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Martes, 08 Octubre 2019 00:00

El colapso de una sociedad “peronizada”

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Los argentinos solemos hablar de democracia, pareciendo ignorar que se trata de un sistema que solo sirve para designar y reemplazar gobiernos, pero que de por sí no alcanza para reemplazar la falta de propósitos de quienes no tengan la VOLUNTAD PREVIA de asociarse, mediante un sistema de gobierno que persiga el bien común.

 

La inexistencia de este sentimiento ha permitido que el movimiento que mejor parece representar nuestra mayor falencia cultural, EL PERONISMO, se sostuviera por años dentro de un esquema político plagado de demagogos que sobornaron a sus votantes prometiendo terminar con la miseria y el desempleo…MEDIANTE LA EXPANSIÓN DE LA BUROCRACIA ESTATAL Y LA MÁQUINA IMPRESORA DE MONEDA.

En su marcha reiterada y reincidente hacia el poder –verdadero objetivo de su “doctrina”-, señaló siempre a los que juzgaba “responsables” de todos nuestros males, atacando a ciertos chivos emisarios favoritos, siendo los especuladores, las empresas multinacionales y el “imperialismo” estadounidense sus blancos preferidos, empujándonos a vivir “de lo nuestro” (¿), mediante irresponsables incrementos salariales -que jamás consideraron la “productividad” como requisito para hacerse acreedor a ellos-, “para combatir la baja del poder adquisitivo de la gente” (¿), lo que no hizo más que generar una inflación indomeñable hasta el día de hoy.

Para decirlo brevemente, el peronismo está representado por individuos que no se exigen nada especial que desprecian instintivamente a los que se esfuerzan, alejándose de cualquier forma de excelencia y exaltando siempre lo vulgar.

Mientras esto ocurría, nuestra superficialidad cultural nos hizo olvidar con el tiempo que la sabiduría consiste en aceptar que no existen planes de gobierno que se constituyan en varitas mágicas para solucionar TODOS los problemas, lo que nos puso a vivir siempre al borde de un sistema “postdesastre”.

Al mismo tiempo, al haber vaciado de contenido los tres poderes sobre los que se asienta una república poblándolos de candidatos que solo pugnan por perdurar en sus cargos, nos hemos visto forzados a vivir del primitivismo político.

La violencia, la arbitrariedad y la mirada desdeñosa al prójimo, nos han sumergido en una cultura de pasos cortos, fundados sobre opiniones que contrarían la “física social”, la que, como se sabe, jamás atiende razones que vinculen la política con hechos políticos “probables”.

En este escenario, el Estado es visto como una máquina formidable, por la eficiencia, cantidad y precisión de sus medios, y lo hemos “plantado” en el medio de la sociedad para que mueva los resortes necesarios que nos permitan obtener un bienestar sin mayores esfuerzos, pues para eso - decimos-, está donde debe estar: resolver nuestros problemas con sus gigantescos tentáculos de poder.

Dice Ortega al respecto de cuestiones de esta índole: “¿Se advierte cuál es el proceso paradójico y trágico del estatismo? La sociedad, para vivir mejor en ella, crea un utensilio: el Estado. Luego el mismo se le sobrepone, y la sociedad tiene que empezar a vivir para él”.

Dicho Estado, además, está compuesto por los mismos individuos a los que representa, quienes, con total desembozo, pujan permanentemente para incorporar a sus “iguales” al sistema.

Así hemos marchado hasta hoy y los resultados están a la vista.

Mientras este estado de cosas no cambie y no aceptemos el valor de la competencia, el perfeccionamiento cultural y tecnológico, la existencia de instituciones limpias de parásitos y el libre desarrollo de empresas privadas sin regular absurdamente su funcionamiento, no habrá Fernández, ni Massa, ni Lavagna, ni Macri que nos saque a flote.

En este contexto casi trágico, recordamos lo que el General Perón solía decir a sus contertulios con ironía: “todos los argentinos somos peronistas de algún modo, aunque no lo sepamos”.

A esta altura de los acontecimientos y por lo que se ha visto hasta hoy, creemos que estaba en lo cierto.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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Carlos Berro Madero

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