Martes, 24 Septiembre 2019 00:00

Guerrilla criminal

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Horacio González no es un perejil, ni un imberbe. Es un sociólogo e intelectual considerado una suerte de gurú ideológico por La Cámpora y otros muchachos cristinistas.

 

Ya tiene 75 años, pero mantiene su look juvenil, con pelo largo y su bigote desprolijo. Fue uno de los capos de Carta Abierta, usina conceptual del relato K que algunos tuiteros llamaron Sobre Cerrado.

Fue director durante diez años de la Biblioteca Nacional y tuvo un solo momento rutilante: cuando pidió prohibir que abriera la Feria del Libro, el premio Nóbel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Un delirio jurásico. En su carta a los organizadores acusó a Vargas Llosa de ser “un mesiánico autoritario que expresa a la derecha más agresiva y un militante que no deja de atacar a los gobiernos populares” de la región. No hay demasiados antecedentes de que un director de la Biblioteca Nacional intentara censurar a un premio Nóbel Latinoamericano que además es un defensor a ultranza de la libertad y se opone a todos los dictadores de izquierda y de derecha.

Horacio González se cree parte de una vanguardia iluminada, pero es un reaccionario con impronta stalinista.

De hecho, ni a él ni a la mayoría del kirchnerismo/ peronismo se les conoce alguna crítica a los narcos tiranos que hoy sojuzgan a Venezuela y a Nicaragua.

Miran para otro lado frente al terrorismo de estado y los crímenes de lesa humanidad, las torturas y los presos políticos que son responsabilidad de Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Millones de personas desesperadas huyen del chavismo y miles escapan del sandinismo degradado y corrupto.

Pero a los encargados de marcar el rumbo del cristinismo que puede volver al poder, les interesa entre otras locuras “valorar positivamente la guerrilla de los 70” para que escape un poco de los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable”.

Es textual de Horacio González. En otro tramo de la entrevista que le hizo la Agencia Paco Urondo que, desde su nombre, también reivindica al poeta guerrillero de Montoneros, plantea que los momentos actuales del gobierno de Mauricio Macri son “una época tenebrosa y oscura”. Y finalmente, González le manda un mensaje bien claro a Alberto Fernández para marcarle la cancha desde ahora, cuando falta más de un mes para las elecciones del 27 de octubre: “Cristina no puede ser una mera vicepresidente”. Clarito como el agua.

Me permito algunos comentarios sobre estos dichos. Si el señor González caracteriza estos tiempos como “tenebrosos y oscuros”, me pregunto cómo define esos años 70 donde la ultraderecha peronista de la Triple A y la ultraizquierda peronista de Montoneros se tiraban todos los días con cadáveres.

La pelea por el poder y por rodear e influir a Juan Domingo Perón se dirimía en forma criminal a los tiros y las bombas. Cientos de asesinatos se produjeron ante la mirada atónita del pueblo argentino. Y estamos hablando de que existía un gobierno democrático elegido por el pueblo.

Estamos hablando de que, primero Héctor Cámpora y luego Perón, habían sido elegidos por la soberanía popular de las urnas. Lo aclaro porque en la confusión que siempre quieren instalar, dicen mentirosamente que ellos solo actuaron contra la dictadura y que en ese caso tenían el derecho constitucional a la lucha armada.

Mentira. Es tan grande esa farsa que el propio Perón, harto del foquismo provocador que hasta asesinó al sindicalista más amigo del general, los echó de la plaza de Mayo y les dijo estúpidos e imberbes.

¿Es el crimen de José Ignacio Rucci un logro que hay que rescatar como valoración positiva de los 70? Le pregunto a Horacio González. Mataron civiles y uniformados. A algunos los secuestraron y les hicieron lo que ellos llamaron un juicio popular express, pese a que la decisión de liquidar a una persona la tomaban cuatro talibanes que se creían Che Guevaras y líderes de las masas oprimidas.

