Domingo, 12 Abril 2020 00:00

El jubileo de los heterodoxos - Por Ignacio Zuleta

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Los gobernadores recibieron poca plata de la Nación y “cuasi moneda” dejó de ser una mala palabra. La diferencia generacional marca una manera de hacer política y de gestionar la administración. La cuarentena agrava las desigualdades entre el oficialismo y la oposición.

 

La prolongación de la cuarentena fue la tarea que los gobernadores cumplieron - cual prolijos alumnos - a pedido del presidente, antes de la firma del decreto con la nueva fecha. Se llevaron la misión de redactar un informe completo de las sugerencias sobre permisos a conceder en este nuevo lapso, según las características de cada provincia.

No es lo mismo el efecto de la peste en Buenos Aires o la CABA, que encabezan la cantidad de contagiados como, por ejemplo, San Juan, que hasta este fin de semana registraba un solo caso. La geografía beneficia a ciertas comarcas en este tiempo de desgracia. "¿Sabés lo que le cuesta al virus llegar hasta acá?", bromeó un ex gobernador de una provincia patagónica, con muy pocos casos, desde su casa junto al Atlántico. En esa zona los rigores de la veda a la circulación son tan tenues que parece un mundo normal.

El envío a Alberto de un informe por cada provincia fue un compromiso de los gobernadores para que la receta sanitaria a la crisis sea exclusiva responsabilidad de la Nación. Nadie quiere quedar en off side, animarse a aliviar la cuarentena y jugarse a que le aumenten los casos. Sería el final de su carrera política. Igual, los mandatarios que asistieron a la charla con el presidente se llevaron la impresión de que esta es la última vez que la Nación asume el costo de ponerle el cerrojo a la actividad. La próxima quedará a cargo de los gobernadores.

Del bono a proveedores a la cuasi moneda, sin escalas

La segunda percepción que surgió de esa reunión es que el auxilio financiero a las provincias es una gota de agua en el desierto, y que ha quedado habilitado el camino hacia la creación, por las provincias, de nuevos medios de pago. Ninguno de los gobernadores, admiten en Olivos, se va a quedar quieto ante la crisis. Por eso se disparó el camino hacia las cuasi monedas, siguiendo el formato clásico conocido en la crisis del 2001.

Primero un bono para pagarles, a la fuerza, a proveedores del Estado. El segundo round es la cuasi moneda. Juan Schiaretti, que es el jefe informal de la liga de gobernadores peronistas - así actuó durante los 4 años del gobierno Macri y lideró al resto de pelotón en todas las negociaciones financieras - es el primero. En la lista de los próximos figuran Santa Fe, Entre Ríos, Chubut y siguen las firmas. A menos que haya nuevos auxilios suficientes de Nación.

También en esto las realidades provinciales son diferentes. La promesa de los $120.000 millones que les auguró el decreto de Alberto va en dos partes. La mitad ya se empezó a pagar (son dos o tres cuotas de unos $20.000 millones), a repartir según un mix del distribuidor de la coparticipación y la cantidad de habitantes: una manera de compensar que distritos como la CABA y Buenos Aires reciben poca coparticipación, pero tienen muchos habitantes. En ese reparto lo que le toca a una provincia promedio, como Mendoza, son, en la primera cuota que le llegó el miércoles - unos $825 millones. Poco para lo que representa la caída de recaudación en ese distrito, que tiene señales de salud al punto de que el gobernador Suárez confía en que podrá pagar sin mucho sufrimiento los sueldos de abril y mayo.

Después podrá acudir a la segunda parte de la promesa, (de los otros $60.000 millones), que son un préstamo a 36 meses. Va a ser una puerta 12 porque se lo van a disputar todos los gobernadores. Ante este panorama es comprensible que "cuasi moneda" haya pasado de ser una mala palabra para convertirse en un remedio que ningún gobernador va a despreciar, si de eso depende su futuro político.

Lentitud en la economía, tumulto en lo social

La otra percepción que se llevaron los gobernadores, y que fue tema de rondas telefónicas que cruzaron después de esa reunión con el presidente, es que la respuesta de la Nación es lenta y charlada en lo económico, y más rápida, aunque tumultuosa, en lo social. El 17 de marzo, se quejan, los ministros Guzmán y Kulfas anunciaron una batería de medidas - reflotar los Repro, ayudas a salarios de las empresas, alivio en el pago de los aportes patronales, etcétera - que tardaron dos semanas en ponerse en marcha. Algunos, como los nuevos Repro, recién se habilitarán este lunes. Justo en una fecha crítica para la administración, porque está previsto el final de la moratoria del pago de las tarjetas de crédito.

El público deberá enfrentar este pago después de un largo feriado bancario que le dificultó el manejo de dinero - ingresos, depósitos, cheques, acceso a cajas de seguridad y a operaciones cambiarias. En las últimas horas las reuniones de Alberto con funcionarios de Economía se dedicaron a encontrarle una salida a otro tumulto, que puede ser tanto o más estridente que el del viernes 3, cuando millones de jubilados y pobres se amucharon en los bancos en plena cuarentena, cuando querían cobrar beneficios y AUH.

En esta mirada hay un sesgo generacional. Los mandatarios de Economía abordan el gobierno nacional como una estudiantina alborozada que va al trabajo cantando y googleando, sin la experiencia de los años. Hombres como Schiaretti o Jorge Capitanich o ministros como quienes rodean al mendocino Rodolfo Suárez tienen las mataduras en la espalda de más una crisis. El cordobés o el chaqueño navegaron tormentas en 2001.

