Martes, 03 Septiembre 2019 00:00

¿Otra vez sopa?

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Dice Primo Levi que “tarde o temprano en esta vida, todos descubrimos que la felicidad perfecta es irrealizable; y muy pocos comprenden, luego de una breve reflexión imprescindible, que la antítesis de lo dicho es que la felicidad perfecta es insostenible”.

 

Es necesario entonces mantener vivos nuestros esfuerzos personales para lograr lo que deseamos, estemos más lejos o más cerca de ella.

En estos días en que los dirigentes políticos peronistas vuelven a endilgarle al gobierno que hace falta “hacerse cargo” de las acciones propias, podemos confirmar que la mayoría de ellos son unos perfectos irresponsables, al blandirle en la cara el consabido cuento del plato de sopa de los pobres.

Parecería que nuevamente nos ponen frente al único dilema válido para ellos: luchar por un plato de sopa, tomarnos la sopa, cansarnos de la sopa, rechazarla al sentirnos saciados, y…desear otro plato de la misma luego de algún tiempo, al comprobar –quizá cuando resulta demasiado tarde-, que su sabor no era tan desagradable después de todo.

Si para eso hace falta renunciar a todo lo demás, incluso la dignidad, bien para ellos.

Podríamos incluir la validez de esta metáfora “gastronómica” al analizar la reciente reaparición pública de Cristina Fernández, que se esconde en estos días detrás de su ex Jefe de Gabinete para intentar que nos olvidemos de su soberbia, rapacidad y narcisismo.

Una señora que puso en la caja de caudales de su hija en un Banco de plaza CINCO MILLONES DE DÓLARES injustificables impositivamente (que alcanzarían para repartir muchos platos de sopa entre los indigentes, dicho sea de paso) y ahora lagrimea porque la niña deba vivir un “exilio” (¿voluntario?) en Cuba, sin abandonar ninguno de sus manierismos teatrales, al exponer el credo de sus convicciones gaseosas repetidas hasta el hartazgo, al presentar -¡una vez más!-, el mamotreto literario de su autoría; esta vez en la Facultad de Ciencias Sociales de La Plata.

Allí estuvo rodeada de las mismas caras de quienes sostuvieron a los gobiernos más corruptos de la historia argentina, presididos alternativamente por ella y su esposo, los que aplaudieron a rabiar su clase magistral de sensibilidad “nacional y popular”, sugiriendo que el ingeniero Macri pertenece al mundo de las “personas malas”.

Tan nacional y popular como los SETENTA MILLONES DE PESOS que dicen algunas fuentes confiables fue el dinero necesario puesto a disposición de las organizaciones sociales arreadas “voluntariamente” (sic) el miércoles de la semana pasada, en defensa de una multitud de peticiones que no pudieron ser explicadas en detalle por ninguno de los manifestantes.

Algunos de los cuales, en algún caso que se hizo público, votaron en las PASO dejando la boleta de su preferencia por “todes” en el sobre oficial con un billete de 500 pesos adjunto, supuestamente “olvidado” (sic).

¿Será la tarifa que manejan Grabois y compañía con la plata aún escondida de Cristina, que venía adjunta a la boleta del frente para nuestra próxima derrota como país civilizado?

¿No le gustaba a muchos la sopa que ofrecía Macri? Bueno, pues ha llegado el momento en que tendrán que irse acostumbrando nuevamente a la que les guardó Cristina en sus bóvedas del Calafate, sin quejarse por el desagradable sabor rancio producto de la humedad de su almacenaje.

A esta altura del baile en que nos hemos metido nuevamente, deberíamos pensar seriamente en lo que nos dijo con elegancia Fernando Henrique Cardoso cuando visitó Buenos Aires hace pocos días: “Uds. deberían dejar de tener miedo de sí mismos”. Y agregamos nosotros: y pasar por los sacrificios que sean necesarios para convertirnos en un país adulto de una buena vez.

Para eso hace falta transitar una senda plagada de escollos, que obliga a verter de a ratos -más prolongados que lo deseable-, sangre, sudor y lágrimas, abandonando el eco envolvente que nos ha convertido en individuos que sienten ser los hombres y mujeres mejores y más aptos del planeta; lo cual será válido quizá para algunos casos aislados, mientras colectivamente hemos demostrado ser un verdadero fracaso.

Mientras todo esto ocurre, viene bien recordar unos dichos de Jaime Balmes que le cuadran a la perfección a algunos líderes políticos cuando de “hacer” se trata: “¿Qué está haciendo el general vencedor? Se mantiene en inacción, Y SE AÑADE QUE HA PEDIDO REFUERZOS; la brillante victoria habrá sido pues, UNA INSIGNE DERROTA".

¿Habrá sido una premonición anticipada de la era de “los Fernández”?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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