Opinion

Opinion (2524)


 

Además de la pandemia y la feroz caída económica, ¿tenemos por delante un nuevo experimento populista autoritario que nos aísla del mundo? ¿Alberto se termina decantando por las soluciones kirchneristas?

 

 

El general vestía de blanco. Bebía a sorbos lerdos un té tibio en la galería del palacio y disfrutaba la última claridad de la tarde rojiza.

 

 

Se trata de un impuesto que produce fuertes desincentivos a la inversión. Literalmente, espanta a los capitales y sin ellos es muy difícil imaginar una recuperación cuando las arcas del Tesoro están anémicas y las personas están perdiendo sus trabajos.

 

 

La decisión del gobierno argentino de abandonar las negociaciones de los acuerdos comerciales en curso y de las futuras negociaciones del bloque, excluyendo de esta determinación a las ya concluidas con la Unión Europea y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), constituye un grave error de política exterior.

 

 

La pandemia no ha terminado. Que haya remitido o que se haya “aplanado” la curva de contagios no quiere decir que el coronavirus haya sido derrotado ni mucho menos.

 

 

Sin descuidar la atención a la guerra contra el covid-19 (que exige todavía administrar la cuarentena), Alberto Fernández libra estos días partidas simultáneas: conduce los movimientos de su ministro de Economía, Martín Guzmán, en las negociaciones destinadas a reestructurar la deuda y despliega amplias maniobras en distintos tableros para contener la ansiedad y las presiones de quienes reclaman un rápido fin de las medidas de resguardo que paralizan una economía que ya venía maltrecha antes de la pandemia.

 

 

Es hora de que la política vuelva a pisar las calles de barrios populares y que esa experiencia sustituya para siempre las cínicas perspectivas del “pobrismo”.

 

 

Muchos gobiernos apelan en estos días a un nuevo régimen “dispositivo”, que consiste en confundir el concepto de la dignidad humana con la pérdida de las libertades individuales.

 

 

No es tarea fácil -en rigor, nunca lo ha sido- desentrañar que se trae entre manos el kirchnerismo cuando calza el coturno y les adelanta a los organismos de crédito internacional o, como en este caso, a los tenedores de bonos con jurisdicción extranjera su propuesta de pago de la deuda pública argentina.

 

 

Estoy absolutamente convencido que el mejor papel que hoy puede jugar el periodismo independiente y la oposición política se puede resumir en estas cuatro palabras: Barbijos, sí. Mordazas, no.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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