre el tema Stornelli escasearon los detalles de la denuncia del productor rural y de los elementos probatorios que éste aportó; en cambio, se reprodujo con citas textuales la argumentación defensiva del fiscal y varios columnistas se indignaron encendidamente por las acusaciones en su contra. El abogado que protagonizó el intento de extorsión, frecuentador del fiscal y de periodistas de fama, fue precipitadamente caracterizado como enfermo psiquiátrico. Cosas de la grieta.

INQUIETUD EMPRESARIA

La lógica de la polarización inquieta al empresariado tanto como la situación económica. En las crónicas que reflejan el estado de ánimo del sector prevalecen las tonalidades sombrías: las firmas que no lamentan la caída de sus ventas se quejan de la presión impositiva, del hundimiento de la rentabilidad. Según la siempre enterada Silvia Naishtat (Clarín, 12 de febrero), para el presidente de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo, "no hay sector que esté a salvo". Las cifras hacen coro con fría elocuencia: la industria cayó tres puntos y medio durante 2018 y caerá casi tres puntos en 2019, según la estimación de los expertos. La empresa más poderosa del país - Techint- se dispone a reclamar ante la Justicia por un retiro de subsidios y un inesperado cambio de reglas de juego dispuesto por el gobierno que afecta sus cuantiosas (y exitosas) inversiones en Vaca Muerta.

Incluso con ese cuadro como telón de fondo, la mayoría de los empresarios muestra más preocupación por el futuro que por el presente. Temen que la estrategia política que desarrolla el gobierno (azuzar la polarización) incremente la influencia de la ex presidente y le permita a ella, incluso sin adjudicarse una victoria, convertirse en una fuerza capaz de bloquear reformas que consideran indispensables y poner en peligro la gobernabilidad.

Aunque estén sufriendo el ajuste que conduce la Casa Rosada, sometidos a la disyuntiva que la estrategia electoral oficialista busca reforzar la mayoría de los empresarios votarían la reelección de Macri, pero no ocultan su incomodidad ante esa opción aparentemente obligada.

Estimulados, además, sus temores por la declinante evolución de la imagen presidencial en las encuestas, un número no desdeñable de hombres de empresa explora en estos días algunos caminos laterales.

¿Y SI ELLA NO SE PRESENTA?

Se preguntan, por ejemplo, si es posible contribuir a que la señora de Kirchner evite su participación personal en la elección de octubre (y en todo caso, cómo hacerlo). Aunque prevalece un razonable escepticismo sobre el éxito de esas imaginadas gestiones, ellas en modo alguno se han descartado. Por el contrario, se están buscando los mediadores más adecuados para encaminar tales tratativas.

En paralelo, se trabaja en un plan B. Si se torna imposible acordar un paso al costado de la señora de Kirchner y, además, las chances del gobierno se siguen encogiendo, ¿hay caminos para rediseñar el cuadro político que emergerá de las urnas de octubre-noviembre?

Es natural que, en esa hipótesis, circule con fluidez el nombre de Roberto Lavagna. El ex ministro de Economía tiene vínculos óptimos con el mundo empresarial, particularmente con la industria, a lo que agrega su experiencia como piloto de tormentas (manejó con eficacia la salida de la crisis y el proceso de reactivación desarrollados entre finales de la presidencia de Eduardo Duhalde y primeros años de la de Néstor Kirchner) y sus muy buenas cifras en las encuestas de opinión pública en las que hoy es la única figura política de primera línea con imagen neta positiva (hasta María Eugenia Vidal, que se encontraba en la misma categoría, últimamente sobrelleva una leve superioridad de las opiniones de rechazo sobre las de aprobación).

FORTALEZAS

En la otra columna del cuadro de fortalezas y debilidades de la hipótesis Lavagna, los analistas empresariales ubican el bajo conocimiento que el economista registra en el electorado más joven; suman también los condicionamientos que se le plantean desde sectores del peronismo federal que le reclaman que someta su eventual candidatura a una elección interna. Allí hay un punto conflictivo: Lavagna no contempla ser candidato como fruto de la competencia en el seno de una facción política, sino, en todo caso, del acuerdo y coincidencia de varias (peronismo federal incluido); claro que no hay espacio político realista para candidaturas diferenciadas del economista y de algún postulante del peronismo alternativo.

Un componente básico del realismo es el costo de las campañas y las espaldas financieras para bancarlas. Los grupos empresariales que analizan estas perspectivas pueden estar dispuestos (o resignados) a hacer un esfuerzo, pero sólo pasarán de la potencia al acto si el "plan B" tiene chances plausibles de ayudar a recomponer el sistema político y de aventar las posibilidades más inquietantes.

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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