Lunes, 10 Febrero 2020 00:00

La oposición nacional quiere renacer de las cenizas - Por Carlos Salvador La Rosa

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Este fin de semana, casi al mismo tiempo, el presidente del radicalismo nacional Alfredo Cornejo realizaba un gran encuentro partidario en Mar del Plata, mientras que el jefe de gobierno de la Capital Federal, Horacio Rodríguez Larreta visitaba al gobernador mendocino Rodolfo Suárez. Dos hechos simbólicos por demás.

Cornejo con ese encuentro culminó un mes en el que picó en punta en lo que hace a la conquista mediática de Buenos Aires. No dejó programa televisivo por visitar, escribió artículos periodísticos, habló en todas las radios y mientras los demás políticos vacacionaban, comenzó a hacerse conocer nacionalmente.

Por su lado, Rodríguez Larreta inició un mes después la larga marcha que Cornejo inició antes. Y la quiso iniciar visitando el Álamo radical, el territorio cornejista, sacándose fotos con el gobernador Rodolfo Suárez, alguien hoy solicitado hasta por el presidente Alberto Fernández para ver si puede poner alguna cuña entre él y Cornejo. Algo que siempre se intenta, como ya lo hiciera Néstor Kirchner entre Julio Cobos y Roberto Iglesias. Pero esta vez será distinto porque si hay algo que sabe Cornejo son las razones por las cuales Cobos e Iglesias se distanciaron y permitieron el avance peronista, ya que él fue protagonista de la división. Precisamente por eso, ahora se cuidará de no cometer los mismos errores. En ese sentido, aconsejará a Suárez en todo lo que éste le pida pero no se meterá en su gestión.

En fin, que Cornejo y Larreta van por el liderazgo de la oposición, de todo el Frente por el Cambio, al cual los dos necesitan mantener unido porque el 41% de los votos juntos son un buen capital, pero divididos no valen nada.

Los radicales creen que Cornejo recién comenzó a ser presidente de la UCR este año; los anteriores había tomado el tema como una actividad suplente ya que fue por antonomasia gobernador de Mendoza y su principal objetivo era el de no perder tan crucial provincia. Ahora quiere -por primera vez en serio- alejarse de Mendoza, pero para poder aplicar en la nación el mismo método de construcción que tuvo en su provincia: empezar desde abajo, militar el territorio, cosa que hasta ahora excepto en Mendoza, no hizo en ningún otro lado.

No se lo dicen a él, pero muchos de sus aliados piensan que fue bueno que no haya podido reemplazar a Mario Negri en su liderazgo legislativo porque las alturas institucionales no son para Cornejo. No es un gran orador ni un gran negociador en las superestructuras, por lo que nunca brillará como diputado, en cambio con sus dotes de operador de altísimo nivel -que le viene desde nacimiento- podrá hacer mucho más por la golpeadísima oposición. No se hará conocer desde arriba como quizá supuso apenas asumió de diputado, sino desde abajo como lo hizo siempre.

Tanto él como Larreta, dos de los opositores que quedaron menos golpeados, recorrerán el país con tres grandes metas: recuperar la autoestima, conservar la unidad e ir construyendo liderazgos. Larreta va seguro por la candidatura presidencial porque es más conocido. Cornejo irá viendo por el camino.

A ambos los unifica una común concepción: al liderazgo puramente sostenido en la gestión que deja Macri, ellos sostendrán los suyos desde la política. Algo que el expresidente no supo hacer, porque le compró a su asesor Jaime Durán Barba la idea de que la política tradicional estaba muerta y que la nueva política era casi la no política, el reemplazo de los políticos clásicos por otro tipo de gente, como los Ceos con vocación pública. Hoy la sociedad sigue descreída de la política, pero tampoco cree que esas ocurrencias para reemplazarla sean mejores. Por eso hay que dignificar lo que siempre existió en vez de inventar lo que nunca existió ni existirá.

Cornejo, y casi todo el radicalismo, están trabajando para sacarse los restos de macrismo que les puedan haber quedado, pero sin romper la alianza que los reunió. El exgobernador deberá trabajar en un partido muy territorializado, pero sin liderazgo nacional, e intentar ocuparlo él.

Larreta tiene a Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y María Eugenia Vidal trabajando con él.

Más que territorios, que casi no posee, necesita potenciar a las figuras más conocidas del PRO y utilizar de faro que ilumina a la Capital Federal.

En la reunión de Mar del Plata Cornejo enfatizó en una idea que ya sostuvo en Mendoza pero que ahora, en lo nacional, quiere darle prioridad: la de distinguir entre progresismo y falso progresismo. Es un modo de sostener que, en un Estado en crisis como el nuestro, las tareas en otras ocasiones consideradas meramente liberales como proveer una buena educación, una buena salud y fuerte seguridad son las verdaderamente progresistas. Usó esta diferenciación contra el peronismo mendocino, y ahora lo quiere hacer contra el nacional, pero con mayor asiduidad porque para el radical promedio, la palabra progresismo es muy cara y le duele que se las robe el peronismo y a ellos les digan liberales por unirse con el Pro.

Para reconstruir una alternativa opositora es necesario encontrar los puntos débiles del oficialismo. Que hoy están simbolizados en el primer fracaso fuerte: el de Axel Kicillof al tener que pagar enteramente a sus acreedores cuando había amenazado con un default.

El ex ministro de Economía suele cometer esos errores: es un kamikaze para atacar al “enemigo” y luego es el primero en rendirse y pagarles hasta lo que no le piden.

Pero la crítica más de fondo la centrarán en la falta de un programa económico en el gobierno de los Fernández. La información que manejan los radicales es que la improvisación actual en economía se debe a que Fernández y los suyos apostaron hasta el último día a que el “verdadero” programa de economía con el que querían empezar es haber logrado que Roberto Lavagna les aceptara ese papel, pero fiel a su estilo, el ex ministro de Economía les dio vueltas, pero al final no aceptó. No obstante, los fernandistas insisten y están tratando que ahora Lavagna les acepte ser presidente de un Consejo Económico Social a ver si desde allí se va construyendo el plan que definitivamente no tienen. O sea que su único plan es Lavagna.

Otra herida donde pueden golpear es en la bifrontalidad del gobierno. Cuentan que en el último viaje de Fernández lo acompañó su ministra de Justicia y amiga, Marcela Losardo, para poder hablar tranquila con el presidente, porque en la Argentina su segundo, Juan Martín Mena, cuadro cristinista, la controla día y noche. Y así pasa en todos lados ya que la Cámpora, desde las segundas líneas, ejerce un comisariato político integral. Los cristinistas le hacen el “catenaccio”, marcación hombre a hombre, a los albertistas.

En lo que hoy casi todos los radicales coinciden, salvo muy poquitos de la vieja guardia, es que Ricardito Alfonsín les hizo un daño simbólico enorme con su aceptación de la embajada fernandista. No por él, que a nadie le importa demasiado, sino por su apellido, que Alberto lo utilizará interna y externamente para apropiarse de Raúl Alfonsín. Los radicales están más indignados con Alberto que con Ricardito porque hace meses que lo viene seduciendo. “Alberto hizo un verdadero plan de eso de apropiarse de la herencia de Raúl, pero a Ricardito, por ayudarlo, lo putean todos en todos los idiomas”, dicen.

“También hicieron correr la voz de que El Rodi Suarez y Gerardo Morales lo bendijeron para el salto, pero Ricardito no les pidió consejo sino que les comunicó una decisión ya tomada, y éstos entonces le desearon suerte, ¿qué querías que hicieran?”, finalizan.


Carlos Salvador La Rosa
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