Domingo, 19 Abril 2020 00:00

Alberto no les adelantó a los gobernadores cuál era la oferta por la deuda - Por Ignacio Zuleta

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El presidente les anticipó a algunos mandatarios que la propuesta sería rechazada en el primer round.

 

En la soledad de Olivos -la residencia presidencial, a diez cuadras de donde recibe Macri a los suyos- Alberto agota el zapping y las llamadas a interlocutores de la oposición antes de que aparezcan en los programas de la prime time, que no se pierde ninguno. Casi una operación de control del otro, necesario en el oficio de la política, que es un género de la manipulación de los demás. Ante algunos ensaya llaneza y comprensión, como si los quisiera de su lado. A algún otro le adelantó, horas antes de conocerse la propuesta a los acreedores, que creía que iba a ser rechazada en el primer round, aunque no podía ser más moderada.

No adelantó detalles, como tampoco lo hizo ante los gobernadores que lo acompañaron en la mesa del jueves. Una audacia de los dos lados: que los invitase sin adelantarles nada de esa oferta, y que éstos aceptasen ir a Olivos sin preguntárselo. Da la dimensión de la necesidad, motor de esas conductas en medio de la crisis y como prueba de liderazgo.

¿Hacía falta? Éste fue un default tántrico –por la demora exasperante en la llegada del clímax-. Lo había anunciado desde 2017 Cristina (“Esta deuda no se puede pagar”, dijo en el Senado apenas asumió la banca) y lo ratificó Alberto el 1° de marzo cuando avisó que no habría superávit hasta 2023. Y sin superávit no hay para pagarle nada a nadie. Pero que la próxima avise, porque algunos gobernadores hubieran querido saber antes que estaría Cristina. Eso tenía otro precio.

Alberto pide discreción sobre esas conversaciones; pertenece a un gobierno de vigilantes y está en una jaula de cristal, espiado por los propios, incluyendo asesores que tienen una pasión casi profesional por la vida de los otros. Y bien que hace en cuidarse, porque en esas sinceridades nocturnas admite que Cristina sobreactúa cuando le pide permiso a la Suprema Corte para que le autoricen sesiones del Senado. Mañana, le responden del otro lado del teléfono, ¿los jueces nos van a pedir a los políticos permiso para condenar a alguien?

Reconoce que es difícil que la Corte se juegue en un caso así. Se queda callado cuando le reprochan que el impuesto a las grandes fortunas es un camino sinuoso hacia alguna solución. Anduvo Máximo por acá, cuenta, en una única referencia a la autoría cristinista de Carlos Heller, que lo acompañó en la visita que le hicieron con Martín Guzmán para avalar la iniciativa con una foto-emblema. El debate se cuelga de un punto: ¿es mejor hablar con los empresarios o inventarles nuevos impuestos? En el gobierno no tienen respuesta.

POR QUÉ NO RECIBE A LOS PARTIDOS: NO QUIERE VERLO A MACRI

También tanteó sobre la videoconferencia con los jefes de los bloques de la oposición del viernes, un emprendimiento de Sergio Massa para el que pidió el apoyo de Alberto. Es la manera de abrir la cámara para la aprobación de este impuestazo, en un momento cuando el oficialismo no tiene el quórum para iniciar la sesión. En las dos que hubo desde el 10 de diciembre llegó al número necesario con mucha dificultad.

Intentó que los jefes de esos bloques acompañaran a los gobernadores en la amplia mesa del jueves. Pero los de Cambiemos esperan que antes le responda al pedido de entrevista con los partidos de la coalición. Prefiero manejarme, por ahora, -argumenta Olivos- con los gobernadores y la gente del Congreso.

Se entiende que quiera elegir con quién hablar; se siente cómodo con algunos e incómodo con otros. Alfredo (Cornejo) era amigo mío –confiesa- pero se ha puesto muy duro. El jefe radical fue socio de Alberto en la Concertación de 2007 que hizo estallar la carrera política de los dos. Mas que amigo era tu socio, le bromean del otro de la línea y se ríe. También es hora de risas.

ARRIAZU: LA CLAVE ES LA CONFIANZA, MÁS QUE LA EXPANSIÓN

Hay dilemas tóxicos que paralizan al gobierno y a la oposición, sobrepasados por la acumulación de las crisis -salud, economía, la de antes y la de ahora- y cruzados por diagnósticos contrarios. El temor a la heterodoxia los paraliza, cuando deberían mirar la historia, como aconsejan algunos expertos. Ricardo Arriazu, uno de los más escuchados hoy, explicó en una ronda de inversores, hace algunas horas, que los países, en el pasado, han enfrenado los grandes conflictos con la consigna "ante problemas inéditos, soluciones inéditas".

Se refiere al temor que existe en los economistas, oficialistas y opositores, a las consecuencias de las políticas expansivas. "Frente a la actual crisis, los gobiernos están tomando medidas de expansión monetaria sin precedentes -afirmó-, que en algunos casos superan el 20% del PBI. Muchos analistas se preguntan si esta expansión no está sentando las bases para problemas inflacionarios futuros. Estamos navegando en aguas desconocidas y es muy difícil predecir el futuro, pero la experiencia de expansiones similares durante las dos grandes guerras (y en el caso del Reino Unido, también entre 1750 y 1850) nos permite confiar en que con buenas políticas posteriores y con confianza y liderazgo político es posible evitar posibles efectos negativos en el futuro". Para pensar y después decidir.

