Martes, 21 Abril 2020 00:00

El dilema de Alberto Fernández para sortear la crisis económica - Por Walter Schmidt

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El Gobierno sabe que está ante la oportunidad única de poder consensuar reformas estructurales. Pero también puede caer en la repetida ambición de la hegemonía.

 

“Tal vez sea la oportunidad para empezar a construir otro país, de barajar y dar de vuelta y empezar a hacer las cosas de otro modo”, pronunció, casi al pasar, Alberto Fernández en Olivos durante el anuncio de la propuesta de negociación de la deuda. Lo hizo con Cristina Kirchner sentada a su derecha, y Horacio Rodríguez Larreta​ a su izquierda. Paradójicamente, son las dos opciones entre las que deberá elegir cómo rumbo para una decisión medular para el país y para su futuro político: utilizar el clima de “unidad” y de “colaboración” política que hay contra el coronavirus para resetear y consensuar un nuevo modelo económico, o bien optar por un camino personalista o partidista, trazando una vez más una línea entre nosotros y ellos.

“Alberto tiene la posibilidad de convertirse en Perón o de pasar a la historia como un Presidente más”, describe un operador peronista. Funcionarios, dirigentes oficialistas y referentes de la oposición coinciden en que pocas veces en la historia, un mandatario tuvo como hoy la oportunidad de realizar cambios estructurales que un país en permanente debacle como la Argentina, requiere. Claro, también corre el riesgo de caer en la tentación del proyecto hegemónico.

En la Casa Rosada saben que el mandatario que llegó hace apenas cuatro meses al poder gracias a los votos del kirchnerismo, se está consolidando, ocupa la cabecera de una mesa con los gobernadores que no existía, es el virtual gobernador de la provincia de Buenos Aires -dicen- y la gente acepta en las calles el “hagamos lo que dice Alberto”. Pero ese sitial también conlleva riesgos, ya que toda la responsabilidad es del Presidente.

“El derrumbe de la economía no se arregla en seis meses” pero también están las condiciones dadas para “avanzar en temas estructurales, en un modelo de país”, asiente un ministro. Sobre todo, cuando quienes se podrían sentar a la mesa, si lo que se buscará finalmente es un gran consenso “están depreciados”, admite. En particular apuntan a los empresarios y los sindicalistas, además de la dirigencia política en general.

El radical Mario Negri, jefe del bloque de Diputados de Juntos por el Cambio no habló en soledad cuando pidió al Gobierno que convoque a un ámbito de trabajo a empresarios, sindicalistas y la oposición para buscar acuerdos que amortigüen el desplome de la economía. El senador y ex ministro de Economía Martín Lousteau, que suele tener un perfil independiente, también dijo estar convencido que Alberto Fernández debe llamar a un comité de expertos en economía que aporten, en función de la historia argentina, cómo salir de esta compleja situación.

Desde el PRO, el larretista Álvaro González, vicepresidente de la Cámara de Diputados, avizora la necesidad de que un paquete de medidas que ponga en marcha la economía sea previamente consensuado por el oficialismo con la oposición y los representantes de la producción y el trabajo. En términos pragmáticos, argumenta, el Ejecutivo necesitará del Congreso para aprobar semejante medidas por lo que, si hay un acuerdo previo, no habría trabas luego para que se convierta en ley.

Un economista cercano al Gobierno ensaya cuáles deberían ser, a su criterio, los temas a consensuar con la oposición y los sectores clave en la Economía, una vez que la negociación por la deuda esté despejada. Una reforma tributaria, la asignación del gasto público, un modelo de industrialización con sus incentivos, cómo se financiará la producción, la relación con el sector agropecuario, cómo se distribuirán los ingresos entre la Nación y las provincias, el escenario internacional, los incentivos a los segmentos más complicados que deja la crisis y el rol del sistema financiero.

Algunos oficialistas creen que la puesta en marcha del Consejo Económico y Social perdió sentido y que debería reunirse a economistas y especialistas alrededor de un órgano de mayor jerarquía, encabezado por el jefe de Estado.

Días atrás, el propio Presidente si bien puso algunos reparos sobre con quién dialogar -en particular, “los que piensan que el Estado es un perjuicio”- reveló que le pidió al ministro de Hacienda, Martín Guzmán, armar una ronda con economistas opositores e independientes. Si bien es un primer paso, es evidente que la construcción de un nuevo modelo económico requiere algo más que una ronda de conversaciones.

En el Gobierno observan que están ante la posibilidad, en términos políticos, de que Alberto Fernández se legitime como Presidente y deje de ser sólo el beneficiario de los votos de Cristina. Para ello, creen necesario dejar de pensar sólo en el corto plazo y proyectar más allá. “Hay que hacer reformas estructurales”, repiten.

Si bien hay coincidencia unánime en el oficialismo sobre la gran oportunidad que se presenta, hay muchas dudas acerca de los tiempos. Para un sector del Poder Ejecutivo, ahora no se puede plantear nada si la estrategia está focalizada en cómo ir flexibilizando la cuarentena y aún no se acordó con los bonistas por la deuda. Pero otros alertan que, “hoy tenemos la disposición de todos los sectores, empresarios, sindicalistas, oposición, para un gran acuerdo. Pero dentro de un mes, si se va despejando la incertidumbre sobre la pandemia, no sabemos. Por ahí volvemos al juego de la grieta”.

Está claro que el principal objetivo es derrotar al virus, pero nadie descuida su juego político. En este momento la atención está puesta en el lunes 27 de abril, cuando comience la tercera etapa del aislamiento.

“Ahora empieza la discusión de cómo se sale de la cuarentena y si no la lidera Alberto, la perdemos. Esa narrativa la tiene que construir el Gobierno y no lo está haciendo”, plantea un Secretario de Estado. En el gabinete trabajan para anunciar que la economía volverá a funcionar, por fases. Para la Casa Rosada va a ser clave la obra pública. Será la punta de lanza y se volcarán varios miles de millones de pesos. Porque es una actividad que cada puesto de trabajo se replica por seis al activar otros rubros. Y además permite mantener los cuidados sanitarios.

Cerca del mandatario piensan en una estrategia ya no universal sino segmentada, porque no en todas las regiones del país el coronavirus ha incidido de la misma manera. Y destacan la jugada de Fernández de haber “descentralizado” la responsabilidad a la hora de flexibilizar la cuarentena. “No creo que ningún gobernador levante la mano para pedir algo irresponsable y después tener que hacerse cargo de un montón de contagios y muertes”, sostienen en la sede gubernamental.

La nueva etapa no perderá de vista el cuidado sanitario, se ocupan por aclarar. De hecho, no fue casual la defensa que Alberto Fernández hizo de Rodríguez Larreta por las restricciones adoptadas por el gobierno porteño respecto de los adultos mayores. Las autoridades necesitan que se produzca el proceso de inmunización. Es decir, “que la gente salga, se contagie, pero no se muera, y eso se logra si los grupos de riesgo están en cuarentena”, explicaron.

Walter Schmidt
Foto: @matimazzagatti

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