Viernes, 26 Abril 2019 00:00

Dicen que Plan V no hay. ¿Qué letra necesita la Argentina?

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El plan oficial no sólo está expuesto a examen en el día a día, sino que el gobierno debe ya empezar a explicar qué propone para el día después. Y a pensar a qué medicina de urgencia puede recurrir el día menos pensado.

 

Este jueves el riesgo país perforó la barrera de los 1.000 puntos mientras el dólar volvía a remontarse, buscando más vertiginosamente de lo imaginado el tope de la banda de flotación fijado por el Banco Central para que rija hasta diciembre. Simultáneamente, el Financial Times titulaba "Argentina en el borde" y el matutino porteño más próximo al oficialismo informaba en su primera plana que "Wall Street cree que la crisis puede obligar al Gobierno a activar el plan V" (es decir, reemplazar la candidatura presidencial de Mauricio Macri por la de María Eugenia Vidal). Desde la Casa Rosada, precipitadamente, se dispuso una batería informativa para corroborar con vehemencia que no hay "plan V" alguno en las carpetas y que el solo y único candidato presidencial del oficialismo es Macri. Horacio Rodríguez Larreta apeló incluso a una dosis de patriotismo verbal para ratificarlo: "Decidimos en la Argentina, no en Wall Street", aseveró. El énfasis de las aclaraciones testimonia la intensidad de las presiones, no las desmiente.

El martes 16, un día antes de que el gobierno anunciara las medidas con las que pretende "hacer algo" frente a la fluida y amenazante situación económica (producción, empleo y consumo declinantes; inflación insumisa, dólar indisciplinado) el inefable economista Juan Carlos De Pablo había advertido: "Va a haber un anuncio, habrá que ver quién lo dice y si le creemos o no".

De Pablo dio dos veces en el blanco con una sola frase: el anuncio necesitaba un protagonista y dependía de algo tan sutil como la credibilidad (del público y de los mercados). No hubo un protagonista, sino tres reemplazantes.

Los estrategas electorales de la Casa Rosada decidieron "no arriesgar" al Presidente ante la prensa con una enumeración de medidas que estaban en flagrante contradicción con "el único camino" trazado hasta unas horas antes por el gobierno y prefirieron presentar a Macri en un simulacro de visita espontánea a una vecina de Colegiales y un simulado video casero que velozmente colgaron en las redes (con tecnología poco casera).

Habría que ver si esa gambeta propagandística, que delegó el anuncio formal en tres ministros (Carolina Stanley, Nicolás Dujovne y Dante Sica), le ahorró al Presidente algún eventual desgaste; lo que sin duda hizo fue confirmar la impresión de que el gobierno, presionado por la circunstancia electoral, no sólo está modificando su discurso sino, además, que lo está haciendo sin convicción. Eso se paga con credibilidad. Cuando la confianza escasea (o se ha erosionado por demasiados ensayos de prueba y error) su costo se eleva. Y puede volverse inalcanzable. Las redes sociales no son un banco de credibilidad.

EL DIA MENOS PENSADO

El riesgo país trepó de sobrepique a 850 puntos y las acciones argentinas cayeron 8 puntos en Wall Street. El jueves se superaron largamente esas marcas. Los volátiles mercados reaccionan rápido. La reacción del público madura más lentamente. La pregunta es si las medidas anunciadas se cumplirán pese a los vaivenes violentos de los mercados y, en definitiva, si tendrán efecto positivo sobre el poder adquisitivo. Hay un sector de la opinión pública -sobre todo fragmentos del electorado propio de Cambiemos- decepcionado porque las políticas que ahora se propone aplicar el gobierno no estaban en su propia caja de herramientas; más bien, habían sido condenadas como artificios mágicos empleados por el kirchnerismo, siempre pintado por la Casa Rosada como la encarnación del Mal, el gran adversario.

Borges supo aconsejar, sabiamente: "Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos".

El cambio de dirección genera perplejidad e inquietud. Aunque concebido como un parche para anestesiar la impaciencia pública hasta noviembre (el mes del ballotage), el plan oficial no sólo está expuesto a examen en el día a día, ­ sino que el gobierno debe ya empezar a explicar qué propone para el día después. Y a pensar a qué medicina de urgencia puede recurrir el día menos pensado.

El listado de medidas no empezó bien, pero si llegara a tener éxito en bajar la inflación y contener las variables fundamentales, ¿mantendrá el gobierno estas políticas permanentemente o, en caso de que las urnas determinen una nueva victoria de Cambiemos, eliminará el parche y volverá a la ortodoxia del ajuste? ­

En plena campaña electoral tanto los ciudadanos como la oposición, los mercados y sus propios votantes reclamarán respuestas. Los mercados ya lo están haciendo. Hasta el último viernes el gobierno considera plausiblemente que con el Plan Alivio (o "Plan Lleguemos", como lo han bautizado los chuscos) al menos se había proporcionado un alivio a sí mismo: el Indec anunció la inflación de 4,7% en marzo, y la Casa Rosada pretendía proyectar las expectativas hacia adelante.

APRENDICES DE BRUJERIA

Sin embargo, la fiebre que el jueves evidenciaron los mercados indica una vez más que la realidad no deja mucho tiempo para el sosiego. El gobierno sufre las consecuencias de su inestable combinación de gestión y marketing político. La lógica de la polarización que las usinas electorales oficiales han motorizado sin pausa despliega en el centro de la escena sus perfiles amenazantes. Un estudio de opinión pública difundido la última semana estimó que Cristina de Kirchner ganaría un ballotage frente a Macri por nueve puntos.

