Lunes, 06 Abril 2020 00:00

Mauricio Macri sin reunión, la platita en billetes de Juan Grabois y PJ congelado hasta octubre - Por Ignacio Zuleta

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Se suspendió un encuentro virtual con el líder del PRO. Sigue el debate por las colas de jubilados. El peronismo y la UCR porteña, con comicios postergados.

 

Roces en la oposición cancelaron la cumbre con Macri

Pudo más el celo por la paz interna que la pelea en la superficie con el Gobierno. Los caciques de Cambiemos suspendieron sobre la hora la cumbre electrónica que iban a hacer el sábado a la tarde. Tenían todos los cables conectados, pero se desbarató la cita por otro factor contaminante: la pelea que estalló entre los dirigentes por el pedido de entrevista a Alberto Fernández, para que los reciba de alguna manera. ¿A qué vamos a ir, si salió a decir que sus funcionarios no blanquean ni roban, como si estuviera hablando de nosotros? El pedido de audiencia lo habían acordado las autoridades de los partidos y los líderes parlamentarios, por iniciativa de Alfredo Cornejo, jefe de los radicales. Todos le dieron el OK; pero con el conocimiento de los dichos de Alberto contra la herencia recibida, saltaron los tapones.

Patricia Bullrich dijo que ella había dado el OK, pero que le había estallado la base, con reproches a esa decisión. Cornejo también escuchó algún comentario reticente de la Coalición Cívica. Horacio Rodríguez Larreta dijo que él ya tenía que hacer con Alberto, con quien tenía previsto alguna charla en Olivos. Bastó para que se dejase de lado la reunión, que puede ocurrir en algún momento de la semana. Tampoco estaba el horno para bollos por alguna otra pelea interna, nacida de la llegada de un colectivo desde Jujuy con extranjeros que cruzaron el país, sin que nadie los frenase, y que fueron identificados recién en la General Paz. ¿Sabía algo Gerardo Morales? Si no lo sabía, malo; si lo sabía, peor. Hay cuentas pendientes ahí.

Las facturas que inquietan a Larreta

Los jefes del PRO sí se juntaron, electrónicamente en la mañana del sábado, para escuchar un informe de Larreta sobre la situación de la peste, que compromete a su gestión tanto como a la de Alberto. En esto navegan en el mismo barco, y se comportan en consecuencia. Explicó que no hay ningún dato que no confirme que el aumento de los casos escalará, como ocurrió en otros países y que hay que tener listo el sistema de salud. Para esto une fuerzas con el Gobierno nacional y, por ejemplo, pone a las repatriaciones en modo cuentagotas, para que no le atiborren los hospitales y los hoteles de cuarentenados venidos de todo el mundo. También dio los argumentos del plan Varsavsky -por el empresario que lo propuso- de aislar a la población mayor, pero liberar a los más jóvenes para que salgan a trabajar y se habilite algún mecanismo de reactivación de la economía.

Puede empezar después del domingo de Pascua, con la reapertura de restoranes, hoy limitados algunos al servicio de delivery, pero que emplean a muchos y sirven a muchos más. La inquietud de Larreta es que la fatalidad lo acosa, porque el sistema de salud de la CABA ya atiende al 30% de los vecinos del conurbano. Y el porcentaje puede aumentar, si escala la peste, al 50%. Todas facturas para él.

Los costos del aprendizaje a gobernar

En esa reunión estaban los dirigentes del PRO: Humberto Schiavoni, Cristina Ritondo, los Bullrich, Patricia y Esteban; y también Miguel Pichetto, fogonero de la reapertura de actividades, incluyendo la de los políticos. También los intendentes del PRO de La Plata, Julio Garro; de Lanús, Néstor Grindetti; y de Vicente López, Jorge Macri, les brindaron un panorama desolador de lo que puede ocurrir, y de lo que ocurrió el viernes, con la exposición de un millón de jubilados a la intemperie y el contagio, con la muchedumbre en las colas de los bancos. Cualquier análisis de ese episodio, que raya con la irresponsabilidad, no puede eludir estas causas concurrentes:

  • 1) Un gobierno que no ha terminado de armar sus elencos, pero que mientras, prescindió del personal que venía de la anterior administración, que manejaba las estructuras de los tres sistemas informáticos más sofisticados del país -PAMI, ANSES, AFIP-. En una situación normal, el aprendizaje de la nueva burocracia hubiera llevado más de un año, pero la Argentina nunca es muy normal en nada.
  • 2) Las diferencias políticas entre las tribus del oficialismo, que conviven con dificultades, porque pertenecen a extracciones distintas en lo político y lo ideológico. El Gobierno es el producto de un acuerdo político dentro del peronismo, pero no se han unificado los liderazgos para que dejen de pelearse entre sí. Lo prueban las inquinas de palacio que desgastan a Ginés González García, cuando debería tener el respaldo por lo menos de toda la estructura estatal.
  • 3) Que el Gobierno desbarató buena parte de la organización informática que había montado el anterior gobierno, sin reemplazarla por una nueva.

