Martes, 18 Junio 2019 00:00

“El que pega primero, pega dos veces” (refrán popular)

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“No son los más fuertes de cada especie lo que sobreviven, ni los más inteligentes, sino aquellos que mejor se adaptan a los cambios”
- Charles Darwin

 

Los efectos de algunass novedades políticas inesperadas, han puesto a la sociedad frente al dilema de su tradicional reticencia para adaptarse a los cambios que impone un mundo abrumadoramente interconectado.

En relación con este sentimiento, el cuadro de la evolución presentado por Hubert Reeves en su obra “Polvo de Estrellas”, atrae mucho, porque constituye una mirada a la concatenación de las distintas etapas de un largo itinerario en donde se encierra el secreto de la diversidad y su ajuste perfecto; el modo inteligente en que una etapa va preparando a la siguiente, ofreciéndole sus materiales para una nueva aventura humana.

En su concepto, todo el pasado se vuelve presente mediante un nuevo sistema al que es imprescindible adaptarse.

Poca gente entiende que, a diferencia de lo que ocurre en el ajedrez, las “movidas” innovadoras continúan aún después de un jaque mate, y no quedan, por supuesto, libres de riesgos que puedan conducir al fracaso o al arrepentimiento, porque forman parte de su misma esencia.

La políticas de hoy se asemejan bastante a un “happening”, cuyos efectos suelen ser ajenos a su diseño original cuando “bajan” a la carretera y sufren los cimbronazos de una opinión pública que suele desconfiar de la génesis de lo nuevo, por lo que, sin abandonar el terreno del conocimiento científico, Reeves frecuenta los tonos de un humanismo ético, DE UNA MILITANCIA A FAVOR DE LA PULSIÓN DE LA VIDA EN SU LUCHA CONTRA LA DE LA MUERTE.

Aquellos que hablan de “traiciones a un legado”, olvidan a menudo que la contienda por el poder necesita de una recreación constante, para que la mutación impredecible de las necesidades humanas no convierta su discurso en un “dejà vue”, en medio de la presión de imágenes provocadoras que se suceden en los medios audiovisuales sin solución de continuidad.

En el contexto de esta visión de la realidad “real”, los partidos políticos tradicionales han entrado en crisis en todo el mundo por varios motivos: a) la rigidez de plataformas políticas que jamás se revisan; b) la desenfrenada carrera de los dirigentes por ocuparse de su propia conveniencia partidaria; c) la velocidad de los cambios en escenarios que mutan a una velocidad nunca vista antes; d) una enorme tozudez de quienes se enamoran de cuestiones ideológicas que hoy están en franco tren de desaparición.

Aferrarse pues a plataformas meramente descriptivas, donde no se dice nada de cómo se concretarán sus postulados, confirman la pertenencia a una civilización detenida y son el corolario de una resistencia contra la modernidad, ignorando un principio antrópico que llama a encararla con inteligencia.

Existe un narcisismo trascendental en muchos políticos que puede advertirse en sus dos afanes radicales: ansia de inmortalidad y ansia de conflicto polémico.

Dos sentimientos que solo constituyen propósitos de autoafirmación y regodeo de su propio yo.

Mientras ello ocurre, el individuo del común, cargado de necesidades esenciales, ha comenzado a alinearse con aquellos que deciden poner la vista al frente, creyendo que debemos dejar de vivir dramáticamente en un mundo QUE NO ES TAN DRAMÁTICO.

Solo vertiginoso e incierto.

Es muy posible que el Presidente Macri y algunos de sus asesores y colaboradores estén viendo esta realidad con una nitidez que sus opositores no advierten, encerrados en una pirámide de gran complejidad estructural.

De allí que el “efecto Pichetto” haya dejado casi sin aliento a quienes tratan de contrarrestar sus efectos utilizando expresiones discursivas que solo reflejan su perplejidad ante lo ocurrido, sin aportar nada nuevo.

Ilya Prigogine e Isabelle Stengers, premios nobel en 1977 por sus determinaciones sobre el mundo subatómico, llegaron a la convicción de que se imponía reemplazar la visión “determinista” del mundo por la “probabilística”, inspirando la resonante teoría de las catástrofes de René Thom.

Esas catástrofes que detonan, por decirlo de algún modo, la rigidez conceptual de algunos dirigentes políticos, que no entienden en qué consisten los cambios cualitativos que impone la evolución natural de las cosas y de qué manera influyen en el hombre del común, “asestándole” como siempre los mismos mensajes con olor a naftalina.

Todo lo que hasta aquí hemos expuesto, marca, a nuestro entender y más allá de “tecnicismos” específicos, las diferencias entre dos coaliciones: una, motorizada por un gobierno que parece haber recibido el mensaje del nuevo mundo “probabilístico” (Prigogine y Stengers), y la otra, que sigue jugando sus piezas en el mismo campo “determinista” de siempre.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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