Martes, 17 Septiembre 2019 00:00

Los consensos de una sociedad en decadencia

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Uno de los síntomas más claros de la decadencia de una sociedad se asienta en el paulatino deterioro de las cuatro facultades esenciales para el conocimiento de la realidad por parte de sus dirigentes: el entendimiento, la imaginación, los sentidos y la memoria.

 

Cierto es que sólo el entendimiento es capaz de percibir la verdad, pero debe ser ayudado por las otras tres para no omitir absolutamente nada en el análisis de la misma.

La contundencia inusual de la transición política, luego de los resultados explosivos de las recientes PASO, no debiera ofrecer margen, no obstante, para que los eventuales “favorecidos” insistan en prometer un nuevo paraíso terrenal con su llegada al poder.

Cambiemos ya inició lo que será un proceso de “digestión” de algunos errores capitales que no le han sido perdonados por muchos de sus antiguos votantes, mientras el multiforme Frente para “Todes” -que jamás imaginó tener la cabeza del gobierno servida en bandeja de la noche a la mañana-, continúa disparando dardos contra la actual administración, como si ellos fuesen a asumir el gobierno en Groenlandia o las Islas Vírgenes.

Probablemente no recuerdan que la sabiduría consiste en tomar conciencia que muchos edificios mal construidos suelen derribarse en un instante, dejando a sus moradores desnudos y a la intemperie.

Sus “oráculos” no parecen comprender que no se trata de construir un escenario “provisional”, sino de elegir cuidadosamente los materiales adecuados para una gestión que se presenta plagada de desafíos, desechando los materiales que hicieron fallar la estructura derrumbada por su fragilidad “edilicia” en el año 2015.

“Como hombre que andaba solo y en las tinieblas, me resolví a caminar tan lentamente y a usar de tanta circunspección en todas las cosas, que, aunque avanzara muy poco, por lo menos me preservase de caer”, decía René Descartes.

Esta frase podría ser una buena llamada de atención para Alberto Fernández y su círculo de asesores del “grupo Callao” (habitualmente se los denomina con el nombre de la calle donde se reúnen para rodearlos de “pompa y circunstancia”), que antes de probar el sabor del vinagre que deberán apurar a borbotones -más pronto que tarde según los actuales indicios-, ya han comenzado a apresurar sus juicios de valor con aire de “magister dixit”.

A nuestro modo de ver, la única manera de reconstruir el “relato” de los kirchneristas “de Néstor” (que durante años fueron los peronistas “de Perón”), debería consistir en APLICAR LA DUDA SOBRE SUS DICHOS CON IMPLACABLE RADICALIDAD.

Sin embargo, Alberto F. parece muy entretenido con el juguete que le prestó la dueña de los votos del frente que representa, que fue su amiga y luego dejó de serlo; pero en quien parece haber descubierto, al fin, excelsas virtudes antes ignoradas por él.

Vive así en un territorio de subjetividad de la más pura e íntima esencia, obrando a semejanza de un naturalista que acabara de descubrir una rarísima y desconocida especie como si fuese un catedrático de filosofía existencial, lo que nos obliga a esbozar una sonrisa a quienes conocemos la trayectoria política de los protagonistas.

Pero, es bien sabido que “el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él, que aún aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen” (Descartes, con aguda ironía).

Hemos leído en estos días una frase muy sagaz (que compartimos) del escritor Marcos Novaro, quien señala que Alberto F. acaba de anunciarnos que su primera tarea consistirá “EN PERDER EL TIEMPO” (sic), apelando a los viciosos y fracasados consensos del pomposo Consejo Económico y Social, con la participación de empresarios y dirigentes sindicales QUE JAMÁS PUDIERON PONERSE DE ACUERDO EN NADA (recordar especialmente el gobierno de Alfonsín), MIENTRAS SE LLENAN LA BOCA CON UN SLOGAN BASTANTE TRILLADO: “ACORDAR POLÍTICAS DE ESTADO”.

¿Por qué el peronismo sigue insistiendo con estos anacronismos eufemísticos?

Para nosotros existe una sola respuesta: porque representan la cumbre de la ineficiencia en primer lugar. Y también porque sus partidarios no han comprendido hasta hoy que no se puede gobernar a partir de un acto de fe cuasi religiosa.

Al principio de su gestión, suelen obtener algunos modestos resultados, pero en la medida que no modificaron jamás la esencia estructural de una sociedad improductiva, terminaron sumergiendo a la sociedad en la miseria.

El peronismo-kirchnerista no demuestra tener arrepentimiento ni remordimiento alguno. Esos sentimientos que no se agitan usualmente en los espíritus mediocres y LOS LLEVAN A PRACTICAR COMO BUENAS LAS COSAS QUE LUEGO DE SU FRACASO JUZGAN MALAS…PARA RECOMENZAR UTILIZANDO LAS MISMAS HERRAMIENTAS QUE TERMINARON PONIÉNDOLO EN EVIDENCIA.

Para finalizar estas breves reflexiones, lo hacemos recordando nuevamente a Descartes, cuando dice de sí mismo: “tratando de descubrir la falsedad o la incertidumbre de las proposiciones que examinaba, NO CON DÉBILES CONJETURAS, SINO CON RAZONAMIENTOS CLAROS Y SEGUROS, no encontraba ninguna tan dudosa que no sacase siempre de ella alguna conclusión bastante cierta, AUNQUE SÓLO FUESE LA DE QUE NO CONTENÍA NADA DE CIERTO”.

Por ello, como diría el vulgo: ¿Consenso? ¡Las pelucas! De lo que se trata es de gobernar con sabiduría sin repetir los mismos errores, ni perder la memoria sobre los fracasos habidos en otros tiempos.

Esto vale para todos, o “todes”, como más les guste a los respectivos recipiendarios de lo expresado.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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