Martes, 05 Marzo 2019 00:00

¿El avance hacia un país ingobernable?

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¿Es tan fuerte la carga del auto engaño en el que vivimos que no nos deja ver la exageración de resentimientos que exacerban las características de cualquier dificultad “común y corriente” y nos llevan a destrozar una realidad que negamos “a palazos”?

 

Vivimos convencidos que nadie tiene derecho a tener flaquezas, descartando cualquier virtud –por más insignificante que fuese-, que rescate el valor de quien intente avanzar desde el gobierno hacia el futuro, aunque cometa en el camino algunos errores inevitables, como ocurre con cualquier acción humana de este mundo.

Esto es lo que sucede hoy día con Cambiemos, ante la guerra que le han desatado quienes intentan imponer intempestivamente sus opiniones “alternativas”.

Forman parte de la sociedad política que ya fracasó, irritada y exasperada, que destila sus deseos de consumar una venganza inexplicable, poniendo el acento en la tragedia, sin detenerse a analizar muchos motivos justos y razonables que obligan al gobierno a tomar medidas poco gratas por necesidad, mientras es interpelado intempestiva y malintencionadamente.

Son aquellos que parecen ignorar el hecho de que la legalidad es un atributo sagrado de la democracia y es preciso no atentar contra ella, sin presionar la eventual “salida” de quien gobierna utilizando argumentos provenientes de las pasiones.

La reciente asamblea donde se inauguró el período de sesiones ordinarias del Congreso podría ser definida así con algunos conceptos de Jaime Balmes: “la sesión tal vez comenzó con felices auspicios, pero de repente tomó un sesgo peligroso; los ánimos se conmueven, la mente se ofusca, la exaltación sube de punto, llegando a rayar en frenesí; y una reunión de hombres que por separado habrían sido razonables, se convierte en una turba de insensatos y delirantes.

La causa es obvia: la impresión del momento es viva, preponderando sobre todo y propagándose como un fluido eléctrico, por lo que aquello que era una chispa al principio, es a pocos momentos una conflagración espantosa”.

¿Se está respetando el valor de las instituciones democráticas cuando quienes nos representan –diputados y senadores-, actúan como forajidos e intentan “ahogar” la solemnidad de los actos públicos con actitudes de “barra brava”?

Los límites entre barbarie y civilización parecen encaminarse hacia el abismo merced a ciertas actitudes que se ven dominadas por las “opiniones favoritas” de algunos vociferantes que no encuentran siquiera las formas adecuadas que pudiesen confirmar su justa validez.

Quienes demuestran ser energúmenos con la necesidad de favorecer sus convicciones ideológicas, cometen el error de robustecer la parte más débil de las mismas, sucumbiendo ante un orgullo que no les permite retroceso alguno, ENTREGÁNDOSE A SU PARECER CON OBSTINACIÓN INCORREGIBLE.

De eso se trató el trasfondo de la sesión inaugural a la que aludimos.

Convendría advertir también, que la sucesión de actos de violencia larvada ocurrida en los últimos tiempos nos está llevando a olvidar que “el secreto para descubrir la verdad y prevenir los juicios infundados, consiste en atender a todas las circunstancias del hecho, SIN DESCUIDAR NINGUNA, por despreciable que parezca” (siempre Balmes).

Los legisladores que intentaron “manchar” la ceremonia ¿tendrán en cuenta este principio?

Más bien parecen entregados -cada vez con mayor frenesí-, a sacar de su cuerpo los demonios que los perturban, relacionados seguramente con la larga lista de desaciertos y depredaciones que propiciaron durante los doce años de gobiernos kirchneristas de los que formaron parte directa o indirectamente, por comisión u omisión.

Señala el filósofo catalán que “el resistir a tentaciones muy vehementes exige virtud firme y acendrada y ESTA SE HALLA EN POCOS. La experiencia nos enseña que en algunos extremos la debilidad humana suele sucumbir, llevándonos a olvidar que QUIEN AMA EL PELIGRO PERECERÁ EN ÉL”.

Esto es lo que hemos visto a través del tiempo según cuenta la historia. Y los países que cayeron tan hondamente en el resentimiento, la agresión y la intolerancia, terminaron generando las semillas de regímenes autoritarios que pulverizaron finalmente todo atisbo de democracia.

A ese peligro nos acercamos nuevamente, porque a muchos fanáticos les importa poco destrozar a sus vecinos porque no piensan como ellos, y sin barreras para expresar su disconformidad, han pasado de la calle a hollar los recintos que debieran estar respetados como símbolo de las instituciones republicanas.

No interesan las razones del atropello, porque CUALQUIER VIRTUD QUE PUEDA ENCERRAR UN RECLAMO DEJA DE SERLA SI NO ANDA REGIDA POR LA PRUDENCIA.

Esa prudencia tan escasa en los ámbitos en que debería cultivarse por antonomasia.

¿Será posible que merced a ello en todos los grupos de WhatsApp que circulan profusamente, quienes no están conformes con Cambiemos y se quejan por muchos de sus desaciertos manifiestan que, a pesar de todo, votarán por la reelección del actual gobierno?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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