Viernes, 02 Agosto 2019 00:00

El riesgo bonaerense y el enigma del círculo rojo

Escrito por 
Valora este artículo
(2 votos)

 

En el último tramo de la primera etapa de una carrera electoral que concluye en octubre (la extrema polarización induce a pensar que no habrá segunda vuelta), el oficialismo, aunque todavía perdidoso en las encuestas, empieza a evidenciar algunas capacidades estratégicas.

 

Se destacan tres: mantiene una campaña trabajada con sofisticada tecnología y muy disciplinada (apegada casi verticalmente a un guion y a un reparto preciso de papeles del que ni siquiera Elisa Carrió se desmarca); al ser gobierno, está en condiciones de apoyar su campaña en actos e inauguraciones; y, finalmente, disfruta del respaldo indisimulado de los medios dominantes, que cuentan rigurosamente las costillas de las fuerzas que respaldan la fórmula Fernández-Fernández, reflejan multiplicandamente (a veces inclusive con espejos deformantes) los errores, tonterías, barbaridades, improvisaciones o simples comentarios descontextualizados de sus protagonistas o simpatizantes, inclinando la cancha con un sesgo escasamente imparcial.

Son las reglas del juego: Alberto Fernández procura compensar esas desventajas potenciando las propias fortalezas. Principalmente los apoyos provinciales, representados por una legión de gobernadores en los que confía para complementar en el interior la vigorosa performance que espera concretar en el conurbano. El candidato Fernández intenta desplazar el debate al terreno de mayor debilidad oficialista (sus resultados económicos), pero le cuesta explotar con eficacia esa cuerda al carecer de correas de transmisión adecuadas que comuniquen con alcance y neutralidad sus opiniones, por lo que habitualmente se ve empujado a la defensiva, para protegerlas de interpretaciones adversas. Advierte sobre la herencia que podría recibir y lo condenan por destituyente. ¿Esa palabra no la inventaron los kirchneristas?

DIVERSIDAD Y HETEROGENEIDAD

En esas condiciones, la diversidad que alberga el Frente de Todos, la divisa de la fórmula F-F, se transforma de a ratos en un flanco vulnerable, por el que los ataques penetran fácilmente. La rica diversidad se vuelve heterogeneidad confusa, promesa de desorden. De ese magma surgen relámpagos espontáneos como, por ejemplo, la declaración de un candidato a concejal de Pinamar de nombre Aníbal Fernández.

La última semana, Fernández volvió a jugar como arma letal del oficialismo, principalmente de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que cuatro años atrás llegó gracias a él triunfalmente a la Casa de Dardo Rocha en La Plata y, como consecuencia, convirtió a Mauricio Macri en Presidente.

A ese Fernández le alcanzó esta vez con una declaración por radio para desencadenar una rápida reacción generalizada en beneficio de Vidal: proclamó que él jamás le confiaría sus hijos a la gobernadora. "Por ahí se los dejo a Barreda, a ella no", disparó. Algunos lo llaman "fuego amigo".

Rápido de reflejos (una velocidad que no tuvieron otros), el diputado Facundo Moyano salió a tomar distancia y caracterizó con acidez la frase: "Repudio el comentario de Aníbal Fernández comparando a la Gobernadora con un femicida -escribió Moyano en las redes sociales-. No sólo daña la excelente campaña de Kicillof, sino que ensucia el debate de ideas que requiere la política".

Pero no había ya trino de Twitter capaz de deshacer los efectos de la provocativa frase del ex jefe de gabinete, cuyo apellido, iniciales y antiguas funciones para sectores del electorado siguen, para colmo, confundidos con los de Alberto Fernández, el candidato presidencial.

¡Mil gracias, Aníbal!, habrán repetido en intimidad la gobernadora y Mauricio Macri.

De todos modos, faltan aún dos domingos hasta las PASO y otros dos meses hasta la elección general y es difícil que el oficialismo vuelva a beneficiarse de aquí en más con otra performance parecida de Aníbal Fernández: alguno o alguna del equipo FF se encargará, seguramente, de amordazarlo hasta después del comicio. Pero si no es él, ya aparecerá otro de quien extraer frases piantavotos. La heterogeneidad opositora y la inclinación mediática se alimentan recíprocamente.

LA MADRE DE LAS BATALLAS

Lo cierto es que el oficialismo agradece contribuciones como la de Aníbal Fernández porque la situación electoral de la gobernadora se ve difícil: tiene que descontar una amplísima diferencia (más de veinte puntos) que su boleta sufre en los partidos del conurbano. Allí debe sobrellevar la carga de la boleta completa: aunque ha recuperado algunos puntitos en ese escenario, el nombre de Mauricio Macri a la cabeza del ticket electoral perjudica a la gobernadora. Sus estrategas confían en ella y en su capacidad de recuperar terreno: han decidido ahora retirar de la boleta la imagen de su candidato a vice, el radical Daniel Salvador, y dejarla a ella sola en esa foto convocando el respaldo ciudadano.

