Domingo, 05 Abril 2020 00:00

Las guerras secretas de la peste - Por Ignacio Zuleta

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La otra crisis. El coronavirus hace crujir la cohabitación política de oficialismo y oposición. En el gobierno, crecen los celos entre funcionarios e internas que se financian en medios oficiales. Los trabajos de Solá y las palabras de Carrió.

 

La crisis por el virus colocó la cohabitación política en el filo de la navaja: ¿le conviene al gobierno mostrarse abrazado con la oposición, comprometidos en una solución? ¿Les conviene a los adversarios del gobierno subirse a un problema que pueden abordar en parte, porque controlan sólo algunas provincias?

El dilema compromete la naturaleza misma de la política, un tejido que se hila con componentes que muchas veces chocan entre sí. La gestión es indiscutible como finalidad, pero la metodología para llevarla a cabo se nutre de la contradicción entre los protagonistas. "¿Qué es el gobierno sino el mayor de los reproches a la naturaleza humana? Si los hombres fuesen ángeles, el gobierno no sería necesario" explica uno de los autores del clásico “El Federalista” (Firma “Publio”, pueden ser Hamilton o Madison, 1788).

Si el gobierno se abraza a los opositores a quienes desalojó con ira hace tres meses, ¿no declina el poco poder que tiene? Si los opositores salen a recitar las condiciones dramáticas del sistema de salud, ¿no están disparando contra su propia gestión entre 2015 y 2019? El cálculo de estas relaciones puso en el borde la convivencia propia, del gobierno y de la oposición, porque también hay disidencias internas profundas en el método.

Inquinas oficiales por celos y fuego amigo

Si el plan del gobierno es aplanar la curva de expansión del virus, ¿por qué se comprometen sus funcionarios en la repatriación de argentinos - muchos de ellos contaminados por el virus? ¿Acaso no es lógico que la administración de Salud tenga imperio sobre la distribución de camas en los hospitales del país, en una emergencia como ésta? Entonces ¿por qué llovieron críticas desde adentro del gobierno hacia el ministro, que insinuó eso en una charla con diputados en el Congreso, y relató que había sido una medida que vio en Chile cuando era embajador en los días del terremoto de febrero de 2010?

El gobierno se dejó doblegar por empresarios privados del ala “no miserable”, como otros. La idea de una coordinación es parte de un programa que el gobierno llevaba adelante para incluso financiar a clínicas privadas de todo el país perforadas por la crisis antes de la pandemia. Ahora el DNU queda en papel mojado, entre otras cosas, porque el procurador Carlos Zannini le dijo a Alberto que esa coordinación de camas la pueden hacer sin decreto alguno.

De lo que nadie da razón en el gobierno es de la intensidad del fuego amigo que se proyecta sobre el ministro de Salud, quizás porque su imagen positiva supera el 80% en algunas encuestas y eso genera celos. Se quejan algunos de la ansiedad del fuego amigo que se dispara de las usinas del propio gobierno por inquinas de brigadas de prensa oficial que buscan beneficios tomando posiciones en favor o en contra de funcionarios. Al final, siempre la plata.

Alberto respalda al ministro, aunque o le hace mucho caso cuando le dice que no se exhiba tanto en reuniones públicas sin atender a las recomendaciones de evitar contactos. “Hago reuniones con poca gente, me cuido”, se disculpa el presidente. No llegan a pelearse por esas minucias que irritan a la oposición, clausurada en la campana de cristal del whatsapp como único territorio que les dejan para hacer política. En esos dimes y diretes hay adversarios comunes. Algunos innombrables, como China, que no les responde a los pedidos de donación o de venta de insumos al gobierno, pese a las promesas.

En esos salones discretos de Olivos se quejan de que, como siempre con los chinos, hay cuentos chinos. Un diplomático promete, pero cuando hay que cerrar compra o donación de ropa o de equipos, aparece otro que funciona como comisario del que está arriba y pide, por ejemplo, que le autoricen ventas al gobierno de la CABA. ¿Vamos a hacer eso si a nosotros no nos contestan?

La saga de las repatriaciones

La repatriación dejó de ser un tema de la gestión para convertirse en un debate político sólo cómo manejar los recursos, más allá de oficialismo y oposición. Si se lo mira desde el ángulo del gobierno, Felipe Solá empuja los vuelos especiales de todo el mundo, negociando hasta el agobio con líneas aéreas que se están yendo a la quiebra, que van a dejar de volar, pero a quienes se las compromete por los acuerdos internacionales que las han habilitado, y que son uno de sus activos, hasta en un concurso de acreedores.