Uno fue ministro de Finanzas de José Manuel de la Sota, adalid de la pesificación; el otro fue jefe de gabinete e inventó el CER, que aún nos guía. Enrique Vaquié y Lisandro Nieri, hoy con Suárez, fueron ministros de Roberto Iglesias en aquellos años. Después les tocó, en el gabinete de Alfredo Cornejo, desarmar los desaguisados de “Paco” Pérez. Los “Guzmán Boys”, cuando los encuentran, se tientan con pedirles una selfie.

Quién paga la factura del escándalo de las colas (en los bancos)

En el ajuste de cuentas por aquel tumulto - que se tratará de impedir este lunes con el público que usa tarjetas de crédito- los dardos siguen sobre el ministerio de Daniel Arroyo, tocado bajo la línea de flotación por el escándalo de las compras con precios superiores a los máximos estatales.

La pesquisa que hizo el propio gobierno exculpó a los bancos y al Central por el episodio, y detectó que la presión para esos pagos de manera insensata nació de los funcionarios de Desarrollo Social y de la ANSeS, que modificaron la forma de pagar la AUH, para llevarle dinero a los beneficiarios en forma rápida. El pago de la AUH suele hacerse a lo largo de 10 días y decidieron, de buenudos, hacerlo en tres.

De ahí la acumulación de público: se sumó al de los jubilados atrasados en el cobro, el que debía recibir el beneficio de los $10 mil, a quien también se le acortaron los días de pago. Esta factura la pagan Arroyo y Alejandro Vanoli, funcionarios de un gabinete loteado a distintas tribus del peronismo, y que caminan en territorio minado, porque tienen entre sus filas más conspiradores para voltearlos que colaboradores. Esto lo sabe Alberto, por eso los perdona.

Macri desafía el corralito con economistas

Este lunes Mauricio Macri tiene previsto albergar en su oficina de Vicente López una reunión con dirigentes de su partido y un grupo de economistas para discutir recetas ante la crisis. Tienen previsto estar Patricia Bullrich y Miguel Pichetto. Será a pocas cuadras de la residencia de Olivos, y donde la parrilla de los cumpleaños no deja de echar humo.

Será un desafío a la prohibición, porque algunos de los presentes, un expresidente, el exsenador, una exministra, algunos economistas, no son funcionarios públicos y no están exceptuados de la veda.

¿Se animará alguien a detenerlos? Eduardo Duhalde, según el relato que hizo Alberto de la última visita que le hizo a Olivos, justificó su libertad ambulatoria en que fue presidente (cito del sitio El Cohete a la Luna). ¿Es jurisprudencia?

Los misterios del llamado de Olivos

Mario Negri se escudó en esa discriminación para rechazar una invitación que le hizo Alberto a tomar un café. El presidente le whatsappeó en la noche del lunes un clásico "¿Estás?" con el que inician ese tipo de diálogos.

Alberto le pidió una reunión para hablar de los problemas de la economía y de la peste para el día siguiente. Negri le dijo que él estaba cuarentenado y hasta hizo una broma sobre el corralito cibernético al que está confinada la oposición. El presidente le prometió llamarlo al día siguiente, algo que no ocurrió hasta el momento en que se escribe esto.

El propio Alberto reveló ese llamado en la misma noche por TV, y al día siguiente Máximo Kirchner dio algún testimonio de que sabía de ese llamado, y no por Negri, y de que Alberto iba a insistir en su convocatoria. Sí recibió el reconocimiento de los dos gerentes del oficialismo a él cómo el virtual jefe de la oposición, y el único con quien hablarían. Se entiende, porque Negri le tiene cortados los teléfonos a Sergio Massa, lo mismo que Máximo y otros capitostes del bloque oficialistas, cansados de seguirle las martingalas al estadista de Tigre.

No quedó claro el propósito de esos llamados. Desde afuera se puede pensar que fue un intento de dividir a la oposición entre duros y blandos, otra fabricación del gobierno para identificar a Macri junto a los blandos, y al eje Pichetto-Bullrich entre los duros. El propio Macri buscará en la reunión de este lunes desbaratar esa trama explicativa mostrándose junto a los dos.

Desigualdades criollas

La oposición está bajo fuego, en el momento más débil de la institucionalidad criolla. Con descaro, los funcionarios del gobierno se prestan a rondas de té, con Cristina auditando Olivos, o asados de más de tres horas, y Alberto festejando su cumpleaños con Máximo, según contó este diario, y alardean del uso de una nueva categoría de fueros. Son los fueros del oficialismo, porque nadie puede creer que esa libertad ambulatoria que no tiene la oposición se haga amparada sólo por las inmunidades legales de la madre senadora y del hijo diputado.

El árbol de la peste nos impide ver el bosque de desigualdad que instaura, de facto, esta situación. Nada mejor para un gobierno que tener la llave con la que tener acorralada a la oposición. El sistema debería habilitar un fuero por la cuarentena para quienes hacen política, que “es una de las formas más preciosas de la caridad” (Francisco).

Los fueros no son sólo para los que tienen cargos de origen popular - ejecutivo, legislativo -; también se extienden a quienes hacen política desde los partidos. En 1996, Horacio Massaccesi asumió la banca de senador que había ganado en 1995 y no lo habían dejado jurar porque tenía causas judiciales. María Servini dijo en un fallo que los fueros amparan al político no sólo cuando tiene un cargo, sino desde que es candidato. Es para protegerle la libertad ambulatoria y la libertad de palabra, que hoy la oposición tiene limitadas por las normas restrictivas de la peste. Con aquel fallo y otros movimientos, pudo asumir como senador, un año más tarde de su elección.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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