La jugada bonaerense es vital para la suerte de la candidatura presidencial oficialista. Ya se sabe que la provincia es la madre de todas las batallas. Con un décimo del territorio nacional, Buenos Aires contiene a 4 de cada 10 votantes del país. El peso electoral bonaerense ha sido comparado con la gravitación conjunta de los estados de California, Texas y Nueva York en los comicios estadounidenses. ¿Se puede llegar a la presidencia sin triunfar en la provincia de Buenos Aires?

Esa circunstancia sólo se dio dos veces en la historia. La primera ocurrió hace poco más de un siglo. En 1916, Hipólito Yrigoyen - cuyo liderazgo partidario se asentaba, precisamente, en el comité radical bonaerense- pudo llegar a la Casa Rosada pese a que la UCR fue derrotada en su provincia. Don Hipólito no tardó demasiado en corregir esa anomalía: en 1917 intervino el distrito, los radicales eliminaron el hasta entonces invicto predominio conservador y adecuaron la administración de la provincia a la línea del gobierno central.

La segunda vez fue al expirar el último milenio: el peronismo (con Carlos Ruckauf encabezando la boleta) ganó la provincia de Buenos Aires mientras Fernando de la Rúa, candidato de la Alianza radical-frepasista, llegaba a la Casa Rosada.

Esta vez es difícil que se repitan aquellas situaciones excepcionales: tanto que quien gane la presidencia pierda en Buenos Aires como que, si eso ocurriera, el Presidente electo esté en condiciones de intervenir la provincia.

Por eso para el gobierno de Mauricio Macri la victoria de Vidal sobre Kicillof es un desafío existencial.

LOS CIRCULOS ROJOS

La situación económica es el decisivo telón de fondo que enmarca esta puja.

Entusiasmado con la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de recortar las tasas de los bonos norteamericanos (que vuelve a suscitar el sueño de la lluvia de inversiones), el gobierno exhibe con esperanza signos que considera constituyen una tendencia (aunque teme que se trate de una tendencia parsimoniosa). Observa un movimiento positivo en la producción (que crece, por cierto, así sea sostenida casi en exclusividad por el enorme empujón del campo y la colaboración de Vaca Muerta).

En el otro platillo se nota la realidad más acuciante, la que quizás más incida sobre el voto. Por ejemplo: según el INDEC sólo la mitad de los trabajadores en blanco ganan por encima de 31.719 peso, una cifra que se encuentra justo al borde de la línea de pobreza (que para una familia tipo se ubicó en junio en 31.148 pesos). Esto implica que la otra mitad de trabajadores registrados (no ya los informales ni los desempleados), están por debajo de ese fatídico límite. Un dato que explica en buena medida el malestar de la clase media asalariada.

La pax cambiaria que venía reinando en los últimos dos meses se vio interrumpida la semana última. Influido por nuevas encuestas adversas para el oficialismo el dólar experimentó un pequeño brinco, acompañado por el riesgo-país, que subió mucho, aunque después volvió donde estaba. Esos trastornos quizás sean una leve advertencia de lo que podría ocurrir el lunes 12 de agosto si los peores temores del mercado se confirmaran en las PASO o si la desventaja del oficialismo que destacan varios estudios demoscópicos se consumara.

Más allá de los deseos, un sector del llamado "círculo rojo" empieza a meditar sobre la posibilidad de que en octubre, pese a las fortalezas estratégicas con las que cuenta el gobierno, la suerte sea esquiva para la boleta del Presidente. A ese talante hay que adscribir las recientes declaraciones (en Chile) del economista argentino Guillermo Calvo, un académico que enseña en Estados Unidos y es referente de organismos internacionales.

Para Calvo, "de repente, Cristina es lo mejor que le puede pasar al país". Según él, la gestión económica de Macri ha sido mala y "un gobierno con Cristina puede ser más creíble que el de Macri, que subiría sin la capacidad de decir lo que hice estuvo mal". Para Calvo es indispensable hacer reformas fuertes y, aunque esas reformas no aparecen en el programa de la fórmula Fernández-Fernández, él estima que sería éste el sector más capaz de emprenderlas: "un gobierno con Cristina -opina- va a aplicar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobierno previo".

Calvo nunca estuvo al frente de un ministerio de Economía, aunque muchas veces fue tentado. Sus palabras -por polémicas que puedan sonar para algunos-aluden a un hecho cierto: para encarar reformas profundas y atravesar una etapa de cambios se necesita un gran respaldo político.

El que gane en octubre tendrá la mitad de ese camino allanado.

Jorge Raventos

Visto 181 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…