Viernes, 07 Junio 2019 00:00

Factor K: el consenso que­ explica el repliegue de Cristina

Escrito por 
Valora este artículo
(1 Voto)

 

La visita de Jair Bolsonaro puede ser considerada como un capítulo más de la campaña electoral. Mauricio Macri llamó a un acuerdo en el que la base era que Cristina Kirchner no volviera a gobernar. La jugada táctica de CFK al armar la fórmula es un modo de saltar la valla que le impide competir mano a mano con el Presidente.

 

La visita de Jair Bolsonaro a la Argentina puede ser considerada, si bien se mira, un capítulo de la campaña electoral en marcha. El presidente de Brasil anticipó a través de un reportaje al diario a La Nación que él hace "fuerza para que el pueblo argentino elija un candidato de centroderecha, como hizo Brasil (...) que la Argentina continúe con la defensa de la democracia, de la libertad y el libre comercio". Fue más explícito aún: "Cristina Kirchner -dijo- fue muy aliada de Lula y de Dilma. Y lo que Lula y Dilma defendían, vía Foro de San Pablo, con apoyo incondicional de Hugo Chávez, después Maduro y la dictadura cubana, es una experiencia que nosotros no queremos repetir. Espero que el pueblo argentino reflexione mucho sobre eso para las elecciones".

Tan efusivo estuvo Bolsonaro que la situación se volvió quizás embarazosa para el gobierno argentino. Por sus propios motivos Macri no intervino con elocuencia simétrica durante la elección en la que Bolsonaro enfrentó al PT en Brasil.

TODO CAMBIA

En cualquier caso, el presidente brasilero ilustró rotundamente una verdad de la que la señora de Kirchner ya estaba anoticiada: "El mundo está distinto" había reflexionado ella en el mensaje en el que anunció que se presentaría como candidata a la vicepresidencia: "El mundo está distinto y nosotros también", había completado entonces, insinuando un cambio de perspectiva y de talante que, sin embargo, no son muchos los que están dispuestos a creerle (o a admitirle).

"El mundo" no se expresa sólo a través de Bolsonaro. Basta ver los favores que Donald Trump le hace, cuando puede, a su amigo Mauricio Macri o los recursos y procedimientos excepcionales que el Fondo Monetario Internacional despliega en Argentina para comprender que el gobierno de Cambiemos se beneficia actualmente de una alarma regional ante la eventualidad de que las elecciones de octubre-noviembre consagren un gobierno que pueda contar con una presencia excesivamente influyente (o, peor aún, dominante) de la señora de Kirchner.

"El mundo" tampoco es algo que sólo está afuera. Hay que mirar fronteras adentro también: y no sólo al electorado independiente, sino también al electorado y a los cuadros peronistas. Un gran contingente de gobernadores y de importantes candidatos a gobernador que se mantenían dentro de los límites de Alternativa Federal mientras existía la chance de que la señora de Kirchner presentara candidatura presidencial respiraron con alivio y aplaudieron su paso atrás, saludaron la nominación de Alberto Fernández como la de un Mesías y pasaron a militar por la unidad del peronismo. Queda clarísimo que también para ellos -no sólo para el antikirchnerismo más obvio o el antiperonismo más ramplón- la candidatura presidencial de la señora constituía un límite.

MEJOR QUE DECIR...

En un tiempo en el que conviven la llamada "grieta" y los llamados al acuerdo, cuando el Presidente envió a partidos y otros sectores (inclusive a la señora de Kirchner, como había pedido Sergio Massa) un decálogo para consensuar, conviene comprender que los acuerdos no se traducen necesariamente en un papel firmado por distintos jugadores. Lo que importa es la acción: mejor que decir es hacer.

La señora de Kirchner no respondió al documento del Presidente, pero demostró su comprensión (su asentimiento o, si se quiere, resignación) ante el punto cero del consenso dominante, el más relevante.

Ese punto establece que el cristinismo no puede volver a gobernar.

El repliegue de la señora a la condición de copiloto de Alberto Fernández equivale a la aceptación de ese consenso. A la aceptación de una realidad. Ella se puso en segundo lugar por decisión propia tras un análisis de sus vulnerabilidades. La política es el arte de lo posible. Fernández-Fernández (con Alberto adelante) es el cristinismo realmente existente.

En general se ha considerado ese movimiento como una jugada exclusivamente táctica. Es posible que sea más que eso.

