Domingo, 26 Abril 2020 00:00

Aprovechan la peste para ajustar peleas de poder - Por Ignacio Zuleta

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Sin barbijos. En el oficialismo, la pandemia se utiliza para ir ocupando espacios y resolver debates, e internas, no cerrados. Los motivos de Cristina contra la Corte. El objetivo último de la batalla por el impuesto a los ricos.

 

La peste no paraliza la política y menos en un país con un gobierno y una oposición en estado de germinación lenta. El oficialismo aprovecha las condiciones excepcionales para desplegar acciones en los espacios que le deja disponible el modo pausa en el que está aletargada la corporación. Como si confiara con que el virus le facilite la revolución, al decir del filósofo coreano Byung Chul Han. Es comprensible que busque resolver bajo ese paraguas debates no cerrados en la coalición que ganó el poder en diciembre pasado.

Por ejemplo, arrinconar a los poderes que no controla de manera directa - como el Legislativo y el Judicial – para crear el nuevo estado con el que sueña todo nuevo gobierno. En la justicia ha sido exitoso el avance de posiciones para paralizar el funcionamiento promoviendo decenas de renuncias de magistrados que prefieren mantener condiciones de retiro ya adquiridas y modificadas en la reforma de su régimen previsional.

Ese embate no puede cesar porque los jueces van a contraatacar en cualquier momento contra la política y hay que desarmar su artillería. Antes que nada, prolongando lo que se pueda la feria interminable, que sólo se interrumpe cuando se trata de casos de políticos procesados o detenidos. De eso forma parte el avance sobre la Corte con señalamientos desde la oficina de Cristina a los “cachivaches" por la presunción de que no quieren habilitar leyes aún inexistentes para gravar a los más ricos de la Argentina.

Es más, un empujón para ganar casillas en el damero del poder frente a Olivos, donde Alberto representa una agenda más cautelosa, que por sancionar tal o cual ley fiscal. El resultado es una Corte arrinconada, acosada encima por el resto de la corporación por los dineros que tiene en un fondo anticíclico cuya existencia depende de un DNU que puede firmar Alberto Fernández para derogar lo que creó Néstor Kirchner y no se animó a desbaratar Mauricio Macri.

Ese fondo se alimenta de una parte de los recursos que tiene la justicia detraído del total que administra el Consejo de la Magistratura. Cuando Cristina de Kirchner amenazó con tocarlo, los jueces de la Corte amenazaron con renunciar. Con estos palazos, se puede repetir esa situación, la antesala de un cambio en ese tribunal, algo que han pretendido todos los gobiernos cuando asumen. Hay que leer esas polémicas bajo esta luz y no desde las batallas por el financiamiento de la riqueza y la pobreza de las naciones.

El impuesto a los ricos, maniobra para disputar poder

La incapacidad de usar la herramienta de la movilización le da un amplio radio de acción a quienes necesitan, como Cristina, afirmar situaciones de poder en defensa de su interés personal. Por ejemplo, paralizar la justicia es congelar juicios contra exfuncionarios que tienen que debatirse en juzgados que, por ahora, es mejor que no funcionen. Arrinconó con el bolsillo, más que con corazón, a la corporación judicial con la reforma de las jubilaciones.

Ese cambio ya produjo centenares de vacantes en todos los fueros y jurisdicciones. Un vaciamiento del poder judicial que no se puede remediar con nuevas designaciones, porque por la peste el sistema de concursos no funciona y sólo queda el expediente de los reemplazos. Casi gratis le salió este vaciamiento de la justicia, al que el gobierno arrastró a propios y ajenos.

Ahora sigue la acusación a la Corte de eludir el aval a sesiones del Senado, con orden del día ya cantado: el impuesto a los ricos, como reveló, mostrando el juego Cristina, en su andanada de tuits. Lo que parecía un debate de alto refinamiento judicial se reveló como una chicana política: exhibir a quien esté contra el impuesto a los ricos como el enemigo. Dicho cuando aún no se conoce el proyecto, ni nadie asegura su sanción en un Congreso en donde el peronismo tiene el quórum muy ajustado en Diputados.

En las dos sesiones que hubo desde el 10 de diciembre, el esfuerzo que debió hacer fue carísimo y las sesiones arrancaron con lo justo- la última con el embajador Scioli en la escalerilla. En el Senado, el gobierno depende de la oposición para tener el voto de los 2/3 de los miembros si quiere reformar el reglamento. Esto es lo que esconde la pelea florida de Cristina por blindar la legalidad de una convocatoria del Senado.

Preparativos para una posguerra, tarea de estadistas

La pregunta que suspende cualquier debate es si este tipo de soluciones fiscales que busca imponer el gobierno como expediente de reactivación alcanza para remediar el daño de la peste, que no es sólo de ahora sino del país que viene. Lo más grave, además de las víctimas, son las consecuencias en el futuro, la pobreza, el desempleo y la destrucción de las empresas. Un real panorama de posguerra.

A problemas inéditos, soluciones inéditas, piden algunos, y llaman a una expansión de la economía como la que inducen hoy los países centrales, sin temor a la inflación que los ortodoxos esperan, como consecuencia de un proceso de recapitalización de una economía en destrucción planetaria. Ricardo Arriazu dice que es una implosión inédita en 7.000 años de historia. ¿Se la va a salvar hurgando en las cuentas de los ricos de acá o de allá?

