Jueves, 16 Mayo 2019 00:00

Honesto componedor

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Es cierto que a nadie sorprendió el triunfo electoral del gobernador Juan Schiaretti el pasado día domingo.

 

Sin excepción a la regla todos lo daban por descontado en virtud de dos motivos de distinta índole: por un lado, la suma inconcebible de errores y riñas de sus adversarios nucleados en Cambiemos; por el otro, los logros innegables que, al cabo de cuatro años de gestión, acredita el actual gobernador mediterráneo. Por increíble que parezca, entre los encargados de delinear la estrategia en la Casa Rosada y los jefes de la Unión Cívica cordobesa parece haber existido un pacto tácito para beneficiar a su adversario peronista.

Si hubieran forjado un plan de acción con el propósito de perder, a Marcos Peña, Mario Negri y Ramón Mestre no les habría salido tan bien. Schiaretti debe estar encantado con la victoria que ellos le sirvieron en bandeja de plata.

Pero -a los efectos del análisis que corresponde realizar- resulta conveniente reconocer que el ganador no solamente aprovechó las pifias y rencores de sus antagonistas.

Después de María Eugenia Vidal, Juan Schiaretti es posiblemente el gobernador más importante del país y su tarea administrativa ha recibido los elogios de propios y de adversarios. Aun cuando los radicales hubiesen lavados los paños sucios de puertas para adentro de la coalición que los mantiene todavía unidos, de cualquier manera, el líder justicialista de la Docta habría salido primero. Su figura, muerto José Manuel de la Sota y falta cómo está la ortodoxia peronista de un jefe natural, ha crecido de manera espectacular. Retuvo el poder provincial, recuperó la intendencia de la capital -en manos del radicalismo desde tiempo inmemorial- y es el único político al cual escuchan y respetan no sólo sus pares dentro del PJ.

Roberto Lavagna, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey le reconocen al cordobés una autoridad que ninguno de ellos tiene en los cuarteles justicialistas. Es por esta razón que, a cualquiera de los gobernadores peronistas que se le preguntara antes del domingo acerca de la interna en la que dirimirán supremacías el ex–intendente de Tigre y el hoy gobernador de Salta, y de la relación con Lavagna, contestaba sin dudarlo: veamos qué pasa en Córdoba y qué hace, inmediatamente después de conocidos los resultados, el Gringo.

Hasta ahora Juan Schiaretti, en comparación con otros políticos de peso similar,se caracterizó por mantener un perfil bajo, ajeno a las prácticas de barricada y al vedetismo tan extendido entre nosotros. Es probable que esa característica acusada de su personalidad comience a cambiar en los próximos días. Es que la contundencia de su triunfo lo ha convertido en el primus inter pares dentro del peronismo federal. Quizás no le alcance para obrar como jefe -algo que, después de todo, no estaba ni está en sus planes. Sin embargo, el ganar de manera tan contundente lo ha transformado en árbitro indiscutido. La tarea que le tiene reservado el futuro inmediato es la de ser un honesto componedor entre gobernadores y precandidatos situados en un pie de igualdad y condenados a disputar posiciones de poder sin una instancia superior que, llegado el caso, hiciese las veces de consultor privilegiado, e inclusive de juez.

Los números definitivos del escrutinio mediterráneo plantean un panorama complicado para el oficialismo nacional. Porque son mucho más que guarismos locales.

El derrumbe de Cambiemos excede con creces los datos de los comicios del domingo. Más allá de perder en las 26 circunscripciones y, sobre todo, en la capital -después de administrarla el radicalismo, sin interrupciones, desde l983- el dato más importante es otro. Si de la mano de Schiaretti el justicialismo no kirchnerista lograse vertebrarse a lo largo y ancho del país, ello supondría una merma en la cantidad de votos que Mauricio Macri podría obtener en esa provincia en la primera vuelta electoral del próximo mes de octubre. Hay que recordar cuánto influyo el voto de Córdoba en 2015 para que el actual presidente venciera a Daniel Scioli.

Agrupados como estaban José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti en las antípodas del kirchnerismo, no fue de extrañar que Cambiemos hiciera entonces en esa provincia la mejor elección, en términos proporcionales, de todo el territorio nacional.

La relación del gobernador reelecto con el jefe del estado no habrá de sufrir altibajos. Cualquiera sabe que entre el hombre fuerte de la Docta y el presidente de la República existe un grado de confianza y hasta una identidad de ideas en punto a las asignaturas pendientes de los argentinos, que unos comicios no van a borrar. Pero conviene entender que el rol de Schiaretti a partir de ahora -y hasta que concluya la serie de elecciones que habrán de substanciarse en agosto, octubre y noviembre- será menos el de mandamás de una de las grandes provincias que el de primus inter pares de un espacio cuyo anhelo es llegar a Balcarce 50 a expensas de Cristina Fernández y de Mauricio Macri. Los resultados del domingo en el estado mediterráneo conspiran contra las chances de Cambiemos si el justicialismo ortodoxo logra hacer pie y pasa de ser una promesa a representar un espacio verdaderamente competitivo.

La credibilidad de Schiaretti no viene dada solo por la cantidad de votos obtenida en los comicios de su provincia ni por las dotes de buen administrador que generalmente se le reconocen, sino también por la decisión de autoexcluirse de la carrera presidencial.

La posición neutral en la que está parado lo convierte en el único dirigente -por la confianza que suscita- capaz de acercar a las partes enfrentadas, limar las asperezas y lograr así que Roberto Lavagna, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey compitan en las PASO. No está escrito en ningún lado que vaya a conseguirlo, pero un primer paso parece haber sido dado por el ex–ministro de Hacienda de Duhalde y de Kirchner. Preguntado a la salida de su cuartel general -y ya descontada la victoria de Schiaretti- si mantenía su posición de no confrontar en una interna, Lavagna contestó algo que nunca antes había expresado y que no puede atribuirse a la casualidad: “Vamos a ver”.


Vicente Massot

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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