Felipe logra estas repatriaciones a un alto costo porque, literalmente, contradice las indicaciones de Salud de no llenar los hospitales y hoteles de ciudadanos, a quien la pandemia sorprendió fuera del país. Lo va logrado de a poco, pese a que el circuito para esa tarea es larguísimo. Pasa por el jefe de gabinete, se deriva al ministerio de Transportes, baja a la ANAC (administración de la aviación comercial) que le pregunta a la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, que a su vez necesita la venia de Ginés. Casi no se puede verbalizar el trámite, porque sería una canallada admitir en público que no se va a ayudar al compatriota en la desgracia - el argentino que Le Pera definió como “alma criolla, errante y viajera, / querer detenerla es una quimera (...). Siempre sueña con otros caminos/ La brújula loca de tu corazón.” (Golondrinas, Tango-canción). Muchos de esos argentinos salieron de vacaciones cuando ya estaban dictadas las primeras medidas para paralizar el país.

Que nadie busque protagonismo (Carrió)

El entuerto compromete también a la oposición, y esto se percibió en debate cerrado - por videoconferencias - que tuvo el jueves Horacio Rodríguez Larreta con los diputados nacionales de Cambiemos en la CABA, desde su despacho del palacio vidriado de la calle Uspallata.

Fue el pespunte final para cerrar una pelea de 36 horas entre las tribus de la oposición de Cambiemos, que pudo hacer estallar esa sociedad. Uno de los puntos del debate fue la dureza que según algunos reclaman ante el gobierno, frente a quienes entienden que Larreta gobierna el principal distrito del país en cuanto a la recepción de enfermos, y que sus facilidades pueden colapsar si recibe a todos los viajeros que quedaron varados, y tiene ya que asumir la atención de sus contribuyentes y los del conurbano de Buenos Aires.

Pide que, al menos los propios, entiendan que sus objetivos son los mismos que los del gobierno nacional, que hay que alimentar el método de achatar la curva, enlentecer la expansión del virus hasta que el sistema de salud tenga los recursos necesarios para darle batalla y ganarle.

El ánimo en que llegaron los dirigentes no era el mejor. Un diputado como Fernando Iglesias, martillo de peronistas, abogaba por una línea más dura. Otros señalaban que las posiciones más firmes de Patricia Bullrich los arrastraban a una beligerancia poco oportuna para los intereses de Larreta. Los representantes de la Coalición Cívica se alzaron, y siguieron el dictamen de Lilita Carrió, que permanece en la conducción de la fuerza desde su casa de Capilla del Señor - de cuarentena y de Cuaresma - y que lanzó la consigna: “Que nadie busque protagonismo. No es momento. Los protagonistas acá son Horacio y Alberto Fernández, que les toca gobernar. Que nadie se quiera subir a otro pedestal.” Asume que si Cambiemos tiene futuro es porque protege su control de la CABA, y que el principal proyecto del gobierno es desbaratar ese fortín para que deje de existir la liga opositora.

Estalló un whatsapp tóxico

La consigna lilista había producido el hecho simbólico de la semana, que fue la salida masiva de los legisladores de la Coalición del grupo de whatsapp, que les servía de enlace a los integrantes del interbloque. "Es un grupo tóxico", dictaminó el jefe de la Coalición, Maxi Ferraro.

En ese grupo se mezclaban proyectos de ley, fotos personales, saludos de cumpleaños, insultos a unos y a otros, y servía para confundir más que para unir, según los jefes de la oposición. "Fue imprescindible cuando éramos gobierno, ahora es contraproducente", entendió Mario Negri, abanderado del grupo. Claro que la responsabilidad no era del medio sino de sus protagonistas, divididos por posiciones encontradas con la misma característica que tienen las divisiones en el oficialismo, y que todos buscan explotar en su beneficio.

Lo que más molestaba a la coalición y a los radicales era que Patricia Bullrich apareciera identificada -por el gobierno- con el cacerolazo en reclamo de reducción de los salarios de los políticos. Lo mismo que motivó una pelea de Sergio Massa con los capitostes de su gobierno, molestos porque se subió a una carta genérica en ese sentido, de Negri y Alfredo Cornejo, que no gustó en Olivos. "Es una invitación al que se vayan todos".

Carrió entendió lo mismo y rechazó la idea. "Siempre van a pedir más y es un ataque inoportuno a la política, fue el mensaje de Capilla del Señor-. "Nos tiene locos lo de Patricia", reconocieron los lilitos en esa reunión de la calle Uspallata, que ya venían molestos porque Bullrich, presidente del Pro, había querido hacerles firmar una carta en rechazo de la venida de médicos cubanos, acusándolos de ser espías de Maduro.

Hubo otro pronunciamiento del Pro, en favor de la asistencia a los viajeros, que retuiteó el propio Macri, y que no gustó en el larretismo. Tampoco a Carrió, que cree que hay falta de coordinación en la cúpula de la oposición, pero que no ha hablado de eso con Macri, ni con Pichetto, con quien quedó pendiente una comunicación, para después de Pascua.

Economistas radicales y del Pro en asamblea permanente

La cumbre de los jefes de Cambiemos tiene como propósito algo de proselitismo: mostrarse en acción en un momento cuando el público reclama gestos. También discutir un documento económico que le quieren llevar al gobierno.

