Miércoles, 28 Agosto 2019 00:00

El populismo autoritario nos conducirá al abismo

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Para quienes somos demócratas, cuando el pueblo se pronuncia el deber es no solo respetarlo sino también escucharlo muy atentamente.

 

En las PASO hubo un mensaje muy claro. Gran parte de los argentinos expresó su malestar por la situación económica y canalizó esa preocupación votando a la principal fuerza de oposición. La magnitud del triunfo de Alberto Fernández no fue prevista por ningún encuestador. Sería necio negar que fue tan amplia que lo ubica como el candidato con más probabilidades de éxito en las elecciones generales.

Con todo, no debemos olvidar que, pese a su indudable significación política, el 11 de agosto no se decidió nada. Fue una gran encuesta. Las elecciones serán el 27 de octubre. La empresa es difícil, pero de ninguna manera se puede dar por perdida.

En forma irresponsable, algunos dirigentes políticos están hablando de la "transición" hasta el 10 de diciembre. No hay ninguna transición. Gobierna el presidente Mauricio Macri con la plenitud del mandato popular que recibió en 2015. No hubo hasta ahora elecciones presidenciales ni legislativas. Es indudable que el pronunciamiento de las PASO, aunque nada haya decidido, tiene una significación política que ha impactado en la sociedad. Pero es una falta de respeto a los ciudadanos dar por triunfante a una facción, por amplia que haya sido su victoria en las extrañas primarias que nos legó el kirchnerismo, cuando todavía faltan más de dos meses para las elecciones.

Deberemos redoblar los esfuerzos. Estamos convencidos de que este es el camino, con integración al mundo, con respeto por la Constitución y las leyes, con seguridad jurídica, con equilibrio fiscal. Hay una parte importante del voto a Fernández que no es kirchnerista, sino que pertenece a sectores desencantados y que desea que se transite ese camino. Quiso manifestar su angustia porque la inflación le ha complicado la vida a su familia, pero no anhela que la Argentina se embarque en un destino totalitario. Hay que explicar más que nunca cuál es la causa de esos problemas, que se remonta a los 12 años de un gobierno que despilfarró los abundantes recursos que pudo generarle un marco internacional muy benigno.

En las horas posteriores a los comicios vimos cómo reaccionaron los mercados: caída de las acciones y de los títulos públicos, y aumento del dólar. Esto indica que el mundo no confía para nada en el kirchnerismo. Lo conoce bien. No se trata de cuestiones financieras ajenas a la vida cotidiana de los argentinos. Al contrario, sin inversiones no habrá aumento de la producción y no se crearán empleos. Todos hemos de perder, en especial los más necesitados.

El Presidente dijo que escuchó y comprendió el mensaje de las urnas y pidió disculpas -algo infrecuente en los gobernantes de nuestro país- por ciertas palabras que fueron mal interpretadas de su conferencia de prensa del lunes pasado. Asimismo, sin pérdida de tiempo reaccionó lanzando una serie de iniciativas destinadas a morigerar los efectos de la crisis en los sectores bajos y medios. También dialogó con Alberto Fernández, en un gesto de civilidad política y responsabilidad institucional que tuvo el propósito de crear un clima de mayor previsibilidad en medio de un proceso electoral que debe convivir con delicados problemas económicos.

Sin que quepa negar esos problemas, la determinación del Presidente llevó calma al mercado financiero. El tipo de cambio parece haber encontrado un nuevo valor de equilibrio. En este marco, es lamentable el documento difundido por Alberto Fernández luego de su reunión con funcionarios del FMI, que no solo se manifiesta con inusitada dureza (y un notorio falseamiento de la realidad económica) contra el gobierno nacional, sino también contra la propia entidad financiera internacional, la que en las próximas semanas deberá hacer un desembolso ya pactado y que corresponde, ya que la Argentina ha sobrecumplido las metas macroeconómicas fijadas. El propósito del candidato de Cristina Kirchner no puede ser otro que sembrar incertidumbre y apostar a un empeoramiento de la economía que lo deje con chances más favorables de ser electo presidente. El moderado, el estadista que nos quieren vender, no es más que una pose proselitista.

Mauricio Macri no está solo. El sábado pasado decenas de miles de personas salieron a las calles y a las plazas de todo el país para testimoniar su apoyo al presidente y su rechazo a cualquier autoritarismo. Esas marchas, que no esperaban, irritaron a los candidatos kirchneristas, que con sus manifestaciones irresponsables hicieron subir el tipo de cambio y el riesgo país.

"Cuanto peor, mejor", parece ser el lema que los guía, sin reparar en que su actitud incendiaria perjudica a todos los argentinos, y en especial a los más pobres. La actitud de Fernández ante el FMI recuerda a la del peronismo menemista, a través de Domingo Cavallo, en las postrimerías del gobierno de Alfonsín. Pero no lograrán sus perversos objetivos. Hay un gobierno que no se deja amedrentar y hay una ciudadanía atenta y muy activa.

La alternativa a Macri, el populismo autoritario, nos conduce al abismo. Aún si las expresiones de moderación de Alberto Fernández fueran algo más que un conveniente recurso electoral, es previsible que la presión de su jefa política, por ahora escondida para completar esta gigantesca maniobra de simulación, lo incline hacia posiciones más afines con quienes vuelven por todo, entre otras cosas a cambiar la Constitución y a eliminar la división de poderes, sin la cual nuestros derechos quedarán a merced del autócrata de turno. No es una fantasía. Es lo que surge de lo que han hecho, de lo que dicen, de qué regímenes admiran.

Y si Fernández intentara alguna tímida resistencia el conflicto entre diversas facciones del peronismo nos retrotraería a épocas sombrías que los argentinos ya creíamos superadas.

Nos quedan dos meses para convencer a muchos argentinos que el domingo expresaron su bronca pero que no quieren hipotecar su futuro y el de sus hijos. No podemos darnos el lujo de bajar los brazos.

Jorge Enríquez
Diputado nacional por CABA (Cambiemos- PRO)

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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