Viernes, 24 Mayo 2019 00:00

Fórmulas presidenciales: las sinfonías inconclusas

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El terremoto que provocó la jugada de Cristina Fernández de Kirchner no sólo le ha empezado a dar rédito en las encuestas, sino que ha provocado un temblor político que afecta a propios y a adversarios. ­La mentada polarización puede desvanecerse hasta transformarse en un mano a mano, un truco gallo o un triángulo de cuatro.

 

Fue noticia el sábado 18 y todavía no dejó de serlo: vía Twitter, la señora de Kirchner anunció que le había ofrecido a Alberto Fernández la candidatura presidencial del sector que ella misma conduce y había reservado para sí misma el segundo término de la fórmula. Algunos prestigiosos comentaristas que venían asegurando sin vacilación alguna que "Cristina Kirchner será candidata, diga ahora lo que diga", tal vez frustrados como vaticinadores decidieron juzgar como "una extravagancia" la decisión de la señora.

Más aconsejable que acuñar frágiles profecías es analizar hechos. Era evidente que la señora de Kirchner registraba no sólo el "techo bajo" que le mostraban las encuestas (un dato que se ha flexibilizado ligeramente), sino que, en la eventualidad de competir electoralmente y triunfar, encontraría resistencias enormes -domésticas e internacionales- para gobernar. Bastaba ver el comportamiento de los mercados cuando las encuestas la favorecían o la atmósfera mediática dominantes. "El mundo está distinto y nosotros también", reflexionó en su mensaje del sábado. Y planteó el tema de la gobernabilidad: "Está claro que la coalición que gobierne deberá ser mucho más amplia que la que haya ganado las elecciones".

LOS MERCADOS NO SE MOSQUEARON

Quien observara con objetividad los hechos podía imaginar ya hace tiempo que la señora elucubraba un retroceso táctico. En noviembre del año último esta columna conjeturaba que "podría ocurrir que el capítulo final de la polarización con la señora de Kirchner que se alienta desde la Casa Rosada no sea una candidatura presidencial de ella, sino la de alguna figura del peronismo que no esté cargada con los lastres que ella sobrelleva. Esta hipótesis puede corporizarse de distintas maneras". El último sábado -antes del capítulo final- esa corporización adquirió los rasgos de Alberto Fernández.

Ya el año último, mientras sobrellevaba una polarización condimentada por duros avatares judiciales, CFK empezó a buscar aproximaciones a sectores y personas que estaban fuera de su zona de confort. Algunos políticos que habían sido críticos de sus últimos años de gobierno fueron convocados a conversar. Alberto Fernández fue uno de ellos. Otros, por caso, fueron Felipe Solá y Fernando Solanas. Ella buscaba construir puentes con el electorado independiente con los materiales que tenía a su alcance.

Por cierto, Fernández no cuenta con capital electoral propio. Si ella lo hubiera nominado sin su propio acompañamiento, el conjunto del aparato político kirchnerista se hubiera alzado en rebelión o hubiera buscado otros destinos discretamente: ellos necesitan una boleta presidencial que atraiga unos puntos electorales más (que supone decisivos) pero que no deje de contener a la totalidad de sus fieles seguidores; la presencia de la señora en la boleta era, por lo tanto, indispensable. Que ella, segundo término del binomio eligiera al candidato presidencial no debería extrañar: es obvio que ella es la que manda en su sector, aunque ese mando no le permita hacer cualquier cosa. Algo equivalente ocurre en Cambiemos y en el PRO: el que manda, elige candidatos y destinos principales. Nada nuevo.

Aunque en una situación muy diferente (pues padecía una proscripción) Juan Perón en 1962 decidió acompañar a Andrés Framini en la fórmula a la gobernación bonaerense: Framini-Perón (esa fórmula terminó proscripta y Framini debió formar otra, Framini-Anglada, que triunfó, pero su elección fue anulada. Pero esa es otra historia). Perón quería exhibir con claridad su respaldo al candidato y traspasarle su caudal natural (cosa que ocurrió, aunque él tuviera que borrarse del binomio).

En el caso de la señora de Kirchner, sin embargo, aquello que le asegura la contención del voto propio le estropea un poco el objetivo que guio la elección de Fernández: para muchos moderados que él podría ayudar a aproximar, la escolta de la señora resulta inhibitoria. Sus adversarios ya evocan intencionadamente el viejo slogan de los años '70: "Cámpora al gobierno, Perón al poder", que recuerda una situación crítica de doble comando.

La experiencia de sucesión conyugal Néstor-Cristina como recurso para gambetear en familia límites constitucionales a la reelección presidencial opera también como un lastre para la búsqueda de votantes independientes.

Es probable también que, aunque la figura de Alberto Fernández consigue permear en medios que la señora de Kirchner no frecuenta -ciertas embajadas influyentes, ciertos grupos mediáticos de peso- ese hecho sea insuficiente para neutralizar la desconfianza que ella despertó desde su acción de gobierno. Aunque la designación misma del candidato parece ser un gesto significativo en relación a aquellos círculos, probablemente no alcance para diluir los recelos. En cualquier caso, la fórmula, que sacudió a los medios políticos, apenas mosqueó a los mercados.