Mirar otro costado de los hechos no es una ingenuidad. No implica desconocer que es ella la que tiene la sartén por el mango en su espacio político ni el hecho de que de ella es el dedo que eligió a Alberto. Pero de estos hechos no debería deducirse que, si la fórmula fuera electoralmente victoriosa ella manejaría el próximo gobierno a su aire. Una cosa es tener el control de la propia facción y de una porción extensa e intensa del electorado y otra que sólo con ese capital se pueda gobernar un país en cualquier dirección.

El próximo gobierno, sea quien sea el presidente electo, será uno que no contará con mayorías parlamentarias propias, y debe asumir desde ya que se encontrará con una sociedad harta de políticas que no la toman en cuenta.

La señora de Kirchner comprende que la valla que se alza ante ella excede los porcentajes estadísticos: es un contexto hostil que expresa factores locales (sectores sociales, empresas, opinión pública y opinión publicada) y también regionales y globales de mucho poder. Pueden exagerar interesadamente su alarma o pueden estar equivocados, pero como dijo Bartolomé Mitre, "en política, cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón".

EL "FACTOR K"

Las condiciones que la hicieron retroceder a la candidatura vicepresidencial no se evaporan con las elecciones. Trump y Bolsonaro siguen presidiendo sus países, los gobernadores peronistas que acogieron a Alberto Fernández como una vía plausible de remover el obstáculo de una candidatura presidencial de CFK seguirán conduciendo sus provincias. De ganar, el propio Fernández, que ante las elecciones depende casi exclusivamente de los votos que la señora arrastra, se encontraría en un contexto en condiciones de sostener sus perfiles más autónomos y críticos (esos que expuso durante la década de divorcio del cristinismo que atravesó); el peronismo que se ilusionó con la perspectiva de Alternativa Federal seguirá existiendo, como también las otras fuerzas políticas. El gobernador reelecto de Córdoba, Juan Schiaretti (que reivindicó un peronismo republicano, demócrata y federal, respaldó el aliento a la empresa privada y las políticas de equilibrio fiscal y también reivindicó un estado fuerte) no se esfumará: habla desde Córdoba, la segunda provincia argentina, "la capital del interior".

Durante la guerra fría, el Partido Comunista italiano, con un tercio del electorado como capital político, supo soportar la regla no escrita ("el factor K") que le vedaba formar parte del gobierno nacional, aunque no de participar (y, de hecho, ejercer influencia considerable en el sistema político). Probablemente la señora de Kirchner admitiría hoy un destino de esa naturaleza.

MOVERSE AL CENTRO

Los fuegos de la confrontación salvaje no son saludables hoy para ella. Tampoco lo son para el país, gobierno incluido. La grieta (que acaso mostrará sus rasgos más agresivos durante la campaña) contribuye a centrifugar el poder político y, por esa vía, a alentar desórdenes y anomia.

En cualquier caso, más allá del match de los candidatos que suben al ring conviene prestar atención a un hecho: pese a que la lógica del ballotage tiende a contaminar las elecciones anteriores e induce a la polarización despiadada, en estos días se asiste a signos de recomposición del sistema político, a negociaciones (duras pero existentes) y a manifestaciones de convergencia del conjunto de los actores, los polos incluidos, hacia el centro del sistema: el oficialismo, que se negó durante toda su actual gestión a los acuerdos políticos, busca apoyos oblicuos para la gobernadora María Eugenia Vidal, prepara alianzas próximas con sectores dispuestos de Alternativa Federal, trata de contener a sus aliados radicales y hasta ha pensado en ofrecer ministerios a peronistas con los que por ahora compite. Roberto Lavagna, que hasta ahora se negaba a ir a las PASO, conversa con Juan Manuel Urtubey a través de sus aliados del centro progresista (socialistas santafesinos y Margarita Stolbizer). En fin, Alberto Fernández (y, desde el otro costado, el vidalismo bonaerense) tratan de seducir a Sergio Massa. Y, en primer lugar, el paso atrás voluntario de la señora de Kirchner, que ha facilitado todos estos movimientos.

Que todos hablen con todos y, más allá de las palabras, empiecen a moderarse, sólo puede ser de mal agüero para ese purismo de distintos colores que íntimamente considera que "cuanto peor, mejor". Más vale inclinarse por lo que suele advertir el Papa Bergoglio, la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea; el todo es superior a la parte.

Jorge Raventos

Visto 233 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…