Un salto atrás en la transparencia: volver al papel

La prueba es la reacción ante lo que ocurrió el viernes, que es el decreto que se publicó en el Boletín Oficial del sábado –edición extraordinaria, Decreto 338/2020 Procedimiento de contingencia– derogando el sistema de firma electrónica que regía desde el gobierno anterior. Habilita una "contingencia papel" en el caso de que haya alguna dificultad. Es una renuncia al paraíso informático, y el regreso al expediente cosido con hilo sisal. El decreto autoriza a todas las reparticiones a que, ante una “contingencia”, realicen los actos administrativos o las comunicaciones en un documento en soporte papel y protocolizarlos en un Libro especial.

Lo grave es que no se dice qué ni quién configura la “contingencia”. Con sólo invocar que su oficina en ese momento no tenía conexión, el acto administrativo fue hecho en soporte papel y en el protocolo especial. Esto rompe con la unicidad del protocolo (numeración) y el control inviolable por sistema de la “datación” (por la fecha del sistema y la fecha de la firma digital). Por lo que se vuelve a permitir la vieja práctica de antedatar o posdatar los actos administrativos, lo cual ha sido una práctica histórica y viciada en la administración. Una invitación a la trampa burocrática y un salto atrás en materia de transparencia.

¿Entiende este peronismo la cultura popular?

Lo más grave es que a un gobierno peronista le cuesta entender que la tecnocracia no conoce la cultura popular, “que la gente quiere su rollito de plata para ponerse en el corpiño, más las doñas viejitas, que le desconfían al cajero automático. Esto afecta el uso de la tarjeta Alimentar. Hay un segmento de gente de los barrios populares más pobres y de clase trabajadora que no quiere saber nada con cajeros, tarjetas... quiere la platita en billetes. Es gente que se crió en australes de Alfonsín; gente que no tiene cajero cerca; gente que vive en lugares donde no se aceptan tarjetas. Es la necesidad de la gente de contar con esa moneda. Era muy importante abrir los bancos. Se hizo mal, pero la medida era muy necesaria".

Esto me lo dice Juan Grabois, un hombre ligado al gobierno, pero que dice cosas claras. Y completa: "Ni ayer era todo perfecto ni hoy es todo un desastre. Hubo y habrá errores y aciertos. Acá, en Suecia y en Japón. Lo importante es corregirlos. Sí a la crítica constructiva y los reclamos legítimos; no al oportunismo y las acciones de desgaste. Todos dependemos de que el Gobierno tenga autoridad para hacer cumplir algunas pautas comunes. Si las protestas vienen de los sectores acomodados, pueden generar una suerte de quiebre de la autoridad, que, si se traslada a los barrios populares hasta hoy muy cumplidores y disciplinados a pesar de las penurias, termina en cualquier cosa".

Esenciales, pero nunca tan esenciales

De lo que nadie habla en el Gobierno es sobre las presiones sindicales para no declarar servicios esenciales a algunas actividades, como la apertura de los bancos. El sindicalista Sergio Palazzo argumentó que los bancos debían proteger a los empleados. Indiscutible. Pero ese resguardo tiene límites, como los otros derechos y deberes. En la Argentina todos los gobiernos han fracasado en avanzar en la declaración de servicios esenciales a algunas tareas, como el transporte, los bancos, o la educación. Lo intentaron gobiernos como los de Néstor y Cristina, cuando Alberto Fernández o Julio Alak querían imponer algún control en las huelgas, que se declaraban por sorpresa y sin restricciones, violando derechos personalísimos. Fracasaron siempre por presión de los gremios.

La última vez fue cuando Alak era ministro de Justicia y Héctor Recalde –hoy director por el Estado en YPF– mandaba en nombre de Hugo Moyano en Diputados. Fue otro de los intentos de declarar esenciales a algunos servicios, como como los vuelos comerciales, cuyos usuarios arriban a los aeropuertos siempre con la duda sobre si habrá o no un paro sorpresivo. Ni pensar en el ánimo de quien debe trasladar un enfermo, cerrar un negocio o tramitar algo impostergable, en un país donde la geografía impide reemplazar los aviones por otros medios. Cuando Macri propuso esa declaración para los revoltosos del subte porteño, el ministro Carlos Tomada cargó contra él en protección de los fueros sindicales, que también ha defendido en la OIT. También fracasó Gabriel Mariotto cuando quiso frenar huelgas docentes cuando era vicegobernador de Scioli, e intentó que el bedel Roberto Baradel aceptase la declaración del servicio educativo como esencial, del mismo modo como lo había impuesto Rafael Correa en Ecuador.

Bajo la presidencia de Néstor Kirchner, Hugo Moyano logró excluir al transporte de la lista de servicios esenciales. Fue prenda de uno de los acuerdos más fuertes y modificó la calificación que databa del ministerio de Armando Caro Figueroa. El gobierno de Macri mantuvo el pacto Kirchner-Moyano y eso no ha cambiado.