Le robaron 70 millones de dólares a la empresa Bunge y Born y los depositaron en Cuba, país ocupado por una casta militar fascista de izquierda que siempre fue su musa inspiradora y que siempre apoyó a la banda que lideró Mario Eduardo Firmenich con pertrechos militares y lugares de entrenamiento militar.

Para Horacio González ese país de la miseria y la represión todavía sigue siendo la “isla de la libertad”. ¿Esto es lo que hay que rescatar como valoración positiva de la guerrilla de los 70?

Salvo Roberto Quieto, la mayoría del estado mayor que se exilió en Europa, aún están sanos y salvos, vivitos y coleando. Sin embargo, ordenaron el paso a la clandestinidad de la tropa y dejaron a decenas de militantes de la Juventud Peronista de base a la intemperie.

Prácticamente los entregaron en forma cobarde e irresponsable a la dictadura más feroz de la historia. Después repitieron, sin culpa, otra forma de liquidar a una parte de esa generación. Auto engañados, masturbados ideológicamente en Paris, resolvieron que era el momento ideal para una Contraofensiva. Y mandaron varias brigadas de muchachos que fueron cazados como moscas apenas cruzaban la frontera. Eso sí, les proveían una pastilla de cianuro para que se suicidaran antes de caer detenidos en las manos del enemigo.

¿Esa es la valoración positiva de la guerrilla de los 70 que propone Horacio González? ¿Cristina piensa lo mismo? Es probable, aunque jamás se atrevió a decirlo con todas las letras. Siempre habló de la juventud maravillosa. De la entrega generosa de aquella militancia. Pero nunca dijo que la guerrilla tenía cosas positivas.

¿Alberto Fernández piensa lo mismo? Sería bueno que lo aclaren. No se le puede meter ese veneno de la violencia, el fusil y la guerra popular prolongada en forma tan frívola a los jóvenes. ¿O en su delirio de la agitación e “ideologitis” creen que es una experiencia que se puede repetir?

González definió a Alberto Fernández como un conservador progresista y denunció que “la derecha salvaje en la Argentina se expresa a través de las editoriales del diario La Nación”. Propuso reescribir la historia, discutir en serio la Ley de Medios y “no abandonar la idea de Cooke, que sería como abandonar el peronismo”. John William Cooke fue un ícono del dogmatismo de la izquierda peronista porque dijo “soy marxista y por lo tanto soy peronista”.

Esta es una de las propuestas más graves que se han hecho. Reforma Agraria, cambiar la Constitución, Conadep del periodismo, auditar el trabajo de la prensa, revisar los costos y los márgenes de ganancia de las empresas y copar los centros comerciales y los barrios privados son solo aproximaciones al tema principal: glorificar la lucha armada. “Montoneros el pueblo te lo pide/ queremos la cabeza de Villar y Margaride”, se cantaba en las facultades. Esa incitación al crimen era contra dos jefes policiales fachos y crueles represores.

“Fusiles/Machetes/ por otro 17” y cientos de celebraciones de la insurrección armada más: “Montoneros/ son soldados de Perón/ Y los gorilas tienen miedo al paredón”/ “La sangre derramada/ no será negociada”/ Cinco por uno no va a quedar ninguno/ Juventud Presente/ Perón, Perón o muerte/Abal Medina/ la sangre de tu hermano/ es fusil en la Argentina/ Duro, duro, somos los Montoneros que matamos a Aramburu”/ Un general en Rosario/ le gustaba fusilar/ Sánchez se llama la viuda/ gracias a la FAR”.

En todos los casos glorifican la muerte. Y tal vez el que más irritó a Perón fue ese que decía “Rucci traviata/ moriste como rata”. Les cuento a los jóvenes que Rucci era el secretario general de la CGT al que Perón adoraba y que Traviata, era el nombre de una galletita famosa por tener 23 agujeritos. Obviamente se referían a la cantidad de balazos que los Montoneros le metieron en una emboscada al sindicalista asesinado.

¿Esa es la valoración positiva de la guerrilla de los 70 que propone Horacio González?


Alfredo Leuco
Fuente: www.alfredoleuco.com.ar

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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