El viernes los presidentes de los partidos de Cambiemos le pidieron una entrevista personal o virtual a Alberto. Ese documento ocupó toda la semana a varios equipos técnicos de la oposición. Uno sesionó el jueves con Negri, Cornejo y el grupo de los economistas del partido que coordina Jesús Rodríguez desde la Fundación Alem, y que recogió los resultados de los informes que habían acercado, en otra videoconferencia, los presidentes de Cambiemos de los distritos de todo el país.

Ese documento pone el acento en la política de la economía, más que en el tecnicismo de una solución. La doctrina de Jesús (Rodríguez) lo aclara en esta frase: "No imitemos a Hungría". Ese país le ha dado la suma de poder a su primer ministro para que gobierne por decreto, y lo habilitó a avanzar sobre libertades públicas. Por ejemplo, para detener a periodistas que difundan noticias falsas.

¿Quién determina que una información lo es? En la Argentina ya hay jueces que necesitan peritajes sobre si una nota periodística es una fabricación de AP (Acción Psicológica), según la definían los reglamentos militares de la era dictatorial. ¿Acaso todo mensaje público no es Acción Psicológica? Incluso esta columna.

Esta mirada supone que antes de discutir recetas técnicas hay que blindar el sistema político, y no atacarlo con campañas demagógicas como la reducción de los salarios públicos, que nadie cree que solucione nada. El mundo repite en menos de dos lustros la misma situación de reconstruir el sistema económico mundial. Ocurrió en 2008/9 y se vuelve a producir ahora. Lo importante es acudir a soluciones que ataquen la crisis de oferta con la que debutó el virus, y no sólo la crisis de demanda. S

in esperar a que los reciba o no el gobierno, el grupo de economistas del Pro que coordina Luciano Laspina, disparó este fin de semana cinco proyectos con medidas concretas para aliviar la oferta y la demanda, y reactivar una economía desastrada, que puede dejar más muertos que el virus, y porque viene matando desde hace rato.

Cuán cerca o cuán lejos del gobierno

Las discusiones encontraron su cauce en algunas conversaciones claves de las últimas horas. Una, entre Negri y Carrió, quien le recomendó que cuidase su imagen, por ser la principal de la oposición, y que moderase sus apariciones para no desgastarse. La otra fue una video charla entre el diputado radical, Maxi Ferraro y Cristian Ritondo, en la que cerraron las inquinas que había abierto la idea de toquetear los sueldos de los políticos.

La más importante fue la conversación del miércoles en la noche entre Pichetto y Macri para armar la cumbre, siempre por videoconferencia, de la cúpula de Cambiemos el sábado a la tarde. Incluyendo al expresidente. Pichetto – invitado especial a ese cita - insistió en que la oposición tiene que organizar reuniones presenciales, y salirse del corralito al que el gobierno confina a la oposición, cuando sus funcionarios se mueven por el mundo sin barbijo y sin cuidarse ni de la distancia física que indican las instrucciones para el resto de los ciudadanos. Ritondo se negó; prefiere la videoconferencia: acata esa orden y no se mueve de su casa.

De cómo las emergencias despiertan la tentación autoritaria

Va a ser difícil aceptar un mundo en el cual el derecho de propiedad y las libertades públicas están en remojo, y despiertan la tentación totalitaria de algunos gobiernos. Por acá, el gobierno que asumió en 2019 restableció en pocas semanas de gestión las emergencias que regían desde 2002 en la Argentina, y que habían caído. El marasmo económico que siguió la pelea electoral del año pasado restableció forzadamente algunas emergencias que el propio macrismo había levantado.

Alberto, al asumir, ha vuelto a convertir a la Argentina en un festival de excepcionalidades. Y pese a que la oposición le volteó una parte de la ley de solidaridad, que pretendía la cesión de facultades extraordinarias para una reforma del estado que ni Menem soñó en su mejor momento. Caminar por la cornisa es una obligación de la mayoría de los gobiernos del mundo, que para poder mantenerse apelan a leyes de emergencia. Lo explicó bien Timothy Geithner, el secretario del Tesoro de Barak Obama cuando justificó las medidas “socialistas” de aquel presidente para enfrentar la crisis financiera de 2008/9.

Hay que aprender a gobernar en el límite de las leyes, porque el sistema siempre llega tarde. Ahora la tentación autocrática se alimenta, como el virus, de la salud colectiva. Inglaterra cierra fronteras y fomenta detenciones de migrantes; Israel impone feria judicial y vigila el movimiento de las personas con ingenios electrónicos; Chile sacó el Ejército a la calle al año pasado y no lo sacó más; Bolivia ya postergó las elecciones; Singapur publicita por internet la identidad de los contaminados; ni qué hablar de China y sus medidas de control del otro con aplicaciones tan invasivas y peligrosas - como las que ya aprobó España- para manipular la geolocalización de los celulares y conocer quién anda con quién y por dónde. Y Trump le pone los cañones a Maduro porque lo quiere reprimir como narcotraficante, igual que a Noriega en 1989.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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