Pelea por el control del PJ pasa a octubre

¿Podrá arañar la tenue coreografía de los bytes la dura realidad que enferma y mata? El intento está. Por ejemplo, en la pelea, sorda y muchas veces inmisericorde, por el poder en los partidos. El peronismo pergeñó el viernes una resolución que posterga las elecciones para autoridades nacionales hasta el 4 de octubre de este año. Había una fecha anterior, para mayo, pero la parálisis institucional por la peste tiró todo para delante. El deadline de presentación de candidaturas es el 31 de agosto. Algo decorativo para quien mira desde afuera, pero da tiempo para la rosca que implica trasladar a la nueva cúpula del partido la alianza que las tribus, que le permitió al PJ ganar las elecciones de 2019.

En ese acuerdo entran el cristinismo, que administra al peronismo metropolitano (los Fernández, digamos), con los grandes caciques del peronismo provincial (Juan Schiaretti, Omar Perotti) y el tercer sector, que actúa como “enganche” en media cancha, que es la línea Jorge Capitanich-Sergio Uñac. El sanjuanino le ganó la interna partidaria en su provincia a José Luis Gioja, que conduce hoy el partido. Ninguno de ellos quedará afuera, y la negociación nos entretendrá hasta agosto. Las novedades son que Capitanich aspira a representar al cristinismo del interior, que Uñac va a tener por lo menos los mismos tantos que Gioja, que manda hoy en nombre de todos, pero herido en su poder provincial, y que Schiaretti va a ponerle fichas a este juego, del cual Córdoba siempre se ha mantenido a una distancia oportuna para sus intereses.

Estas decisiones, que tomó el viernes la junta electoral del PJ, que controla desde Formosa el presidente del Congreso, Gildo Insfrán, y administra en nombre de todos el apoderadísimo Jorge Landau, parecen decorativas en un partido que nunca hizo una interna para autoridades. Siempre se impuso la lista única. La única interna que disputaron fue para candidatos presidenciales el 9 de julio de 1988, entre Menem y Cafiero El Viejo. Fue tan traumática que nunca la repitieron. Hasta prefirieron ir divididos a elecciones, antes de prestarse a tamaño vértigo como es una interna real. O sea que aportarán mucha letra hasta agosto con las evoluciones de esta rosca. Minucias, pero que son la sal de la vida política.

Trump, como los peronistas de acá, contra el voto por correo

Quienes creen que estas fruslerías son fruto de una fiebre tercermundista miran con atención cómo la peste también afecta las relaciones de poder en países como los Estados Unidos. En estas horas Donald Trump ha debido salir a confirmar que habrá elecciones presidenciales en la fecha previstas por el cronograma electoral americano -un martes después del primer lunes de noviembre-. Serán el 3 de noviembre, y se dudaba de que se pudiera cumplir, también por la parálisis que trae la pandemia. En esa confirmación, Trump negó que se vaya a autorizar que los ciudadanos voten por correo. "La gente miente cuando vota por correo", deslizó Trump, que quiere voto presencial, con urnas y cuartos oscuros.

El principal epidemiólogo de ese país, el médico Anthony Fauci, salió a decir que prefiere el voto por correo, porque el presencial puede disparar nuevas olas de contagio, aunque eso ocurra en el lejano noviembre. Esta experiencia alumbra para todos lados, incluso para la sede del PJ en la calle Matheu, hoy limitada al espacio cibernético del Ipad de Landau, que es donde está en realidad el PJ. Le preguntaban al legendario Roberto García, "el áspero", dirigente de los taxistas, dónde estaba el sindicato y respondía, riendo, mientras golpeaba su maletín: "Acá, acá lo tengo". El Ipad de Landau alberga al partido, más que la acumulación de biblioratos que tiene archivados María Servini en su juzgado. El apoderado tiene listo un proyecto de ley para presentar en cuanto haya sesiones -virtuales o reales- que deroga la autorización a los argentinos que viven en el extranjero para que voten por correo. El sistema se usó en las últimas elecciones, bajo protesta del PJ, que quiere abrir el turno a otra reforma electoral. En la Argentina todas las elecciones se hacen con reglamentaciones a la carta. Es otra de las singularidades del sistema. A lo mejor es para que funcione.

Radicales también postergan

Los radicales de la Capital, entre quienes sí suelen haber elecciones internas reales, se reúnen en la tarde del lunes para resolver también una postergación de la competencia, que enfrenta proyectos contrarios, como son los de Nosiglia, Angelici, Jesús Rodríguez y otros altos caciques. Van a la pelea en 14 de las 15 comunas en las que se divide el distrito, y la puja por el control del partido importa porque esa fuerza es socia del oficialismo de Cambiemos, en la CABA, el principal distrito que gobierna la oposición. Es una disputa real por el poder futuro, y porque influirá en la confección de las candidaturas a cargos legislativos del año que viene.

Ignacio Zuleta

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