Viernes, 20 Marzo 2020 00:00

La guerra contra el virus reperfila el gobierno de A.F. - Por Jorge Raventos

Escrito por 
Valora este artículo
(1 Voto)

 

Si hasta hace dos semanas la renegociación de la deuda (particularmente la contraída bajo ley extranjera) figuraba al tope de las prioridades del gobierno de Alberto Fernández, ahora ese puesto ha sido monopolizado por la lucha contra el coronavirus. La agitación por la pandemia es el tema central. Y el gobierno se reperfila.

 

GLOBALIZACION SIN GOBIERNO

La enfermedad del coronavirus que estalló a fines del último año es una peste propia de la globalización: en un mundo hiperconectado, el virus puede desplazarse a gran velocidad desde un villorrio asiático a pueblos y ciudades de todos los continentes y reproducirse y atacar desde nuevos emplazamientos -como lo ha hecho- mucho antes de que las sociedades agredidas atinen a organizar su defensa. La enfermedad ataca simultáneamente en un escenario de fragmentación de la autoridad mundial y de estrategias defensivas morosas o precarias.

Estas deficiencias no se deben a falta de información o de medios. En rigor, la comunidad científica mundial está interconectada y a través de sus canales fluyen datos y análisis y maduran vínculos cooperativos planetarios. En cuanto a medios, basta comparar los presupuestos de defensa de los países centrales con los medios que se destinan a la salud pública o a la investigación científica asociada. Ahora, en medio del ataque de la peste, cuando cunde la metáfora bélica para afrontar el desafío que ella supone, quizás se faciliten fuertes transferencias de fondos a la investigación de pandemias y a la fabricación de antídotos y remedios.

Dos años atrás, el sitio especializado entornointeligente.com recordaba conceptos que Bill Gates volcó en 2015 en una charla TED; allí el creador de Microsoft advirtió que, a menos que se tomen medidas drásticas pronto, un patógeno que se contagia por aire y se mueve rápidamente "podría matar a más de 30 millones de personas en menos de un año". Epidemiólogos y profesionales de la salud de todo el mundo -señalaba el sitio- están de acuerdo: a pesar de los esfuerzos de gobiernos y organismos para alistarse para lo peor, el mundo no está preparado para un brote mundial de una enfermedad contagiosa mortal. Los hechos lamentablemente están confirmando el vaticinio.

La cifra aventurada por Gates estremece, pero los antecedentes de pandemias la vuelven lamentablemente ponderable. La influenza de 1918 -bautizada como "gripe española", aunque su origen no fue español, sino probablemente francés o estadounidense-, infectó a unos 500 millones de personas, un tercio de la población mundial de la época, y mató a unos 50 millones, cifra que superó el número de víctimas fatales, militares y civiles, de la primera guerra mundial. Es cierto: ahora tenemos vacunas y antibióticos, pero también es cierto que, en la era de la velocidad, los virus exóticos ahora se reproducen y viajan por el mundo en jet.

Tras la pandemia de 1918, y al fin de la primera guerra, el mundo intentó darse un ámbito de orden, cooperación y acuerdos y se creó la Liga de las Naciones. El coronavirus se extiende, en cambio, cuando organizaciones mundiales preexistentes (ONU, Unión Europea, OMC) están en discusión y todavía no se han establecido instituciones que puedan ejercer con legitimidad y eficacia la autoridad y las funciones embrionarias de un orden global. El planeta no es todavía una comunidad organizada.

Ese es el estado del sistema político mundial en el momento de irrupción del coronavirus. Este desafío que afronta el planeta tiene un carácter existencial más evidente, más presente para las personas, que el deterioro del medio ambiente y el calentamiento global, aunque forma parte del mismo conjunto de amenazas que requieren acción conjunta y urgente.

Tal vez después de recorrer la instancia de ensimismamiento que induce a países y regiones a aislarse y fortificar fronteras, una consecuencia de la pandemia consista en estimular un espíritu de comunidad que integre dinámicamente identidades personales y nacionales en una visión compartida y trascendente.

LAS GUERRAS Y EL CAMBIO

Si el mundo está en guerra contra la pandemia, conviene recordar que las guerras promueven cambios sociales que perduran y se vuelven irreversibles. Las grandes conflagraciones del siglo XX indujeron, por caso, el protagonismo social y político de las mujeres: con los hombres en el frente de batalla, madres, esposas, hijas y hermanas cambiaron su condición de amas de casa por trabajos en laboratorios, talleres y fábricas, y una proporción creciente de ellas se resistió a regresar a la exclusividad doméstica. En el siglo XXI ese movimiento se ha convertido en un motor decisivo e irreversible.

Escribe el francés Pierre Rosanvalón (La nueva cuestión social): "Al amenazar con devolver a los hombres al estado de naturaleza, la guerra los invita a una experiencia de refundación social (...) La reformulación del contrato social fue muy fuerte después de la Segunda Guerra Mundial. Los considerandos de la organización de la Seguridad Social (en Francia) hablan de 'impulso de fraternidad y acercamiento de clases que marca el fin de la guerra y nació de la terrible prueba que acabamos de atravesar".