La Argentina ensayó ya tres veces en ese expediente: en 1991 con el impuesto al patrimonio, luego llamado a los bienes personales, que nunca se fue; después con el impuesto a la renta financiera de 2017 - Macri lo hizo - y en 2019 con el impuesto a los bienes personales en el extranjero, después del blanqueo.

La economía criolla se fumó esos intentos, y estamos en las puertas del cuarto en el mismo sentido. Pedir más impuestos a un empresariado que está perdiendo sus empresas es quimérico y huele a pelea política por el control de un gobierno que nació de un pacto político, y que no ha resuelto las contradicciones que explican su debilidad. Como la oposición, tiene un problema de liderazgo. El gobierno está a cargo de un hombre común, profesor de la UBA y que es hincha del "bicho" - como decía su spot de campaña - que llegó al cargo porque el PJ logró unirse neutralizando sus polos de poder; el peronismo de Buenos Aires sindicado en Cristina; y la liga de gobernadores, ninguno de los cuales - ni aún los más poderosos como Juan Schiaretti u Omar Perotti - quiso ser candidato a presidente.

Ahora le toca a Alberto, al hincha del "Bicho" enfrentar una peste universal, un desafío para estadistas – hombres que han construido su propio poder y son dueños del timón. Le piden que se suba al caballo y libere Argentina, Chile y Perú. ¿Con quién? Con el "gordo” Valdés y Gustavo Béliz (murmullos en los palcos). Menos mal que los tiene a Ginés y a Felipe, que han gobernado antes este país.

¿Y si es un pago de impuestos a futuro?

Luciano Laspina, la máxima autoridad en materia financiera que tiene Cambiemos en Diputados –es vicepresidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda- expuso el miércoles ante el bloque de su partido, y propuso diseñar una suerte de diagonal entre el estado de emergencia – pretexto del proyecto Heller - y los artículos 17 y 28 de la Constitución, que hablan de ‘no confiscatoriedad’ y ‘razonabilidad’.

Por ejemplo, considerar el impuesto extraordinario como un pago a cuenta de futuros impuestos, obviamente en moneda constante, aplicable desde 2022. “Existen algunos antecedentes –aclaró- que terminaron mal para los contribuyentes, como casi siempre, por eso es clave diseñarlo atendiendo a las lecciones de la historia. Nos ahorraríamos juicios contra el fisco y mejoraríamos la recaudación”. Se refiere a la ley de “Ahorro forzoso” de 1988, bajo el gobierno de Alfonsín, y a los “bonos patrióticos” de Cavallo en 1995 y 2001. Los argentinos hemos hecho todo.

La encerrona de la agenda sanitaria

Alberto está encerrado en la agenda de la salud y confía en los pronósticos que aseguran que todo empeorará. Se comporta prudente, como un padre responsable, porque sabe que si el mal escala, le reprocharán no habernos preparado para lo peor. Eso lo deja sin resto para otra cosa, y en materia económica es cautivo de los silencios de Martín Guzmán.

En lo demás tiene que ir soltando lastre, y admitir que no era la salud, sino la salud y la economía - como pidió desde el comienzo la oposición, cuando él clamaba “No me corran con la economía…”. Ahora, siguiendo esa agenda opositora, hace malabares para que se habilite el funcionamiento de las instituciones, que el propio oficialismo paralizó en todos los poderes. La agenda sanitaria le funciona bien, quizás porque la Argentina está en una región beneficiada por el clima, y por dos activos que no todos tienen: acá se producen alimentos y hay un sistema de salud universal y eficiente – 24 IOMA´s, obras sociales sindicales, los prepagos, el PAMI, las universidades, la manía hipocondríaca de los argentinos, en un país que publicita medicamentos por TV.

Por esa razón, y la disciplina social que nos evitó las crisis de los países de la región en 2019, hay un bajísimo número de entubados por el coronavirus. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, vocero político de la peste en su país, repite todos los días que los pronósticos más catastróficos nunca se cumplieron. Pero como dice Ginés, esto hay que tramitarlo con el pie más en el freno que en el acelerador.

Un gobernante tiene que prever, como un padre, lo peor, pero quien busque en la "deep web" de quienes siguen la peste por fuera del discurso único, puede imaginar otros escenarios. Por ejemplo, que a medida que se hacen más test, se encuentran menos casos positivos, y eso puede explicar que las camas de terapia ocupadas son algo más de 140, el 6% del total, y suben de a una por día, o que de las camas generales hay solo el 1,5% ocupadas con enfermos del virus.

Estas percepciones, que ponen en duda el discurso único, analizan que el domingo pasado la tendencia proyectaba que aun haciendo sólo 1000 test diarios - contra los más de 2.600 actuales-darían 5.500 casos positivos para este domingo 26 de abril, mientras que sus predicciones son a la baja, 3.435 casos positivos. Es decir, un 38% menos. Si esa proyección alternativa se confirma, la cantidad de víctimas caería a un 45% menos que lo vaticinado. Habrá que esperar porque no son temas para ensayar apuestas.


Ignacio Zuleta

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