Es sencillo y racional: la clave es la confianza y eso lo genera la política antes que la economía. Lo mismo podrá pensarse de la respuesta -más allá de este aporte de Arriazu- de los acreedores. No es cuestión de números sino de que el gobierno genere confianza de que no los van a embocar de nuevo dentro de cuatro años. Si estuvieran seguros de eso, aceptarían la oferta que hasta los más críticos coinciden en que es moderada, en un mundo que resetea todos los paradigmas.

OBLIGADOS A COHABITAR CON EL PRINCIPAL ENEMIGO

Es difícil generar confianza y liderazgo en medio de los tumultos a los obliga la política argentina a sus actores. La dureza de la pelea y los prejuicios obligan a las partes a imponer hegemonías más que consensos. Más allá de la anestesia política que recomienda la peste, el principal proyecto político del gobierno es dinamitar cualquier posibilidad de una reorganización de la oposición de Cambiemos para las elecciones que vienen. Querrían que se los lleve la peste.

Esa demolición empieza con Macri -que no muestra mucho futuro– pero es sólo la antesala de la batalla contra el principal adversario, Horacio Rodríguez Larreta, el que más futuro tiene.

Olivos está obligado a compartir el esfuerzo de guerra contra la peste con el jefe porteño. Saben las dos partes que la peste ocurre en la CABA -el lugar con más enfermos, pero donde hay más recursos para enfrentarla, tanto que puede convertirse en el salvador del Conurbano-.

Si esto termina bien, como seguramente va a terminar, el ganador va a ser el gobierno y principalmente Larreta.

Cualquier político sabe que un 80% de popularidad hoy se puede dar vuelta en poco tiempo. Los ejemplos de Cobos y de Massa son la prueba. En 2010 el mendocino caminaba por las calles con la banda presidencial ya puesta, era el candidato con más intención de voto. En 2011 no se pudo ni presentar a las PASO. Massa en 2013 era el preferido para siguientes presidenciales. En 2015 no entró ni en el ballotage y en 2017 se fue a la casa. Para volver tuvo que subir, de primer polizonte en el viaje a Venus con un corso de astronautas (Ferrer, el poeta).

Previsor de un mundo más tranquilo, Larreta enlazó una alianza fuerte con Carrió -que entiende estos tiempos y por eso se guardó hasta nuevo aviso: ella sí volverá -; porque sabe que su acción de superficie lastima a Cambiemos. También aferró el acuerdo con el radicalismo de la CABA, con el cual gobierna, y sumó una alianza con más poder simbólico que fichas, pero que hace sombra sobre la tierra, con el ala Frigerio-Massot-Monzó. ¿Cómo no va a preocupar al gobierno, que ahora está obligado a caminar con él pero que, en cuanto pueda, deberá echarlo a los lobos?

OJO CON LOS VIEJOS

Pasear entre las fieras es sostener medidas de prevención que el gobierno porteño tendrá que aplicar con mano de seda, como la prohibición de que los mayores de 70 años salgan a la calle. Este fue el tema de la reunión que lo hizo reaparecer a Larreta el viernes por la mañana en Olivos.

Es un régimen que puede ser un búmeran. ¿Prohibirles a los viejos salir a calle, cuando quienes contagian son los jóvenes y los viejos los contagiados? Es como forzar a la gente a que se quede en su casa y dejarle zona liberada a los ladrones para que roben. Responde a una hipótesis sobre la letalidad de la peste, como son hipótesis todas las otras medidas que se imponen por si las moscas.

Es entendible porque los gobiernos tienen que prever lo peor. Pero ojo con los viejos. El psicoanalista Arnaldo Rascovsky popularizó en los años ’70 la teoría del filicidio, como la tendencia cultural a ejecutar “el holocausto de las nuevas generaciones”, enviado a los niños a la muerte. Por esos mismos tiempos Adolfo Bioy Casares ficcionalizó sobre la tendencia a matar a los viejos (Diario de la guerra del cerdo).

¿Habrá triunfado esta segunda pulsión social, la de los parricidas? Fernando de la Rúa decía que su carrera política, siempre exitosa hasta el final –que siempre llega– se había beneficiado del apoyo de dos sectores fidelísimos del electorado porteño: la comunidad judía y los jubilados. Tanto fue así que animó durante años un programa de radio dedicado a este sector ("Encuentros con la tercera edad", radio Municipal y después radio América).

Ojo con los viejos, que existe la tintura de pelo o el recurso de algunos calvos de toda calvicie de ocultar las canas, expediente más eficaz si se le suma el barbijo, para ocultar la identidad, como se vio en la cabecera principal del jueves en Olivos. Lo último que necesitan los viejos es que los corran al grito de “Agarrelón, que lo vacunamos de prepo”. Ya padecen las alcahueterías de los porteros.

Lo último que necesitan gobernantes porteños como Alberto y Larreta es una rebelión de los viejos por su libertad nada menos que en la ciudad de Bergoglio.

El Papa ha dicho las palabras más profundas sobre los ancianos como víctimas de la cultura del descarte. "Los jóvenes –ha dicho por ahí- necesitan los sueños de los ancianos para tener esperanza, para tener un mañana. Sólo el testimonio de los ancianos les ayudará a mirar hacia el horizonte y hacia arriba, a ver las estrellas". Cuidar es cuidar. Mano de seda.

Ignacio Zuleta

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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