Miércoles, 17 Julio 2019 00:00

La política cambia, la historia no

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Los candidatos deberían pronunciarse sobre el ataque al periodismo que se cuece en Dolores.

 

"Sólo un necio diría que el encubrimiento presidencial a los iraníes no está probado”. Así concluía la nota que Alberto Fernández escribió el 16 de febrero de 2015 en La Nación sobre la muerte de Nisman y el Pacto con Irán.

Dos días después una multitud marchaba en silencio bajo una lluvia feroz pidiendo el esclarecimiento de la muerte del fiscal. Fernández, entonces, ya había pasado a la oposición y convertido en un ácido crítico de los actos de gobierno de Cristina.

Pasaron más de tres años de aquel silencio atronador. Ya como candidato principal designado por la ex presidenta, declaró ante el juez Bonadio por sus afirmaciones sobre el encubrimiento presidencial de los presuntos culpables iraníes del mega atentado contra la AMIA. Alberto F. intentó hacer pasar sus afirmaciones basadas en su conocimiento del derecho como opiniones periodísticas, en su afán de diluir la contundencia de aquellos dichos y así desvanecer la grave acusación a su ahora compañera de boleta. La conclusión de aquella columna se volvió como un bumerán contra su autor.

En mi editorial del viernes pasado, cuyo tema central fue esa voltereta dialéctica para evitar agravar la situación judicial de su candidata a vice y jefa política, dije también que Alberto Fernández había rechazado agresiones de Cristina y de sus seguidores a periodistas. Algo que fue cierto, pero ocurrió cuando ya había dejado el poder. Ese recuerdo, el día que AF se cruzó con movileros, despertó críticas.

Pero antes de aquel volantazo, el candidato del Frente con Todos fue parte del mecanismo de coacción al periodismo independiente que había montado Néstor Kirchner y que perfeccionó y sofisticó - ya sin AF- Cristina.

Aquello fue un aparato de lapidación del cual los periodistas de Clarín tenemos un vivo recuerdo.

De aquel intento de sosjuzgamiento de los medios no se salvó ni el propio Alberto. Por haber pasado a la oposición, al ex jefe de gabinete le dieron a tomar la misma medicina de la censura K cuando lo sacaron del aire en C5N durante una entrevista de Marcelo Longobardi, escándalo que terminó con el periodista fuera de ese canal, que luego fue vendido por Daniel Hadad a Cristóbal López, hoy preso en la cárcel de Ezeiza.

La política argentina es muy dinámica y fluida. Las posiciones mudan, pero los hechos son indesmentibles. Es el caso de Alberto F. Su papel en el despido de José Eliaschev de Radio Nacional o en la descalificación pública de Claudio Savoia, de Clarín, por publicar la corruptela de Romina Picolotti en la Secretaría de Medio Ambiente, como también en el episodio de censura a Julio Nudler en Página/12, entre otros hechos de los tiempos en los que se desempeñó en la Casa Rosada, son antecedentes que no se deben olvidar. Tampoco, el manejo de la publicidad oficial castigando a los medios que no formaban parte de la propaganda K. Esto luego se profundizó más.

Como editor general de Clarín he dado testimonio de primera mano aquí y en el exterior de lo que el kirchnerismo ha querido hacer con el periodismo que no se le subordinó.

Sería importante, además, que todos los candidatos, empezando por Macri y Fernández, se pronuncien de manera urgente sobre uno de los actos más escandalosos contra el periodismo que se está desarrollando en el juzgado de Ramos Padilla contra Daniel Santoro, también de Clarín. Sería una contribución a la democracia.


Ricardo Kirschbaum

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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