En términos políticos, el anuncio de la señora de Kirchner indica que registra el aislamiento en el que se encerró (particularmente, pero no exclusivamente, con la creación de Unidad Ciudadana y su divorcio temporario del aparato justicialista) y las persistentes consecuencias desatadas de los vientos que sus gobiernos sembraron.

Pero el terremoto que provocó su jugada del último sábado no sólo le ha empezado a dar rédito en las encuestas, sino que ha provocado un temblor político que afecta a propios y a adversarios.

GOLPE SOBRE DOS BLANCOS

En términos electorales, su baza del sábado golpeó sobre dos blancos. Sobre el peronismo alternativo, en primer lugar: lo puso ante la urgencia de definir sus candidatos y su estructura. El mensaje de saludo a Alberto Fernández de varios gobernadores insinuó de inmediato diferencias de actitud entre los mandatarios peronistas. El tucumano Juan Manzur, por caso, fue uno de esos gobernadores. Manzur prioriza la elección en su provincia (9 de junio) donde Cristina Kirchner tiene un fuerte seguimiento y él debe competir con José Alperovich, que se envuelve en la bandera cristinista. Otros gobernadores están en parecida situación y (al menos por el momento) necesitan silbar una melodía que suena a unidad peronista. Es un caso en el que la designación de Alberto Fernández ha sido útil a los designios de mayor amplitud al interior del electorado peronista, que ya había exhibido CFK con su visita a la sede del Partido Justicialista.

Más allá de la jugada de la señora -aunque determinados por ella- los alternativos se enredaron en sus propias contradicciones. Juan Schiaretti, que venía con el capital de una rotunda victoria en Córdoba, firmó a solas con Mauricio Macri su coincidencia con seis de los diez puntos del documento preparado por la Casa Rosada en búsqueda de acuerdos con la oposición. Ese gesto provocó el distanciamiento de Roberto Lavagna (o le sirvió a éste para darle fundamentos programáticos a las diferencias que ya mantenía a raíz de su negativa a sumarse a una interna del peronismo federal).

Ahora, siempre en nombre de la búsqueda de la unión nacional, si fracasan algunas gestiones pacificadoras que están en marcha, la cariocinesis alternativa puede hacer que en octubre, en lugar de tres fuerzas electorales significativas haya cuatro.

El otro blanco tocado por la señora de Kirchner con su anuncio del sábado 18 ha sido Cambiemos. Aunque los estrategas electorales de la Casa Rosada procuran blindar la ya rígida línea polarizadora que orientan, la novedad del cristinismo ha golpeado sobre el creciente conjunto que reclama cambios en la coalición (o cambios de coalición), particularmente sobre el flanco radical de la coalición.

DE LA POLARIZACION AL TRIANGULO DE CUATRO

El presidente de la Unión Cívica Radical, el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo, puso nuevamente en duda la candidatura presidencial de Mauricio Macri, esta vez ante una jerarquizada audiencia en la AmCham, la Cámara de Comercio estadounidense en la Argentina.

La intensidad que se desarrolla en las disputas internas de Cambiemos retroalimenta, si se quiere, la caída del oficialismo en las encuestas, que es uno de los argumentos que suelen instrumentarse para cuestionar la candidatura presidencial de Macri. A los ojos del radicalismo, el sedicente descenso de la señora de Kirchner al segundo término de la boleta kirchnerista la vuelve más competitiva que antes.

Antes se pedía que el nombre de Macri fuera reemplazado por otro que midiera mejor (el de María Eugenia Vidal). Ahora, siguiendo el método cristinista, algunos empiezan a proponer que Macri se ubique como vice de Vidal (o de Rodríguez Larreta). Y hay otros que insisten en la necesidad de una coalición amplia, con el peronismo que sigue a Schiaretti o a Roberto Lavagna.

La convención radical que se desarrollará en Parque Norte la próxima semana puede concluir con un pliego de condiciones a presentar al Gobierno (PASO presidencial, conducción colectiva de Cambiemos, acuerdos sobre políticas de gobierno, ciertas posiciones en las listas y los ministerios) y, eventualmente, conceder la libertad de acción a aquellos radicales que quieran probar otras alianzas (es decir, no considerar esas pruebas como indisciplinas partidarias punibles.

En el mes que resta todavía puede haber otras novedades en el escenario. El frente de Lavagna -Consenso 19- puede ampliarse con más radicales que el pequeño batallón disidente de Ricardo Alfonsín y Federico Storani. Ese conglomerado "de centro progresista" puede, eventualmente completar la fórmula de Lavagna con algún nombre joven y rutilante.

Se daría así la paradoja de que, apartándose de las líneas peronistas (tanto de CFK como de Schiaretti y Massa) Lavagna podría cooperar con ellas al atraer votos disidentes del universo electoral de Cambiemos. A su vez, el peronismo alternativo, que ha reiterado su voluntad de marchar separado del cristinismo (algo que, para que esté garantizado, necesita la garantía de, al menos, los gobernadores y líderes provinciales más significativos), es visto como un alivio por la Casa Rosada, porque le resta votos a quien siguen viendo como la encarnación del polo a derrotar.

¿Subsistirá en las semanas próximas la partitura de la polarización? De aquí a agosto se dirimirá si en octubre se desarrolla un mano a mano, un truco gallo o un triángulo de cuatro.


Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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