Viernes, 04 Octubre 2019 00:00

¿Cuánto tiempo tiene Alberto Fernández?

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La victoria del radicalismo mendocino que lidera el gobernador Alfredo Cornejo en el comicio provincial del último domingo, representó un contratiempo para el entusiasmo del peronismo, pero no fue de gran ayuda para la Casa Rosada. Los radicales mendocinos no quisieron recibir enviados del gobierno nacional a la hora de los festejos: "¿Qué p... tiene que hacer Macri acá, en una elección de la provincia?".

 

Cornejo ha sido un crítico tenaz de la estrategia política del Presidente y hasta insistió oportunamente en que la candidatura de Macri debía evitarse para eludir una derrota del oficialismo. Actualmente ese radicalismo mendocino, junto a un segmento mayoritario del tradicional partido y a sectores internos del PRO, se prepara ya para reperfilar a Cambiemos y prepararlo para encarnar a la oposición una vez que Alberto Fernández alcance la presidencia.

La elección mendocina también desbarató las conjeturas caprichosas que imaginan que un comicio "de verdad" revertirá el resultado de las PASO. En Mendoza triunfaron los mismos que lo habían hecho el domingo de las primarias. En rigor, ampliaron la diferencia a favor: Rodolfo Suárez, el candidato radical, había sacado siete puntos de diferencia a la kirchnerista Anabel Fernández Sagasti en las PASO y el último domingo le ganó por quince puntos.

TARDE PIASTE

Las movilizaciones que ha encarado el oficialismo para intentar dar vuelta la derrota en las primarias sirve, quizás, para contener y entusiasmar hasta el 27 de octubre al público propio, pero es improbable que alcancen la ambiciosa meta de forzar un balotaje. Los obstáculos son objetivos.

El recuperado INDEC mostró la última semana uno de ellos: el macrismo llega al final de su mandato con uno de cada tres argentinos debajo de la línea de pobreza (una cifra récord: 34,5 por ciento al final del primer semestre; y otro 20 por ciento hace equilibrio en el borde). El Presidente había prometido "pobreza cero" cuando llegó.

En los últimos actos de campaña Macri promete que "ahora viene la suba de los salarios" y su copiloto, Miguel Pichetto, asegura que "se acabó el ajuste". Tarde piaste. Faltan setenta días para el final del período y hay por lo menos quince puntos de diferencia electoral en contra para el oficialismo.

TRUMP, VENEZUELA Y EL FONDO

La extendida pobreza es uno de los desafíos que tiene por delante el gobierno de Alberto Fernández. No el único, por cierto. Ciertamente el paisaje económico y social no le promete tranquilidad al próximo presidente.

El año próximo, el primero de su mandato, Fernández se encontrará con vencimientos por 35.000 millones de dólares. Cerrados los mercados voluntarios, la primera puerta a golpear es el Fondo Monetario Internacional. El Fondo todavía tiene pendiente el desembolso de 5.400 millones de dólares, última cuota del programa de 57.000 millones que le fue otorgado a Mauricio Macri para ayudarlo a terminar con felicidad el año electoral. Ahora que se ha vuelto obvio que ese objetivo no se cumplirá, la entidad promete volver a analizar el pago restante después de las elecciones del 27 de octubre, cuando esté en condiciones de sentarse a negociar con las próximas autoridades cómo hará el Estado argentino para pagar aquella deuda. En sus análisis, los técnicos del Fondo observan ahora que los números de la deuda argentina están al borde de la "insustentabilidad", lo que implicaría un obstáculo técnico-reglamentario para recibir la cuota restante. Claro que ya ha quedado demostrado que toda regla admite excepciones. De hecho, el stand-by que la entidad concedió a la Argentina tiene, en los términos protocolares del Fondo status de "excepcional" e incluso fue aprobado sin que el país cumpliera las condiciones que se exigen para este rubro: la Argentina de Macri, cuando golpeó las puertas del Fondo, no exhibía ni "signos alentadores sobre su capacidad para conseguir fondeo en el mercado de capitales" ni "una deuda pública sustentable con alta probabilidad de cumplimiento".

A falta de esas virtudes el Gobierno contó con una carta ganadora: el respaldo político del gobierno de Donald Trump.

