Lunes, 25 Marzo 2019 00:00

Relato mata relato

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En un aclamado western de los años 60, dirigido por el gran director John Ford, llamado “Un tiro en la noche”, un abogado noble y valiente, pero sin experiencia en armas es desafiado a duelo por el más feroz pistolero del condado; sin embargo, el que muere es el bandido y el ganador deviene héroe convirtiéndose con el tiempo en un famoso senador gracias al prestigio que obtuvo en tan singular duelo.

 

La realidad fue que un amigo del abogado le disparó al pistolero desde la oscuridad. El único reportero del pueblo sabía la verdad, pero publicó la mentira diciendo: “Estamos en el Oeste, cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que imprimir la leyenda”.

Por razones muy diferentes a las de esos hombres que necesitaban crear mitos para fundar su Nación, el kirchnerismo fue un gran gestor de leyendas a las que confundieron con la verdad hasta el límite extremo de narrar durante doce años un relato creído a pie juntillas por sus fieles, aunque la realidad demostrara su falsedad una y otra vez. Que sin embargo era indestructible para los militantes porque para ellos era mucho más poderoso el deseo de creer en el mito que el de saber la verdad.

Finalizada la era K, la nueva época permitió que de a poco, como bocanadas de aire fresco, la realidad fuera reapareciendo. Claro que la cruda realidad ahora golpeaba con más dolor a todos, al faltarles el sustituto ficcional. Por eso afines a Macri le sugirieron crear su propio relato, primero, para contar su versión de la historia y segundo, para evitar que vuelva la ficción K porque las sociedades son propensas a querer que les impriman la leyenda antes que la verdad. Sin embargo, porque no quiso o no supo hacerlo, el relato macrista nunca existió. Lo cual no quiere decir que en la era M haya muerto el relato, como ahora veremos, sino que sigue bien vivo.

Horacio Verbitsky, un símil K del reportero de la película de John Ford, aunque por más oscuros motivos, ha sido el principal creador de los dos grandes relatos K en la era M con los que el gobierno anterior trató de mantener su identidad y golpear al actual.

El primer gran relato fue el del caso Maldonado, que como todo relato parte de una realidad y una sospecha creíble: la de que el joven podía haber sido muerto por la represión y su cadáver ocultado. No obstante, sin esperar ni siquiera el inicio de la investigación, Verbitsky lanzó a modo de veredicto final la frase clave para la construcción de la leyenda: “El gobierno de Macri ya tiene su primer desaparecido”.

Tomando al pie de la letra la palabra del profeta mayor de la religión K que augura el retorno de la reina liberadora, los fieles de esta religión decidieron librar el combate electoral de medio término tras la bandera del Maldonado hecho leyenda: vale decir, un muchacho idealista como los de la generación del 70, que por luchar contra la oligarquía y el imperialismo, igual que sus antecesores, fue asesinado y desaparecido por la policía del régimen la cual siguió las órdenes de la ministra Bullrich, quien a su vez siguió las órdenes del presidente Macri, para intentar reponer la figura del desaparecido, como en la dictadura militar, a fin de frenar la insurgencia popular que estaba naciendo con las mapuches. Por supuesto que Macri contaría con el apoyo (e incluso con las órdenes) del imperio, del único imperio del mal (porque los demás son del bien o apoyos del bien), vale decir, el norteamericano.

Todo cerraba de modo absoluto, tanto cerraba que cuando se descubrió la verdad, quienes ya habían aceptado la leyenda inventada por Verbitsky y bendecida por Cristina, siguen aún sosteniéndola, y por más evidencia que se les ponga en frente, para ellos Maldonado será por siempre una víctima de “Macri basura vos sos la dictadura”. No una versificación metafórica sino literal, porque para los creyentes K la historia sigue siendo aquella de los 70 donde se está con la juventud maravillosa o se está con sus asesinos. La leyenda se imprimió y vivirá por siempre. Ninguna evidencia la alterará jamás.

Ahora, en vísperas de otra elección, el profeta Verbtisky acaba de lanzar al ruedo otra leyenda similar. Como la otra, y como todas, basada en una realidad y una sospecha creíble: la de que un espía de los servicios de inteligencia que les pasaba datos a los que investigaban la corrupción política, usó sus relaciones con ellos para coimear a los posibles acusados de corrupción.

Está claro que algo anda mal en los servicios de inteligencia del macrismo y frente a las denuncias es imprescindible investigar hasta donde llegan los manejos turbios en temas tan vitales, por lo cual lo mejor sería apoyar al juez de la causa en vez de obstaculizarlo. Por eso de que “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

No obstante, el nuevo caso iniciado por Verbitsky no busca saber la verdad sino imponer su leyenda y a divulgarla se dedican con prontitud todos los fieles quienes ya decretaron sentencia inapelable, la cual dice así: Con el affaire D’Alessio se descubre de una vez y para siempre que todos los procesos y condenas contra todos los acusados de corrupción durante la era K, no fueron nunca nada más que el falso montaje armado por una verdadera estructura de corrupción cuya cabeza es Macri (siempre, obvio, conducido por el imperialismo), quien con los datos provistos por sus servicios de inteligencia cooptó jueces, fiscales, testigos, periodistas y medios de comunicación para acusar falsamente a Cristina Kirchner, a sus principales espadas y a todos los empresarios nac & pop de delitos jamás cometidos.

Según el periodista ultra K, Ricardo Ragendorfer, se trata de un “aceitado grupo de tareas”, con lo que busca otra vez comparar a Macri con la dictadura. Para que no queden dudas, asegura que cuando vuelvan los “buenos”, el edificio de Comodoro Py donde residen los jueces que acusaron injustamente a Cristina, será convertido en un nuevo sitio de la memoria, como la ESMA.

Vale decir, el relato K sigue vivito y coleando, pero ¡ojo! Frente a él ha aparecido un relato nuevo en la Argentina: el relato que no surge de la leyenda creada por gente imaginativa, sino de la más pura realidad, ese relato que si no fuera cierto parecería más surrealista e increíble que las fábulas con que Verbtisky intenta ser el John Ford de las películas de Cristina. Hablamos de los cuadernos escritos por un modesto chofer llamado Centeno y de las declaraciones de un burgués pequeño pequeño, el supernumerario contable Víctor Manzanares, que cuentan con lujo de detalles el relato cierto detrás del relato falso, lo que ocurría en los sótanos y pasillos del poder mientras se narraba la leyenda de la revolución. Los bolsos con millones y millones de dólares y euros que se convirtieron en la razón de ser última de toda la política K. Evidencias y testigos que en un país normal habrían bastado para encarcelar una y mil veces a los Al Capone nacionales y populares, ya que el consabido mafioso cayó por prueban un billón de veces menos contundentes de las que aquí aparecen todos los días.

En fin, el problema de Verbitsky es que sus guiones sólo producen películas malas, por su excesivo ideologismo, como el atroz film sobre Maldonado guionado por Florencia Kirchner. Mientras que el día que alguien lleve a la pantalla lo que surge de los cuadernos de Centeno y de los decires de Manzanares, será difícil creer que todo lo que ellos dicen pueda haber ocurrido. Por eso serán grandes películas, porque tendrán lo mejor de los films basados en hechos reales y de los fantásticos. Es que en la Argentina la realidad tiene más de leyenda que la propia leyenda, porque pese a ser cierta, la realidad es más increíble que la leyenda.

Carlos Salvador La Rosa
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