De hecho, la actual la lucha contra la epidemia, como va quedando claro para todos, requiere del esfuerzo común; se empieza a comprender que la solidaridad es pensar en uno mismo y en los próximos al pensar en los otros. Cumplir con los protocolos sanitarios, bancarse responsablemente aislamientos o cuarentenas es una manera de cuidar a los propios, a los vecinos y a los ajenos, parte de una totalidad social en la que "naides es más que naides". En la que se va haciendo más evidente que hay que fortalecer al que está más frágil porque todos formamos parte de una cadena que se rompe por el eslabón más débil.

AUTORIDAD Y COOPERACION

Hay una épica en la lucha contra el coronavirus. El presidente Alberto Fernández parece haberlo comprendido y ha asumido personalmente la tarea de comunicar la seriedad con la que su gobierno toma la amenaza. Es una oportunidad para exhibir autoridad, visión y misión en un tema que interpela a toda la Argentina, por encima de las divisiones políticas. El Presidente convocó a la oposición a compartir la elaboración de políticas y las fuerzas no oficialistas (empezando por quienes tienen responsabilidades ejecutivas en provincias o municipios) acudieron y colaboraron.

En su discurso ante la Asamblea Legislativa Fernández había definido a su equipo como "un gobierno de científicos, no de CEOS". La pandemia lo empujó perentoriamente a demostrarlo, y congregó a su alrededor a una eminente dotación de expertos seleccionados por sus saberes (es decir: sin atender a sus pertenencias o distancias políticas), para tomar decisiones con el mejor asesoramiento posible.

Asimismo, el mandatario empleó oportuna y criteriosamente la cadena nacional. Lo hizo cuando se hacía necesaria la voz de la máxima autoridad para darle envergadura y densidad al mensaje y su participación evitó temas políticos y ni mencionó las iniciativas que pensaba impulsar en el Congreso. Usó el procedimiento para exponer un cuadro realista de la situación sanitaria y para difundir una batería de medidas que la sociedad estaba aguardando. Principalmente el paso de las recomendaciones a la imposición de cuarentenas y aislamientos de quienes sospechen contagio, el cierre del ingreso a la Argentina de viajeros de los puntos más calientes de la epidemia y la disposición de un importante refuerzo presupuestario destinado a mejorar en todo el país las condiciones sanitarias, con la conciencia de que el contagio crecerá y hay que prepararse para afrontar su pico.

Encuadrado en las previsiones de la Organización Mundial de la Salud, el ministerio de Salud esperaba la irrupción del virus más cerca del invierno. Pero el gobierno reaccionó rápidamente cuando comprobó que los tiempos se aceleraban. A diferencia de Donald Trump o del brasilero, Jair Bolsonaro, el presidente argentino nunca despreció la amenaza del virus, el ministro de Salud, Ginés González García, subrayó a principios de marzo que el dengue parecía momentáneamente más peligroso; luego corrigió con franqueza su enfoque.

Bolsonaro se reía del coronavirus, se presenta en actos públicos masivos, da la mano a sus seguidores y se saca selfies, desafiando no solo todos los protocolos preventivos sino también a su propio electorado, que protesta con cacerolas desde los balcones de los barrios lujosos de San Pablo.

Trump, por su parte, ha empezado a tomarse en serio la pandemia y sus consecuencias: su conducta negadora de la peste amagó poner en riesgo su reelección, pero el jefe de la Casa Blanca corrigió sobre la marcha, ha previsto más de un billón de dólares para afrontar tanto la pandemia como el parate económico que malogra los resultados que en ese terreno Trump venía logrando (salarios, ocupación, inversión, beneficios de las empresas). Ahora se presenta como el commander in chief de la guerra contra la peste, especulando con que el electorado estadounidense no castiga a sus comandantes durante la contienda.

SEMANAS DE CORAJE Y DECISION

La Argentina afronta ahora las semanas (o meses) en los que previsiblemente se verificarán los picos de contagio. Pese a las diferencias de condiciones económicas, llega a esta instancia con la ventaja relativa de haber, aprendiendo de las experiencias ajenas y aplicando criterios y saberes propios, adoptado medidas adecuadas precozmente además de haber dispuesto equipos que analizan y readaptan los criterios con flexibilidad. La cuarentena rigurosa que continúa al período de aislamientos, "distanciamiento" y limitación sugerida a la circulación, implica previsiblemente un agravamiento de las consecuencias económicas: toda la sociedad sentirá estos efectos.

Hay asignaturas por resolver y habrá que encararlas con tanta audacia y firmeza como las sanitarias, desafiando ortodoxias o heterodoxias.

Fernández puede encontrar respaldo en especialistas como Carlos Melconián, un hombre del espacio macrista, para quien, en la dramática coyuntura en la que hay un parate obligado por la emergencia sanitaria, se trata de poner en marcha políticas basadas en la emisión monetaria con la finalidad de evitar un corte en la cadena de pagos: "Los recursos del fisco -advierte- tienen que ir a matar dos pájaros de un tiro: empleo y salario. Al empresario le dice vos pagá los impuestos y yo te ayudo con el costo salarial (...) La contracara del empresario es que no saque una sola persona de su plantel. Porque en este colapso, hay que darle la tranquilidad a la gente de que se puede guardar en la casa pero va a mantener su trabajo y su sueldo".

Tal vez Martín Guzmán no comparte la medicina que propone el ex titular del Banco Nación, pero la mera existencia de estos planteos de un economista del campo opositor ensancha los márgenes de libertad del gobierno de Alberto Fernández y testimonia la naturaleza excepcional de este momento.

Jorge Raventos

Visto 298 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…