Ahora, cuando el FMI parece considerar que la nueva situación vuelve "probablemente insustentable" la deuda de la Argentina, es obvio que la objeción puede volver a omitirse con la ayuda de Washington. Esto exigirá que Alberto Fernández trate urgentemente con Trump (seguramente el primer viaje del nuevo presidente sea a la capital estadounidense). Y es muy probable que el favor de la Casa Blanca tenga condicionalidades, reclame gestos y comportamientos en el espacio regional que Fernández deberá hacer comprender en la Argentina y, en primer lugar, ante su propia base política. "Su heterogénea base política", subrayaría insidiosamente el actual oficialismo. El nuevo presidente deberá rendir muy velozmente exámenes de liderazgo.

Sea como argumento electoral o por convicción plena, el oficialismo actual se muestra convencido de que esos desafíos serán inabarcables para el sucesor de Macri, sea por la heterogeneidad de su base de apoyo o por los rasgos vicarios que atribuyen a su poder por el hecho de haber surgido de una decisión de la señora de Kirchner.

¿Y si Fernández ejerce efectivamente la presidencia y procura llevar adelante el programa moderado que predica y se le atribuye? En tal caso, aseguran esos vaticinios, sobrevendrá una crisis, producto de las tensiones entre la presidencia y los sectores afectados por ese programa y los quejosos buscarán el apoyo de la dueña de los votos.

El financiamiento (facilidades extendidas) que eventualmente -endoso de Trump mediante- conceda el Fondo, es un paso indispensable para acceder a los mercados financieros voluntarios y para ofrecer seguridades a la inversión productiva. Tendrá también condicionalidades específicas. Aunque no es el único requisito, el rigor fiscal está naturalmente en la lista. Se trata de otra situación exigente para el futuro presidente, que llega a su cargo en buena medida porque la sociedad se ha rebelado contra la austeridad que imputa al gobierno de Macri y espera algo diferente del candidato que respaldó en las PASO. El ajuste fiscal que éste pueda encarar tendrá límites muy rígidos y deberá ser aplicado con signos notorios de equidad y sostenido con sólidos acuerdos políticos.

DEUDA, QUITA, AJUSTE

Hablando para la selecta platea empresaria que congrega en Córdoba la Fundación Mediterránea, Fernández explicó la semana última que para poder cumplir sus obligaciones el país necesita recuperar el crecimiento y que los acreedores (tanto los privados como el FMI) admitirán con realismo una reestructuración que extienda los plazos de vencimiento de los compromisos sin aplicar quitas (al menos, sin quitas significativas). "A la uruguaya", es decir, análoga a la que el vecino oriental aplicó exitosamente cuando el default argentino de principios de siglo infectó su sistema financiero. Durante ese respiro financiero, los argentinos deberían empeñarse en ganar en productividad, integración y armonía social. ¿Tiene Fernández ese tiempo?

El discurso del candidato fue en principio bien recibido por "los mercados", que esperaban señales sobre el futuro: los bonos y acciones argentinas mejoraron y cayó incipientemente el índice del riesgo país. Una señal positiva. Pero todavía una señal tímida.

En cuanto a la solución que Fernández propone, los analistas registran algunas objeciones. En principio, anotan la objeción del Fondo a que no haya quitas a los acreedores privados. Fernández y sus técnicos consideran muy probable que, si no hay quitas ni en el capital ni en el interés adeudados, aquéllos acepten sin demasiados reparos una extensión de los plazos. Especialistas independientes coinciden en que es posible modificar la estructura de vencimientos a través de acuerdos voluntarios con los tenedores de deuda. También calculan el precio: a las actuales tasas de mercado, implicarían un incremento aproximado del 20 por ciento de la deuda por cada año que se aplaza su vencimiento. El Fondo estima que, sin quitas, el país debería hacer un enorme esfuerzo fiscal para cumplir con la deuda y con sus propias condicionalidades. Por cierto, el Fondo no tendrá quita, más allá de la imprudencia que pueda imputárseles a la magnitud y excepcionalidad del programa ofrecido a la Argentina.

En esta cuestión impera el arte de la negociación y el manejo de las variables de seguridad, confianza y riesgo. Y cobra un relieve principal la actitud que adopte el gobierno de Donald Trump.

Apenas se consume su victoria, antes de asumir formalmente, desde el 28 de octubre, Fernández tendrá que manejarse en un espacio de conflictos simultáneos que le requerirán sentido estratégico y capacidad de liderazgo. Hacia adentro y hacia afuera (suponiendo que haya en realidad un límite claro entre afuera y adentro, entre aliados y adversarios).

Jorge Raventos

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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