Esas cifras son una verdadera incitación a que la señora de Kirchner abandone cualquier ocurrencia de abstenerse de ser candidata: ¿quién renunciaría a una victoria que le pintan como tan probable? ¿Cómo convencer a los cuadros propios, ansiosos de marchar chupados por esa fuerza arrolladora?

El hecho de que la encuesta fuese producida por una consultora que habitualmente mide para el oficialismo puede, según se mire, avalar esos datos que elevan las chances de quien es, para la Casa Rosada, la principal adversaria o, al revés, despertar fuertes suspicacias. ¿Y si solo se tratara de una ilusión, de una apariencia?, se preguntó el fin de semana en La Nación el siempre penetrante Eduardo Fidanza. Si se comprobara que "la ex presidente no posee la fuerza que se le atribuye -concluye - habría que pensar que es un espejismo demoscópico al que contribuyeron mucho menos sus fieles que aquellos que la necesitan para atizar el enfrentamiento taquillero de los buenos contra los malos". Que la encuesta aportara al alza del índice de riesgo país y estimulara el temor en círculos financieros hay que anotarlo en la cuenta de la táctica polarizadora dispuesta por los estrategas oficiales. Los aprendices de brujería no controlan que las fuerzas que ponen en movimiento.

Como acotó otro columnista, coincidiendo en el punto con Fidanza: "esa inquietud es explotada por parte del propio equipo electoral de Cambiemos. Macri y sus ministros le están diciendo a los sectores de poder: Ustedes deben elegir entre nuestro esfuerzo y el regreso del populismo".

El Gobierno insiste en esta tesitura en medio de la tormenta financiera. Ya se sabe: puede copiar medidas de sus antecesores en las que no cree, pero ha renunciado a cualquier Plan alternativo, sea V, B o W.

Si la encuesta que se ha hecho trascender no fuera un "espejismo demoscópico" ni una carta marketinera para atizar la polarización, la preocupación electoral del oficialismo parece ser a estas alturas, cada vez más, poder llegar al ballotage. Apenas tres semanas atrás la Casa Rosada le prometía a sus aliados.

una victoria en primera vuelta. En agosto del año último apuntábamos en esta columna: "la sensación que inquieta a los inversores es que el país no termina de componer un sistema político estable, que pueda impulsar y mantener reformas básicas. En tal sentido, el verdadero interrogante político de 2019, más que el ganador de la elección es qué fuerzas definirán en el ballotage".

En la táctica electoral de la polarización hay que buscar la causa del miedo de los inversores y, antes aún, el entorpecimiento y obstrucción de ese sistema estable de consensos básicos.

INFLACION: LOS PROMEDIOS ENGAÑOSOS

El 1º de abril, desde Junín el Presidente minimizó los guarismo inflacionarios actuales -47,6% en 2018, 54,7% anualizada de marzo a marzo- comparando con "una inflación que, en 80 años, ha sido en promedio 62,5 por ciento, sin contar los años de hiperinflación. ¿Se dan cuenta?".

Los rigurosos analistas de Chequeado ajustaron y pusieron en contexto aquella afirmación presidencial: "De los 80 años marcados por Macri, 21 tuvieron una inflación mayor que la de 2018. En el resto (59 años), la inflación fue menor al 47,6 por ciento". El viejo truco de los promedios. Por lo demás se puede avanzar más en ese sentido y analizar, si no los 80 años que aludió el Presidente, al menos 70, para empezar la serie allí donde el oficialismo suele señalar el origen de los males: en la presidencia de Juan Perón. Si se consideran esos 70 años, en 31 de ellos hubo una inflación de menos del 20% (en 18 años, de menos del 10%; en 18 casos hubo una inflación de entre el 20 y el 45%; en 21 casos hubo inflaciones de más del 45%.

Si se discrimina la serie por líneas políticas de los gobiernos, entre los años con inflaciones menores al 20 por ciento, 23 años corresponden a gobiernos peronistas, 4 a gobiernos militares, 3 a gobiernos radicales.

De los 18 años con menos de 10 por ciento de inflación, 15 ocurrieron bajo gobiernos peronistas, 2 bajo gobierno radical (Fernando De la Rúa) y uno bajo gobierno militar (Juan Carlos Onganía).

Los casos con inflación superior al 45 por ciento se distribuyen entre: 9 años con gobiernos militares; 7 años con gobiernos radicales (se contabiliza a Frondizi como radical); 4 años con gobiernos peronistas y 1 año (el último) con el presidente Macri.

El Plan Alivio fue una jugada obligada porque los intentos de disimular la pésima performance inflacionaria con el paraguas del "mal de muchos" ya estaban agotados.

Ahora es preciso ocuparse menos del relato, el marketing y los camelos electorales y atender con decisión la urgencia política: la clave (para oficialismo y oposición) es darle al país y al mundo datos ciertos de una estrategia de unidad nacional, alcanzar los acuerdos serios que sienten las bases de un sistema político estable, asumir las responsabilidades (pasos al frente, pasos al costado, pasos atrás) que la profundidad de la crisis reclama.


Jorge Raventos

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