Martes, 01 Octubre 2019 00:00

Como niño con zapatos nuevos

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“Como niño con zapatos nuevos 
Esperando una fecha especial,
Pa´ estrenarlos y presumirlos, 
Pues de este calzado aquí no hay…”

(Estrofa de una copla del músico mexicano Sergio Vega)

 

Así se lo ve a Alberto Fernández en estos días; y de haberlo conocido, el autor de la copla hubiera agregado:

“Como niño con zapatos nuevos

Dicen que ando y esa es la verdad,

Mi sonrisa de oreja a oreja

Y completa mi felicidad…”

Con algunos mirando embelesados los zapatos de Alberto, el “moderado”, el “kirchnerista de Néstor”, el hombre que habla…y habla, y concede reportajes supuestamente “culturosos” sin decir nunca nada que pueda dar pistas de qué tiene en la cabeza, más allá de algunas frases que cultivan lugares comunes - ¡demasiado comunes! -, de muchos individuos que abrazan la carrera política.

Quizá no tiene nada que resulte más “rendidor” para la campaña proselitista que su aspecto de profesor de secundaria vestido con los trajes de algún familiar, que dice vivir en un departamento “prestado”, prometiendo a todos que terminará con la “grieta”.

Como si no supiera que ésta viene de la Revolución de Mayo, y recién ahora nos parece singular y trágica, cuando lo que ocurre en realidad es que refleja las rivalidades que alimenta siempre la “casta política”.

Porque siempre hubo contendientes lanzados al ruedo. Con la única diferencia que ahora son más primitivos, porque han tomado la determinación de apoderarse de la sociedad para imponer su “pluralis majestaticus” inexistente.

Es notable el énfasis con que Alberto F. asegura que de ser elegido adoptará “posturas aperturistas”, porque quienes recordamos la época en que fue Jefe de Gabinete K, nos permitimos sospechar que esto ocurrirá solo SI LE CONVIENE.

Al mismo tiempo, habla de “salidas” de la crisis utilizando recetas “a la portuguesa”, o “a la uruguaya” (cada semana cambia el supuesto modelo), que trata de “vender” como indoloras, mientras los que propiciaron las mismas en esos países advierten a quien quiera oírlos que fueron precedidos de un fortísimo ajuste. Parecido al que el candidato de “todes” le adjudica al actual presidente Macri.

Los últimos acontecimientos políticos de nuestro país indican que en una semana de fastidios populares de quienes no se bancaron una ventana abierta a otro futuro sin sacrificios, todo se desbarrancó. Algunos tímidos números que ahora salen a la luz a través del INDEC, muestran que algunas cosas tendían a ponerse en un buen lugar y muy probablemente hubieran permitido una renegociación amigable con el FMI para corregir el optimismo exagerado del acuerdo inicial firmado por Cambiemos.

Pero no. Alberto y sus conmilitones peronistas ya habían pasado mucho tiempo fuera del poder que creen merecer “por derecho divino” y se armó una barahúnda popular (“fogoneada” por intendentes y gobernadores que ya no podían hacer frente a las multitudinarias plantillas de empleados públicos nombrados a troche y moche), de la que sacó provecho el ex Jefe de Gabinete amigándose con Cristina, la “otra” Fernández, diciendo que sabía cómo reencauzar la economía sin penurias para nadie. Es decir, algo parecido a los espejitos de colores que cuenta la historia solían vender los tripulantes venidos de España durante la Conquista de América para entretener a los indios, prometiéndoles lo que nunca ocurriría después.

La sociedad a coro comenzó entonces a buscarle verrugas purulentas en la cara a Macri y abjuró de la cara “virginal” (Cristina dixit) de María Eugenia Vidal, mientras consumía ávidamente (¡una vez más!) el recordatorio de algunos periodistas que comenzaron a repetir un estigma que nos persigue: la necesidad de incorporar la “pata peronista” a un gobierno y ahora estarán felices, porque tendrán “pata y algo más” si resulta electo el binomio FF.

Allí comenzó el desbarranque y se pudrió todo.

La ciudadanía creyó que se “había formado una pareja ideal” –como en aquel programa de TV de otro tiempo creado por Roberto Galán-, y “los Fernández” salieron a contar que se habían “amigado” y que nada podía ser mejor para Argentina que este vínculo renovado entre ellos, asegurando que habían aceptado críticas constructivas el uno del otro -LO QUE SIGNIFICA EN BUEN ROMANCE QUE NO ACEPTARON NINGUNA-, y decidieron celebrar un matrimonio político que satisficiese su vanidad herida. Cada uno de ellos por una razón diferente.

Ambos manifestaron estar “consustanciados” (¿) con un programa político de “inclusión” (¿), sin explicar claro está, quiénes serían los incluidos; se celebraron así las PASO y mucha gente que la estaba pasando mal creyó que los “nuevos” reconocerían mejor la realidad que el actual gobierno y los votaron, comenzando a confundir al Presidente Macri con un gato egoísta y malévolo, enrostrándole que no había contribuido a “llenar la heladera” del pueblo, porque “el cemento no se come” (aludiendo a las innumerables obras públicas terminadas en tiempo récord en cuatro años).

Esos pensamientos pedestres de una sociedad que solo parece pensar en el dólar (de a 20, de a 30, de a 1000, o lo que se pueda), los viajes a Miami, el asado del fin de semana, el “cero kilómetros” y cómo podrá “descansar” mejor con los subsidios de un gobierno que debiera hacerse cargo siempre de lo que NOS MERECEMOS (¿).

¡Por favor!

A todos ellos, les dedicamos pues un verso anónimo en San Petersburgo, “De la gleba a la corte”, rescatado alguna vez por el inolvidable Adolfo Bioy Casares en su Diccionario del Argentino Exquisito:

“Estamos todos contestes:

Al viejo no lo alegrás

Así en tus noches te acuestes

Con el gran Zar Nicolás”

Esta historia terminará seguramente en lo que pasa hoy: todos sacan y nadie pone, como en los juegos de niños. Esos que como Alberto F. andan felices solo cuando tienen zapatos nuevos recién lustrados.

Se nos ha ocurrido esta pieza de humor como una forma de advertencia, ya que ni con ellos alguien podrá torcer un destino que hemos forjado entre todos: producir poco o muy poco, y consumir mucho, O DEMASIADO.

“Y así no va compañero”, diría un peronista avezado. En otro contexto y con otras intenciones, por supuesto.

Frase que nos retumba en los oídos a todos aquellos que nos sentimos excluidos de una Argentina vociferante que pretende seguir traficando sus mentiras, lejos, muy lejos, de lo que ocurre en otros lares.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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