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Jueves, 18 Julio 2019 00:00

Dime quién te critica y te diré quién eres

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El gobierno del presidente Macri, a través de los ministros Bullrich y Finochiaro, anunció la creación de un programa llamado “Servicio Cívico Voluntario” consistente en proveer una serie de servicios para chicos de entre 16 y 20 años que no trabajan ni estudian (es decir que no hacen nada en la vida) y que estaría a disposición en todo en el país en sedes de la Gendarmería.

 

La primera etapa de la prestación básicamente se concentraría en una revisión médica que revele el estado de salud general y odontológica de quienes se presenten. La segunda etapa tiene que ver con la enseñanza de conceptos generales que tienen que ver con la educación cívica, las disposiciones de la Constitución y las reglas generales de la convivencia.

La tercera etapa se relaciona con la enseñanza concreta de artes y oficios que van desde la robótica y la tecnología hasta los deportes, con aplicación práctica en áreas de trabajo (desde el manejo de drones hasta la educación física). Esta etapa conlleva la ínsita idea de descubrir talentos o vocaciones que no hubieran tenido oportunidad de manifestarse hasta el momento.

Obviamente todo el arco opositor con la izquierda y La Cámpora a la cabeza, salieron a manifestar su malestar culpando al gobierno de querer “militarizar” a la juventud.

Resulta particularmente paradójico que quienes han hecho de la palabra “militar” prácticamente un himno de guerra combativo se alarme porque alguien quiera “militarizar”. Pero, semánticas aparte, (porque esto no tiene nada que ver con lo militar) cuesta entender cuál es la parte de la palabra “voluntario” que estos cabezas de termo no entienden.

El servicio creado por el gobierno no será obligatorio. Allí irán los que quieran. No será como la militancia camporista que sí te obliga a subirte a un bondi para salir a cortar calles o rutas: allí sí hay “obligación”, violencia, amenazas, maltrato (o tratar como animales a la gente…); eso sí es un régimen muy parecido a lo peor de los militares, al de aquellos que te cagan a patadas en el culo si no haces lo que te ordenan.

Pero el Servicio Cívico Voluntario, una copia exacta del que acaba de aprobarse en Francia, viene a proponerse entregar herramientas de defensa para la vida a chicos que hoy viven en la orfandad de la calle, sujetos al peligro de la droga, del alcohol y de la delincuencia.

Se trata de ofrecer un conjunto de principios que ordenen las cuestiones básicas de la vida, como que primero está el esfuerzo y luego el resultado; primero el aprender y luego el aplicar; primero el respeto y luego la civilización; primero a siembra y luego la cosecha.

Nada de todo eso está claro para miles de chicos hoy en toda la Argentina. El desorden mental en ese ámbito es alarmante. Y en ese desorden pescan los vivos que saben que el voto de alguien que carece de esos cimientos básicos vale lo mismo que aquel que los tiene y que es capaz de utilizarlos para ejercer su independencia.

Los ladrones del Estado (aquellos que se apoltronan en sus sillones para vivir de la sangre del pueblo) necesitan de esa masa ignorante para hacerles creer que ellos los salvarán. Cualquiera que les diga que lo que necesitan son herramientas para salvarse solos es su enemigo, sencillamente porque de ese modo pierden la masa crítica de ignorancia que necesitan para hacerse del poder.

En esas mentes huérfanas de todo valor, también es posible que se crea la mentira y que no se distinga a quienes dan panquecazos en el aire diciendo hoy una cosa y mañana otra. Esas mentes siguen la promesa, solo ven el hoy porque en el modo que viven es muy posible que no tengan mañana.

Muchos, incluso, querían que el servicio fuese obligatorio. Parecería una contradicción contra lo que quiere fomentarse: la vuelta a la vigencia del principio de la autonomía de la voluntad. En la Argentina, con el correr de los años, lo que no es obligatorio pasó a estar prohibido. Es decir, esas dos parecen ser las dos únicas opciones a disposición del ciudadano: o te obligan a hacer algo o está prohibido hacerlo. Pero tu margen de decisión para juzgar por vos mismo si querés o no hacer algo, ha disminuido a la mínima expresión. Esa es la obra del autoritarismo y del fascismo.

Muchas veces los proyectos pueden definirse también viendo quienes lo critican. Y parece ser que este es uno de esos casos. Si la izquierda vaga, delincuente, golpista, nihilista, totalitaria, y La Cámpora, fascista, ladrona, prepotente, patotera y violenta lo critican, el proyecto debe ser fantástico.

Confieso que tengo de él las versiones públicas que se han conocido y los comentarios técnicos de algunos especialistas. Pero repito si toda esa caterva de despreciables lo critica, el proyecto debe ser maravilloso.

Todo lo que devuelva al ser humano al territorio que lo distingue de los demás mamíferos, es decir el razonamiento propio, es bueno. Entregar herramientas para que los chicos de entre 16 y 20 años puedan pensar por sí mismos, acceder a los palotes de la ley, y aprender a trabajar para ganarse la vida sin depender de un político que le coopta el voto para luego robarle el bolsillo, es una gran iniciativa. Esto se parece mucho a las novelas de misterio y crimen: dime quien se beneficia del asesinato y te diré quién es el asesino. Aquí, dime quién critica el proyecto y te diré si vale o no la pena.


Carlos Mira

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